Opinión

Cuando la improvisación choca con el trabajo (y el talento)

Rusia 2018 dejará en instancias de semifinales a todas selecciones del viejo continente. ¿Casualidad o causalidad?

sábado 7 de julio de 2018 - 11:22 am

Francia - Bélgica y Suecia/Inglaterra - Rusia/Croacia son las selecciones con vida en la 21° edición de la Copa del Mundo.

En el camino, quedaron Argentina, Brasil, Uruguay, Colombia, México y Perú.

Los equipos europeos parecen todos, a excepción de Uruguay y Colombia, diferenciarse de los americanos en sus proyectos a largo plazo. A la vista de los resultados, eso parece estar dando sus frutos.

Bélgica y su generación dorada que ya en 2014 había insinuado estar a la altura de la competencia; Francia y un equipo joven en exceso, pero con un entrenador que lleva 6 años en el cargo, y que tomó decisiones sin dudas trascendentes para el grupo (por ejemplo, dejar afuera a Benzema).

Por su parte, Croacia apuntala un grupo de futbolistas que marcaron tendencia en el mediocampo de la elite mundial durante las últimas temporadas; Inglaterra, en tanto, apostó también a la renovación y la jugada está saliendo aún mejor de lo esperado. En buena medida, eso puede responderse en su figura y capitán, Harry Kane, que con seis goles es el máximo artillero del Mundial.

Finalmente, Suecia confió en un plantel con manifiestas limitaciones técnicas, aunque logró conformar un equipo serio, algo que sólo es posible con un trabajo sesudo y a conciencia. El caso de Rusia, por último, parece corresponderse más a la localía que a los procesos, no obstante hay una preparación desde por lo menos 2012 (cuando se conoció que sería sede) pero que no siempre había mostrado sus frutos.

Las selecciones latinoamericanas vendrían a ser algo así como el espejo contrario a las recién mencionadas. Aunque Brasil asomaba como uno de los principales candidatos, Tite no llevaba ni siquiera 30 partidos al mando del equipo, y había encarado una reconstrucción casi total. Las decisiones del entrenador que asumió tras la Copa América 2016 fueron fundamentales para el crecimiento del equipo, pero en buena medida el equipo respondió también por su propio desequilibrio individual.

México, en tanto, viene en danza con sus técnicos desde hace un tiempo, y con un ciclo con vaivenes como fue el de Osorio. Sin embargo, eso parece haber sido suficiente para alcanzar los octavos de final. El caso de Perú es distinto: la clasificación al Mundial era un logro en sí mismo tras 38 años sin participar de la máxima cita deportiva. Argentina no merece más que unas breves palabras: el descalabro institucional más grande del que su rica historia tenga memoria. El punto de llegada en Rusia responde ni más ni menos que a la lógica.

Exceptuando Colombia y Uruguay, que hicieron un culto de la identidad y el respeto a los contratos en los últimos tiempos, todas los demás equipos llegaron a Rusia, más menos, con serias dificultades en más de un aspecto, y chocaron contra la pared que representaron rivales preparados, sin las urgencias tan clásicas de nuestro continente, y con futbolistas dotados técnicamente, algo que no florecía hace un tiempo en el viejo continente. A veces, sólo con el talento no alcanza. Esa quizás sea una de las grandes lecciones de esta copa del mundo.

Por Santiago Sourigues, enviado especial desde Rusia (@santisouri en IG y TW)

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