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¿Cómo es el perfil del ladrón corporativo?

Los casos de fraude corporativo son cada vez más notorios en los medios de comunicación. La empresa Kroll define cómo es y en qué ambiente se desarrolla un defraudador.

miércoles 29 de agosto de 2018 - 10:30 pm

Si bien cuando se habla de corrupción se relaciona directamente con entes estatales, esta práctica es común en las compañías de capitales privados. Kroll Argentina, empresa líder mundial en investigaciones corporativas, mitigación y control de riesgos, da a conocer los perfiles de aquellos que deciden realizar fraudes en las empresas donde trabajan.

Con años de experiencia tanto en investigaciones internacionales como nacionales, la empresa Kroll puede trazar un patrón común en los perfiles de los defraudadores. “Si bien no son todos iguales, hay ciertas características que podemos notar se repiten en cada uno de los casos trabajados y nos permiten hablar de un perfil del ladrón corporativo”, explica Juan Cruz Amirante, Head Office de Kroll Argentina.

Son ochos las características más frecuentes que identifica Kroll:
 No se suelen tomar vacaciones. Prefieren no tomar un receso para no ser
descubiertos cuando no están en la oficina.

 Son empleados de confianza. Generalmente se acercan a los dueños o presidentes
de empresas y ganan su confianza rápidamente.

 Son los últimos que salen de la oficina al terminar la jornada. Es en esos periodos
de tiempo en los que se cometen las arbitrariedades, ya que la oficina se
encuentra vacía o con menor afluencia de público y empleados.

 Mantienen un bajo perfil dentro de la empresa. Con el fin de encubrir sus
actividades, los defraudadores tratan de seguir con su “vida normal” al interior de
las empresas, de tal manera que su conducta no despierte sospechas entre sus
compañeros de trabajo ni superiores.

 Logran despistar por completo. Los defraudadores, en general tienden a tener una
educación por encima de la media, son de trato agradable y representan al
ciudadano común al simular una vida familiar estable.

 Van más adelante que todos. Los defraudadores día a día se están adelantando a
los controles, pues suelen tener un conocimiento muy detallado de la forma en
cómo opera la organización y sus sistemas de información.

 Se manejan como “dueños” del sector donde trabajan. Al tener conocimiento de
todo tipo de controles y la confianza de sus superiores, se manejan dentro de su
sector de forma muy natural y rápida.

 Rechazan injustificadamente ascensos o rotaciones. Generalmente no buscan ser
promovidos ni cambiados de sector.

“Si bien todas estas características son ciertas, no se puede dejar de responsabilizar a las
empresas ya que generalmente para que el defraudador pueda cometer el delito debe haber un ámbito propicio”, agrega Amirante. Las empresas deben ser capaces de controlar tres factores importantes: la oportunidad, la motivación y la justificación. Estos forman parte del “triangulo del fraude”, desarrollado por Donald Cressey.

Para poder tener un monitoreo sobre las tres variables ya mencionadas, son necesarios los controles permanentes, y el castigo legal a quienes lo están cometiendo. “Si las empresas identifican al ladrón corporativo y en lugar de denunciarlo solo lo despiden sin causa y con indemnización, en definitiva, están generando un escenario de fraudes
continuos ya que el resto de sus compañeros se sentirán impunes”, resalta Amirante.

Para Kroll, la intervención de la empresa rápida y determinante disminuye de forma concreta el número de fraudes ya que reduce la sensación de impunidad y aumenta la alerta entre los empleados. La rotación continua del personal, la investigación profunda, la supervisión con ejecutivos ajenos a la organización y los exámenes pre laborales
exhaustivos pueden ser algunas de las medidas tácticas más importantes para aumentar el control dentro de la empresa.

Es necesario destacar que en algunas ocasiones los objetivos financieros pueden tener también una relación directa con el fraude corporativo. Cuando estos, que generalmente se determinan una vez al año, son muy altos, los empleados pueden sentirse muy presionados a lograrlos y en definitiva a llevar a cabo actividades ilegales para alcanzarlos.

“En algunas ocasiones hemos notado que las empresas quieren alcanzar objetivos que ya saben que no van a lograr, pero quieren motivar a sus empleados y finalmente se produce el efecto contrario”, analiza Juan Cruz Amirante.

En lo que respecta a los rangos, no hay aquí patrones comunes ya que puede ocurrir tanto en la cúpula de las empresas como en los niveles más bajos. En este caso, lo que sí se va a modificar es el daño que se le realice a la empresa, ya que a mayor rango del defraudador, mayor es el impacto en la compañía, tanto en lo económico como en lo reputacional.

Las empresas deben estar de este modo atentas no solo a no generar ambientes propicios para el fraude, sino también a identificarlos rápidamente. “Con un castigo legal podemos terminar con el problema de raíz. Lo importante es que la empresa esté dispuesta a invertir dinero y tiempo en los procesos judiciales”, concluye Amirante.

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