AMIA

La desgarradora carta de la madre de la víctima más joven del atentado a la AMIA a 24 años de su muerte

En el mensaje, Rosa, la madre del niño de 5 años, relata cómo fue la última mañana que compartió con Sebastián, que ese mismo día comenzaba las vacaciones de invierno

miércoles 11 de julio de 2018 - 7:07 pm

A una semana de conmemorarse los 24 años del atentado terrorista que destruyó la AMIA, la institución presentó el proyecto audiovisual “Rosa y Sebastián”, un video dedicado a la memoria de Sebastián Barreiros (5 años), la víctima más joven de la masacre del 18 de julio de 1994.

Este es el texto completo escrito por Rosa: 

“Bueno, ese día, lo desperté, lo levanté, le di la leche… Lo cambié, cambié a la hermanita, y salíamos para el lado del Hospital de Clínicas.

Cuando llego a la puerta, llegó mi mamá. Le dejé la nena y digo: Bueno, como era el primer día de vacaciones de invierno, bueno lo llevo, lo llevo a un Mc Donalds, a algún lugar, para que el primer día de vacaciones saliera.

Cuando llegamos a la estación le digo: “Sebi, vamos en colectivo. Llegamos a Chacarita y tomamos el colectivo”.

(Sebastián) “No, yo quiero ir en subte porque a mí me dijeron que los túneles son como los túneles de las Tortugas Ninjas”.

Así que fuimos en subte. Salimos del subte. Pregunté dónde quedaba el Hospital de Clínicas. Me dijeron: “Seguí por Pasteur derecho; te chocás con el Hospital de Clínicas”. Yo era la primera vez que iba, no sabía dónde quedaba.

En el camino íbamos jugando al “veo-veo” y sí recuerdo que (en) un negocio antes de AMIA, vendían ropa, y me paré a mirar algo que me había gustado. Miro hacia la calle, vi parado un patrullero vacío, solo. Lo agarro de la mano a Sebi, y empezamos a caminar hacia el Hospital de Clínicas.

No sé la cantidad de pasos, porque fueron pasos los que hice, y de pronto un ruido muy fuerte, un viento muy, muy fuerte nos levantó, y me arrancó al nene de las manos.

Cuando el viento me suelta, empecé a buscar a mi hijo porque no estaba al lado mío; no sabía para dónde había ido a parar. Me levanté, me acuerdo que estaba descalza, me acuerdo que pisaba cosas que me pinchaban, y yo no sabía qué era, tampoco me importaba, y cuando lo vi al nene lo quise levantar, y no lo podría levantar.

No podía levantarlo y empecé a gritar, empecé a gritar, empecé a gritar… Un hombre, un muchacho, entró a la cuadra y agarró al nene, y se lo llevó al hospital. Esa fue la última vez que vi a Sebastián.

Cada 18 de julio es otra bomba porque siguen pasando los años, y yo sigo igual que en el ’94”.

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