Alimentación

Nutrición: seis causas que nos llevan a comer en exceso

Es un problema para seis de cada diez argentinos que tienen sobrepeso, uno de los principales factores de riesgo para las enfermedades crónicas

martes 14 de agosto de 2018 - 5:51 am

En nuestro país seis de cada diez argentinos tienen kilos de más, y hasta el momento no hay señales que indiquen que esto vaya a cambiar.

Este alarmante panorama es uno de los principales desafíos que se nos presenta a los profesionales de la salud del siglo XXI, para ayudar a nuestros pacientes a reducir la carga de enfermedades crónicas relacionadas con el exceso de peso y los malos hábitos alimentarios, como la enfermedad coronaria, la diabetes mellitus, los elevados niveles de grasas en sangre, las artrosis y ciertos tipos de cáncer, entre otras dolencias.

A continuación, los principales motivos que escucho decir a mis pacientes que los llevan a comer de más.

Por habernos acostumbrado a comer así, mucho

El acto de comer en particular tiende a ser un comportamiento más automático que otros, ya que es una necesidad básica para sobrevivir. Una vez aprendido resulta difícil de desarmar, debido a que es un circuito memorizado en el tallo cerebral, que encuentra su asiento neurológico en los ganglios basales, unas estructuras muy antiguas de nuestro cerebro. De este modo funcionan los hábitos, que son aquellas conductas reiteradas y conocidas que se vuelven frecuentes. Una de las pistas para a empezar a considerar es sintonizar más con el cuerpo; muchas personas les resulta extraño reconocer las sensaciones corporales de hambre y saciedad apenas están apareciendo. Es que la mayoría «viven» en su cabeza, atenta a sus preocupaciones, pensamientos, estados de ansiedad, como si el cuerpo solo fuese un vehículo que sostiene al cerebro.

Viviendo de esta forma nos desregulamos. Si pretendemos y tenemos la intención de comer con mas atención deberemos considerar mas las señales de nuestro cuerpo para detectar cuando necesitamos alimentarnos y cuando ya ha sido suficiente.

Por estrés

Desafortunadamente los desórdenes de ansiedad ligados a la comida son cada vez más frecuentes, y el estrés se ha naturalizado como algo normal para muchos de nosotros. Se sabe que ante situaciones estresantes las personas pueden comportarse de manera diferente; algunas refieren que «se les cierra el estómago», con pérdida del apetito, mientras que en muchas otras aumentan las ganas de comer, en especial alimentos con alto contenido de azúcares y grasas.

Esto último sucede cuando el estrés se torna crónico, causando desajustes hormonales con aumento de la secreción de cortisol, lo cual inhibe la producción de leptina ( hormona producida en el tejido adiposo que avisa cuando las reservas de energía están cargadas), y aumenta la liberación de grelina e insulina, lo cual causa un aumento de la sensación de hambre, que lleva finalmente a aumentar la ingesta, e incrementar la formación de tejido adiposo en el organismo.

Por un trauma emocional

Uno de los recursos más utilizados para distraer estados emocionales intensos es la comida, lo que puede derivar en un trastorno de la conducta alimentaria si no es advertido a tiempo. Los eventos traumáticos son aquellos sucesos que tienen el potencial de provocar sufrimientos humano significativo (abuso, violencia doméstica, muerte de un ser querido, etc), que sobrepasan los mecanismos naturales de resolución.

Un trauma, sin importar su origen, puede lastimar de un modo profundo la salud mental y física de la persona. Al estar la comida tan disponible y a la vez no tan mal considerada como otros habituales reguladores del estado de ánimo (alcohol, cigarrillos), la utilizamos muchas veces a pesar de las sabidas consecuencias.

Uno de los desordenes alimentarios más frecuentes es el “trastorno por atracón”, el cual tiene por definición uno o más episodios por semana, que tienen lugar durante los últimos tres meses previos a la consulta, en los que se come fuera de control, en su mayoría alimentos ricos en grasas, harinas y azúcares. Este trastorno se presenta en situaciones de estrés, depresión y frente a grandes cantidades de comida.

Hay estudios que indican que lo padecen el 30% de los pacientes que concurren a las consultas de nutrición buscando bajar de peso. Los actuales abordajes enseñan a los pacientes a regular los estados emocionales tomando acciones más creativas y adecuadas, que no sean solo reaccionar ante las mismas comiendo.

Por placer y acceso a tanta comida tentadora

La industria alimentaria trabaja a todo trapo para despertar nuestros instintos más profundos con todas sus elaboraciones a través de publicidades invasivas, ejerciendo mensajes que no pasan inadvertidos, del estilo «destapá felicidad» o «llená tu vacío existencial», con la foto de una impresionante hamburguesa completa.

Hoy en día son esas sensaciones placenteras que tantas comidas y nuevos diseños de alimentos grelina generan las que hacen que eso que más nos gusta pueda transformarse en un problema.

Según un informe elaborado en conjunto por la OPS y la FAO publicado a principios de 2017, Argentina es el tercer país de América Latina en consumo de alimentos ultraprocesados, como galletitas u otros productos a base de harinas refinadas y grasas, los cuales nos desregulan por no provocarnos saciedad, llevándonos a comer de más. Cada argentino compra por año 185 kilos de este tipo de alimentos poco saludables.

El consumo desmedido de alimentos procesados industrialmente (bebidas azucaradas, comidas rápidas y alimentos ricos en grasas y sal) está reemplazando a las comidas tradicionales caseras más nutritivas. Lo aconsejable sería poder optar por una variedad de comidas caseras, de la mayor calidad que se pueda, abundantes en verduras y frutas, reduciendo el consumo de alimentos ultraprocesados y productos industrializados.

Por comer con otras personas que nos llevan a comer de más

Muchos de nosotros demostramos cariño cocinando: a más cantidad, mayor es la supuesta demostración de amor que hacemos. Sin duda, la comida tiene una representación afectiva evidente, que desde pequeños hemos asociado a la distracción y disfrute. Muchos de nosotros tenemos la tradición familiar de comer “de lo lindo” cuando estamos reunidos en familia, y festejando con amigos. En mi caso la abuela de mi esposa se llama Virginia y está por cumplir 103 años. Ella es hija de italianos y, aún hoy, para las fiestas de fin de año prepara hasta cinco exquisitos platos diferentes.

¿Cómo es que algo tan significativo como la comida de la abuela podría enfermarnos? ¿Y si esta abuela cocinara así todos los días de la semana? Es difícil ir en contra de las tradiciones familiares. El panorama de hacer cambios no es sencillo, pero tampoco imposible.

Porque hacer dieta no sirve

Muchas personas renuevan sus sueños con “la dieta del momento” con real entusiasmo y disciplina, y a los pocos días se dan cuenta que la comida es más fuerte y no pueden parar de comer.

En las últimas décadas estudios especializados han demostrado que los tratamientos para adelgazar centrados exclusivamente en la pérdida de peso no son eficaces para la mayoría de las personas debido a altas tasas de recuperación de peso perdido, con oscilaciones entre descensos y aumentos constantes que se vinculan a su vez con efectos adversos en la salud y el bienestar.

La propuesta de «hacer dieta» ha fracasado porque comer es un comportamiento humano de lo más complejo en el que se deben considerar integralmente todos sus aspectos: desde los sociales y culturales hasta los psicológicos y emocionales.

La actual epidemia de obesidad no esta dando señales de detenerse. Sé que cambiar es un proceso nada fácil, que nos llevará tiempo y esfuerzo. Algo útil que he aprendido es que para poder modificar aquellas conductas que nos perjudican, nuestras expectativas de lo que haremos deberían ser pequeñas y posibles, para que de esta manera la suma de cambios que nos propongamos hacer sean realizables (por ejemplo, “cuando esté ansioso haré respiraciones profundas en lugar de ir a la heladera”; “de colación intentaré comer fruta en lugar de galletitas”, etc). Así, poco a poco y con mucha paciencia, comenzaremos a construir nuevos hábitos para toda la vida.

Fuente: Clarín

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