Sociedad

¿Por qué elegimos creer en las mentiras?

Nos guste o no, mentir forma parte de la condición humana y todos en algún momento lo hemos hecho con diferentes fines

jueves 21 de junio de 2018 - 1:48 pm

Las mentiras pueden creerse de forma voluntaria o involuntaria. Poco hay que achacarle al receptor del engaño si delante tienen a un mentiroso profesional, aunque sí que son en parte responsables aquellos que prefieren confiar en una información errónea antes de cuestionarla

Creer en una mentira es querer evitar un desengaño y seguir siendo felices; es proteger todo aquello en lo que creíamos hasta ahora para que la realidad no nos descoloque; es seguir viviendo en la comodidad y crearse excusas; es fiarse del otro a ciegas hasta tal punto de pensar en que es imposible que la persona deshonesta, que crees honesta, te engañe.

También existen las mentiras de personas con autoridad, como los políticos o los periodistas. La posición de prestigio y crédito que han conseguido con los años es capaz de convencer a la población de que ellos están siempre en posesión de la verdad. Es más fácil creer en las falsedades de un político al que has votado que admitir que te ha engañado, del mismo modo que es más cómodo pensar en que todo lo que publica tu diario de confianza es palabra de Dios.

Curiosamente, el mundo de la política y la prensa se han unido más si cabe con la aparición del reciente concepto de las fake news, una acusación de mala praxis que el presidente de los Estados Unidos Donald Trump lanza a menudo a los medios de comunicación que intentan contradecir las acciones que hace su gabinete.

Las noticias falsas, además, se propagan todavía más con Internet y las redes sociales. Solo basta con que alguien afirme un hecho incierto en una plataforma digital para que se difunda en otras y empiece a creerse como verdadero. Los llamados trolls son unos expertos en esta técnica de manipulación, que ha llegado incluso a anunciar malintencionadamente la falsa muerte de un personaje famoso y conseguir que esta información llegue a los titulares de todos los medios digitales.

Asimismo, el autoengaño es más habitual de lo que nos gusta reconocer. A menudo se hace de forma inconsciente, como cuando nos intentamos auto convencer de que una situación complicada se arreglará aunque la racionalidad apuntaría a otra dirección bien distinta. También nos mentimos al ponernos objetivos inalcanzables o cuando dejamos algo para el día siguiente. Esto nos hace sentir mejor con nosotros mismos aunque en el fondo sepamos que mañana vamos a decir lo mismo.

Nos guste o no, mentir forma parte de la condición humana. Hay quienes mienten más y mejor y hay otros que eligen creerse los cuentos chinos de amigos, conocidos y autoridades porque la verdad es mucho más difícil de digerir.

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