Policiales

Dos hermanos mataron a golpes a una jubilada de 88 años para robarle

Se metieron en su casa de Burzaco, le pegaron a su marido de 92 y la cubrieron con una almohada para tapar sus gritos

miércoles 27 de diciembre de 2017 - 9:25 am

El domingo, minutos después de las 7, Horacia Carmen García (88) salió de su casa en Burzaco y caminó las tres cuadras de siempre hasta la Parroquia San Cayetano. Se encontró a las 7.30 con una amiga en la puerta de la Iglesia y entraron para rezar el rosario hasta las 8, cuando arrancó la misa previa a Navidad. Antes de irse, la jubilada saludó con mucho cariño a sus amigas, sin saber que esa despedida sería la última: cuando llegó a su casa la mataron para robarle.

El crimen se inscribe dentro de una seguidilla de seis asesinatos en robos registrados en apenas cuatro días, en el fin de semana de Navidad. Fue el segundo que tuvo a una jubilada como víctima.

A Horacia la atacaron el domingo, entre las 9 y las 12, en Guido Spano al 1100, en Burzaco (Almirante Brown). La que se encontró con la desoladora escena fue Pilar (63), una de las hijas de la mujer y de José (92), ambos españoles. Cuando entró a la casa vio el interior revuelto, a su padre atado y golpeado y, al subir, se encontró con lo peor: su madre estaba muerta sobre una cama con una almohada ensangrentada al lado de la cabeza.

Pilar llamó al 911. Una ambulancia trasladó a José al hospital y médicos forenses realizaron las primeras pericias sobre el cuerpo de Horacia y determinaron que los atacantes le habían puesto la almohada sobre la cara a la jubilada para ahogar sus gritos y la habían golpeado hasta matarla. Tenía el tabique fracturado.

Por el ataque, los investigadores detuvieron a dos sospechosos que viven en una propiedad lindera a la escena del crimen. Se trata de dos hermanos de 20 y 27 años, identificados como Ezequiel Andrés y Sergio Rivarola. Uno de ellos había salido de la cárcel hace un mes.

Los ladrones revolvieron el primer piso de la casa, especialmente la habitación de Pilar, de la que se llevaron una tele, una tablet y un celular. Según pudieron reconstruir los investigadores, habrían ingresado por una medianera baja de la casa de al lado, que da al fondo de la casa de Horacia. Esa propiedad, ubicada en Humberto Primo al 1200, estaba vacía desde que murió, días atrás, una vecina.

El caso comenzó a cerrarse sobre los dos hermanos cuando la Policía fue a interrogar a la mujer que cuidaba a la vecina fallecida y ésta se negó a dejar pasar a los agentes. Por eso, la fiscal Laura Alfaro ordenó un allanamiento de urgencia.

Al entrar a esa descubrieron que allí también estaba todo revuelto y faltaban algunas cosas, entre ellas un arma calibre 6.35 y su cargador. Además, en el patio de atrás, estaba el televisor que habían robado en lo de Horacia, envuelto en una frazada.

Con el dato de que el menor de los Rivarola había recuperado su libertad hacía un mes, ese mismo domingo la fiscal Alfaro ordenó allanar la casa de la cuidadora, ubicada a una cuadra, y allí se encontraron con el mayor de los hermanos; lo detuvieron. Tenía la pistola robada y, además, cinco plantas de marihuana, por lo que también quedó imputado por tenencia de drogas. Ahora se investiga qué vinculo tenía con la mujer.

A cinco cuadras de ese lugar, en Joaquín V. González al 1400, la Policía dio con el otro sospechoso, que reconoció ante la Policía haber sido el autor del hecho y dijo que su hermano es inocente.

En tanto, en Almirante Brown al 900 la Policía encontró el iPad, el celular y dos reproductores de música que habían sido robados de la casa de Horacia. Los dos detenidos quedaron imputados por “homicidio criminis causa en concurso con robo agravado por escalamiento y efracción” y se negaron a declarar ante la fiscal.

El asesinato de Horacia causó una gran conmoción en el barrio, dado que la mujer vivió toda su vida allí. “Era una excelente vecina”, dijo a Clarín Ana María, una de las últimas que la vio en la puerta de la parroquia San Cayetano. “ ‘¡Nena! ¡No viniste a la misa de 8!’, me retó. Me dio un abrazo, un beso y se fue”, contó la mujer. “Horacia, como su marido, era una persona muy agradable”, agregó. “Ella tenía un carácter fuerte y era muy activa. Cortaba el pasto de su casa, hace unos días pintó la reja y hacía muchas donaciones”, concluyó.

Cecilia, otra de sus amigas, recordó que desde que José empezó a tener problemas de salud –sufrió un ACV– Horacia era la que hacía los asados en su casa y que lo iba a hacer para Navidad. La mujer dijo también que ese día su amiga la despidió de una manera muy particular. “Me dio muchos besos en la mejilla y yo dije: ‘¡Ay, Horacia! ¿Qué le pasará?’”, contó, al borde del llanto. “Nunca ha faltado a la iglesia, ni días de lluvia ni de frío”, agregó, destrozada.

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