Caso Maldonado

Caso Maldonado: el Gobierno maneja dos hipótesis

Para los funcionarios que siguen el caso las sospechas sobre el gendarme Echazú no son consistentes. Pedirán un nuevo rastrillaje

lunes 2 de octubre de 2017 - 5:21 am

El Gobierno parece decidido a cerrar filas alrededor del subalférez Emanuel Echazú. Se trata del gendarme que recibió una serie de heridas en el rostro durante el operativo de seguridad del 1 de agosto en Cushamen y a quien desde el primer momento apuntó el juez Federal anterior de la causa, Guido Otranto, como el primer sospechoso de haber tenido algo que ver con la desaparición de Santiago Maldonado.

En consonancia con esto, funcionarios del Gobierno descartan la desaparición forzada y subrayan que para ellos solo quedan dos hipótesis fuertes y razonables sobre la mesa: o Maldonado se ahogó aquel mediodía y su cuerpo todavía no fue encontrado o nunca estuvo.

“Ya pedimos volver a hacer rastrillajes”, adelantaron.

Altas fuentes del Gobierno indicaron que la vida y la conducta de Echazú fueron revisadas minuciosamente y que no encontraron nada sospechoso.

“Está limpio. Lo decimos en el sentido de que algo hubiera saltado. Algo hubieran hablado. Son 70 teléfonos”, explicaron en referencia a que se analizaron los mensajes hechos desde sus celulares por los gendarmes que participaron del operativo.

Aunque de esas comunicaciones sí surgieron algunos elementos, sin corroborar, que hacen sospechar del rol de algunos efectivos.

“Si uno se fija con atención, Echazú vuelve solo del río al trote”, agregaron. La aclaración no es accesoria. Matías Santana, miembro del la comunidad Resistencia Cushamen, el grupo que tomó esta área de Cushamen y la denominó Pu Lof en abril del 2015, le indicó a la Justicia Federal que tres gendarmes golpearon a Maldonado y después lo introdujeron en un camión Unimog.

Según detalla el diario Clarín, a su regreso, captado por las cámaras de Gendarmería Nacional, alrededor de las 11.40, deberían mostrar a los otros dos “cómplices”.

Sin embargo, Echazu regresa sin compañía y con una escopeta antimotín en la mano. Tiene heridas en el lado derecho del rostro, que el subalférez adjudicó a un piedrazo recibido minutos antes de iniciarse el operativo al interior de Cushamen.

El subalférez pertenece al grupo de al menos cuatro agentes que permanecieron a orillas del río unos 20 minutos, antes de que llegara Juan Pablo Escola, comandante segundo del Escuadrón 36 de Esquel, para de inmediato ordenar volver a la zona de la casilla ubicada a unos 300 metros.

Para el Gobierno solo quedan dos teorías consistentes. Una indica que el tatuador se ahogó en el río Chubut y que, tomando en cuenta las especiales condiciones del caudal (tupido, con raíces en el agua, fuerte corriente), es factible que no haya sido encontrado por los buzos de Prefectura Naval. La otra es que nunca estuvo allí.

El sustento de esta segunda hipótesis se basa en que los testimonios de quienes dicen haber estado en Pu Lof entre el 31 de julio y el 1 de agosto, no son claros, carecen de detalles y algunos son flojos.

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