Mundo Insólito

Insólito: un pueblo de Nueva Zelanda busca prohibir los gatos

Planea erradicar poco a poco todos los felinos de sus calles con el fin de proteger los animales autóctonos

domingo 2 de septiembre de 2018 - 7:31 am

Las autoridades del pequeño pueblo de Omaui, ubicado en la costa sur de Nueva Zelanda, analizan implementar una medida drástica: prohibir la tenencia de gatos como mascotas.

Según expresan quienes la impulsan, la insólita iniciativa apunta a buscarle solución a un drama para el ecosistema del lugar.

Los ambientalistas acusan a los felinos de ser los responsables de la muerte de miles de millones de aves y pequeños mamíferos, alterando el equilibrio de la fauna autóctona.

Environment Southland es la agencia ambiental del gobierno que recomendó castrar, poner microchip y registrar a cada uno de los gatos domésticos ante las autoridades locales para llevar un control y un censo exhaustivo sobre estas mascotas. Pero si se aprobara la iniciativa, una vez muerto el animal, sus dueños no estarán autorizados a conseguir un nuevo felino de mascota, de la misma forma que alguien que no posee un gato no podrá tenerlo de forma reglamentaria.

Según contempla el plan regional de manejo de plagas que propone el consejo local, quienes no cumplan con la prohibición serán advertidos, y en última instancia las autoridades podrían quitarles la mascota, aunque aclaran que se trataría de un “último recurso absoluto”. A modo de “prueba” que sirva de fundamento a tan inusual propuesta, las autoridades afirman que en el pueblo hay cámaras que muestran los ataques de los gatos a las aves, reptiles e insectos nativos.

Los especialistas no defienden la iniciativa, aunque admiten que dejar vagar a los gatos por las calles es una mala costumbre.

“No dejaríamos hacer eso a los perros, y es tiempo que tratemos a los gatos como tratamos a los perros”, dijo a la BBC Peter Marra, director del Centro de Aves Migratorias del Instituto Smithsoniano.

“Suena extremo, pero la situación está fuera de control”

Muchos científicos conservacionistas han advertido a lo largo de las últimas décadas del impacto negativo de la superpoblación de gatos, algo que, en un ecosistema frágil como el neozelandés, podría ser sumamente nocivo, pese a que de este lado del mundo nos cueste comprenderlo. Atribuyen a las poblaciones crecientes de gatos la extinción de al menos 60 especies.

En Estados Unidos se calcula que hay un gato cada tres familias, lo que hace una población de 86 millones de felinos. Según las estimaciones, la forma de vida silvestre de estos animales causan la extinción de 4.000 millones de aves y 22.000 millones de insectos.

En Nueva Zelanda, el promedio es de un gato cada dos familias. Pero no sólo allí son un tema sensible: algo similar sucede en Australia, donde se financian iniciativas de sacrificio desde hace al menos tres años, culpando a los gatos de la muerte por las noches de miles de pequeños animales.

Reacción de los vecinos

Como era de esperar, los residentes de Omaui aseguraron a los medios que estaban conmocionados por la propuesta y que comenzarán una resistencia.

De la misma forma, grupos de proteccionistas condenaron en las redes sociales la iniciativa y destacaron que los automóviles y los propios humanos causan aún más perjuicio a las especies nativas que los felinos.

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