Críticas

El ruiseñor, el amor y la muerte: El artista lo hizo de nuevo

El Indio Solari vuelve a pisar fuerte en la escena con su quinto disco junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Diferente a la tónica de los anteriores, el músico conmueve con una obra directa y nostálgica

lunes 6 de agosto de 2018 - 1:02 pm

“Cuando ya abandone mi nombre a merced de miserables, Ay! Tal será mi vergüenza que enviaré mi fantasma a librarme de ellos”, rezan las primeras del quinto disco de Indio Solari como solista, o más bien al frente de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. La frase suena a una amenaza para cuando este mundo lo despida y marca el inicio de un trabajo que verá reflejadas distintas sensaciones del artista a lo largo de su vida, y sobre todo su costado nostálgico.

La portada es una fotografía de sus padres y es la primera de una serie de imágenes de personas que lo inspiraron, las cuales se reflejan página a página en el disco con formato a libro habitué. Antonin Artaud, Frank Zappa, John Lennon, Eva Perón, Andrei Tarkovski, Leonard Cohen, Bob Dylan, Richard Wagner, Xul Solar, son algunos de los que aparecen.

A simples rasgos, dicho trabajo se diferencia de los anteriores en distintas cuestiones musicales. Por ejemplo, la primera basta con darse cuenta al llegar la tercera canción: “El callejón de los milagros”. Tras un arranque con “Pinturas de guerra” (cuya apertura es la frase anteriormente escrita) y La Oscuridad bien contundente; el track número 3 evidencia unas guitarras acústicas que no solía haber antes.

El estilo virtuoso y eléctrico de las violas encabezadas por Baltasar Comotto y Gaspar Benegas quedó al margen en varios temas para tomar un rol de acompañamiento, con la presencia de rasguidos “fogoneros”, donde también se ven en “El martillo de las brujas”, “El tío Alberto en el Día de la bicicleta” (dedicada al creador del LSD, Albert Hoffman), “La pequeña mamba” y “La moda no es vanguardia”. Apenas hay algunos punteos pero ya sin la necesidad de exponer el virtuosismo comprobado que tienen.

La aparición de baladas como la pista 4, de nombre homónimo al del disco y el comienzo a puro piano de “Hotel Ostende” son otro de los ejemplos que le faltaban al repertorio fundamentalista. En ambas ocasiones, Solari apeló a una lírica emotiva y romántica donde abusó de su inigualable pluma.

El cambio en la sesión rítmica, parezca o no, fue otro de los tintes novedosos. Martín Carrizo tomó la posta en soledad para hacer sonar las baterías (ya sin la compañía de Hernán Aramberri) y Fernando Nalé estuvo a cargo del bajo; la fórmula que Gustavo Cerati utilizó hace menos de nueve años atrás en Bocanada, se repitió en el proyecto del ex Redonditos de Ricota.

“Panasonic y el mundo a sus pies” junto con “El que la seca la llena”, dan cierre a esta obra con un comienzo de rock que bien podría asemejarse a una impronta ricotera pero con un cierre a toda orquesta bien fundamentalista, con vientos incluidos que llenan el ambiente.

A los 69 años el Indio irrumpe nuevamente en la escena. Luego de que se lo bastardeara después del show en Olavarría y que se dijeran unas cuantas atrocidades en su contra. El artista les respondió de la manera que mejor sabe: con un nuevo disco. Porque después de todo un artista es eso, nunca dejar de hacer arte. Y Solari lo hizo de nuevo.

 

Por: Santiago Caruso (@Santiago_Caruso)

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