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Política General

Macri-Carrió: una sociedad exitosa con amenazas que aparecen

El Presidente pide cuidarla, pero ella ya dio muestras de que irá por más; las charlas en Olivos y las visitas a su casa

“De pronto yo estaba ahí, en el cuarto de Carrió, rodeado de vírgenes. Me pregunté si también iba a tener que rezar”.

El que habla es uno de los funcionarios que logró ingresar en el mundo Carrió en Exaltación de la Cruz, la casa y el búnker de la diputada, un refugio ubicado a 85 kilómetros del Obelisco en el que convive rodeada de asistentes y custodios, y al que de tanto en tanto llega la cúpula del macrismo para hacerle sentir que ella es protagonista estelar en la historia de Cambiemos.

El hombre que recorría la casa -ambientada con cuadros, libros, figuras religiosas, un gran vestidor con lugar para sombreros y carteras y un living con vista a un paisaje verde donde se sirve café y té a toda hora- lleva los años suficientes en el PRO como para entender la lógica interna. “Vos sos uno de los que la tiene que cuidar”, le habían encargado. A eso se dedicó, en buena medida, en los últimos meses. Mimarla y contenerla era parte de su agenda. De Mauricio Macri para abajo todos buscaron proteger a la aliada más rebelde para que la aventura de llevarla al tope de la boleta en la Ciudad no fuera fallida ni se apartara de la estrategia oficial. Pero la campaña terminó y la líder de la Coalición Cívica se apropió de una formidable cosecha de votos. Ahora empieza el verdadero desafío. Carrió siempre va por más.

Cómo atemperar sus impulsos forma parte de las deliberaciones en el poder. “Riesgos siempre hay. Convivimos con eso desde el día uno”, admite una alta fuente del Gobierno. Su lengua ácida ya causó efectos en actores importantes del macrismo. Pueden dar fe los intendentes Jorge Macri y Néstor Grindetti; el jefe de la AFI, Gustavo Arribas; el presidente de Boca, Daniel Angelici; o el ministro vidalista Cristian Ritondo. Ni hablar sus enemigos externos. Apenas unos días después de ganar la elección, Carrió volvió a embestir públicamente contra Ricardo Lorenzetti.

Juran en el entorno presidencial que Macri no la llamó, aunque las críticas al presidente de la Corte -que mañana estará entre los invitados a la presentación del plan de reformas en el Centro Cultural Kirchner- es un tema que lo inquieta. Macri es, siempre, la última carta cuando hay ruido en la línea. O, a veces, incluso puede ser la primera: si el jefe de Estado está por dar un paso que sabe que a ella le puede molestar la llama y la consulta o al menos la pone en aviso. Son cuidados que no tomó Fernando de la Rúa, suelen rememorar los colaboradores de Lilita.

El idilio entre ellos se fue afianzando con el tiempo. El Presidente tuvo un gesto al poco tiempo de asumir que su aliada valora: la invitó a recorrer la Quinta de Olivos. De la Rúa no lo había hecho. Tampoco Raúl Alfonsín, a quien ella conoció de chica en su casa de Chaco. “Esto parece un ejército fascista”, fue una de las primeras impresiones de Carrió en la residencia. “Es un lugar raro… hay un montón de casitas”, decía Macri en sus primeras semanas en Olivos.

La segunda vez que asistió a Olivos ya era otra cosa y lo hizo notar. “Ahora hay flores, hay espíritu de mujer. Antes era de una oscuridad total, pensé que había fantasmas. Parecía mentira que gobernara una mujer”. Aquella vez, Juliana Awada le mostró el invernadero y su huerta, en la que hay desde alcauciles y frutillas hasta gallinas y distintos tipos de lechugas. “Acá plantamos con Antonia”, le comentó la primera dama. Lilita considera que Juliana es un baluarte para la salud mental del Presidente. Ha dicho que ella conoce lo que significa la soledad del poder y que Macri no la sufre porque cuando vuelve a su casa es feliz.

Macri y Carrió han mantenido varias charlas a solas en casi dos años de gobierno, de a ratos con tono muy duro. “Yo nunca acepté jefes y vos encima sos ingeniero”, le dice ella con frecuencia. A él le gusta no notar que haya diferencias con lo que dice en TV. La considera la contracara del círculo rojo. Carrió ignora el off the record: sin cámaras es igual de incisiva, de verborrágica, de llevar las cosas hacia el paroxismo.

Las ocurrencias de Carrió fueron una marca en la campaña porteña. En una charla con vecinos a Horacio Rodríguez Larreta lo presentó como “Mister simpatía” y al primer candidato a legislador, Andy Freire, le puso “Mister caderas”. A Diego Santilli lo llama “Bebé”. También logró empatía con Santiago Nieto, el ecuatoriano socio de Jaime Durán Barba. A ambos les gusta hablar de literatura.

Rodríguez Larreta, el autor intelectual de su postulación para bloquear a Martín Lousteau, cuenta que se divirtió mucho en las caminatas con su socia. El jefe de Gobierno fue uno de los que hizo un trabajo de hormiga previo a la campaña. Y otro de los que visitó Exaltación de la Cruz: solo, con su pareja, Bárbara Diez, y también con María Eugenia Vidal. La gobernadora fue la única que se animó a ir en helicóptero. Los demás (incluidos ministros) tuvieron temor a su reacción. No es fácil que un funcionario viaje una hora y media en auto. “Pero peor es que te denuncie Lilita por usar el helicóptero”, bromean. Un funcionario porteño suele describir el periplo a su casa como la excursión a los indios ranqueles.

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