Cotización del Dólar

Economía que viene, ¿dólar más alto y tasas más bajas?

El derrumbe de Wall Street y la suba de tasas en EE.UU. abren un nuevo panorama financiero que afecta a toda la región

domingo 11 de febrero de 2018 - 10:18 am

Para algunos, es sólo la respuesta a un tembladeral de los mercados; para muchos, se trata de un categórico rebalanceo de variables que nació hace dos semanas en Estados Unidos y no termina de impactar en todo el mundo.

Una secuencia posible nace de que la economía estadounidense crece con fuerza (según el FMI: 2,7% este año y 2,5% el que viene), que eso está impulsando al empleo y a los salarios a la suba y que la inflación volverá a amenazar después de haber subido sólo 2,1% en 2017.

La amenaza de la inflación fue el argumento ideal para justificar la suba de la tasa de los bonos del Tesoro de 10 años, que pasaron de 2,40% a superar 2,85% anual, y ese resultado, a su vez, para derrumbar a Wall Street, que daba ganancias del orden del 30% en el último año.

El derrame de caídas sobre los mercados del mundo fue veloz, los emergentes no se salvaron y la Argentina estuvo dentro del pelotón pero con movimientos un poco más bruscos en lo que hizo a la baja de las acciones (la Bolsa cayó 11% en 5 ruedas) y a la suba del dólar, que trepó 5% en la semana.

Cuando el viernes el dólar mayorista tocaba $20,12 ya registraba una suba de 5% en una semana y aumentaba la intensidad de la luz amarilla del mercado cambiario.

Dólar mayorista por encima de los $20 implicó empezar a dejar atrás la idea del atraso cambiario y amplió la incertidumbre sobre cuál es el nivel de dólar al que aspira el Gobierno, que siguió dando señales de su deseo de que las tasas de interés sigan bajando más allá del resultado que tenga en el tipo de cambio.

La señal la emitió con claridad del Banco Central, que durante el miércoles y el jueves vendió Lebac en el mercado secundario con una tasa de 26,75% anual, medio punto por debajo de la que había fijado en la última licitación de esas letras.

Esa baja de la tasa de las Lebac fue considerada un anticipo de lo que vendrá pasado mañana y, en parte, habría contribuido a que el Ministerio de Finanzas a cargo de Luis Caputo consiguiese $70.000 millones en la licitación de letras de la semana.

La mayoría de los fondos captados por Caputo fueron ofertas de compañías de seguros que ahora no pueden invertir en Lebac y el Gobierno difundió el mensaje que con estos US$3.500 millones adicionales ya tendría cubiertas el 40% de las necesidades financieras del año. Los US$9.000 millones anteriores los habían tomado del exterior en la primera semana de enero.

El Gobierno gana tranquilidad al tener la caja más llena pero la está perdiendo por el lado inflacionario ya que, en febrero, además de la suba del transporte y los coletazos de los aumentos de luz y gas, hay que adicionar el impacto de la suba de los combustibles y ahora el posible derrame de la suba del dólar sobre los precios.

El viernes, Marcelo Bonelli contaba que el presidente Macri le pregunto al ministro de Hacienda hasta cuándo seguiría en alza la inflación y que Nicolás Dujovne le aseguró que hasta marzo pero que después comenzaría el descenso.

El Gobierno movió el tablero el 28 de diciembre, cuando reconoció que la inflación sería más alta este año (subió la meta de 10% a 15%) y abrió el camino a la baja de la tasa y la suba del dólar. Nada lo puede sorprender.

Abandonó así la lógica anterior que indicaba que bajar la inflación era el camino previo y necesario para reactivar la economía y abrazó una nueva idea basada en la necesidad de bajar las tasas y devaluar para favorecer la expansión del crédito y evitar los daños del atraso cambiario sobre las industrias, las economías regionales y que se repita el agujero de US$10.000 millones que dejó el gasto en pasajes y turismo en el exterior el año pasado.

Hasta ahí nada resultaba sorpresivo, pero el derrumbe de los mercados y la suba de la tasa afuera aumenta el riesgo, vía la trepada del dólar, de poner en duda la meta inflacionaria del 15% para este año, cuando comienzan las negociaciones paritarias y la política aún no está clara. ¿Habrá cláusula gatillo? ¿Será para algunos sindicatos sí y para otros no? La idea oficial original de desenganchar los aumentos salariales y de la inflación parece haber naufragado antes de zarpar y la ausencia de una regla única parece ser la regla elegida.

Sin embargo, curiosamente, el aire que se respira en la Casa Rosa es de optimismo. Creen que la pelea con Moyano es una de las que deben dar, que tanto la suba de las tarifas como la devaluación del peso eran necesarias y que Caputo hizo un buen trabajo al adelantarse en llenar la caja para enfrentar las sorpresas que puedan venir en materia financiera.

El temblor de los mercados exige estar alerta y esperar al martes para ver si el Central sigue apostando a una baja de tasas a pesar de que la inflación de febrero pueda resultar de 2,5% o algo más.

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