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Salud

¿Cuánta agua necesita el cuerpo durante el ejercicio?

¿Cuál es su efecto durante la actividad física y cómo debemos hidratarnos?

Beber suficiente agua es clave para la buena salud y el funcionamiento de nuestro organismo. Alrededor del 70% de nuestro cuerpo está hecho de agua y necesitamos alrededor de 2 o 3 litros al día para transportar nutrientes, para la digestión y para eliminar las toxinas. También para ayudar a la función cerebral.

Podemos obtener agua no solo de las bebidas que ingerimos sino también de los alimentos, que suministran alrededor del 20 % de nuestra agua).

Si bien muchos expertos aconsejan anticiparse a la sensación de sed, ésta es un gran indicador para impulsarnos a tomar agua.

El efecto del agua en el ejercicio

Durante el entrenamiento, es probable que perdamos agua a través de la respiración y el sudor, lo que conduce a la deshidratación. Esto impide obtener un buen entrenamiento, te sentirás mareado, los músculos no funcionarán tan bien y podrás experimentar calambres.

El agua ayuda al cuerpo a funcionar de manera más eficiente, y es una parte vital de muchas reacciones químicas en el cuerpo. Si esas reacciones se enlentecen, los tejidos tardan en cicatrizar y la recuperación muscular es más lenta.

Si bien los especialistas recomiendan consumir suficiente agua, sobre todo para recuperar lo perdido durante el ejercicio, beber demasiado es algo que suele suceder y que puede tener consecuencias.

Cuando tomamos mucho líquido mientras nos ejercitamos, el cuerpo no puede deshacerse del exceso mediante la sudoración. La intoxicación por agua, también conocida como hiponatremia, puede causar dolores de cabeza, confusión, vómitos y hasta convulsiones. En casos extremos, también puede conducir a la muerte.

En el pasado, esta condición estaba relacionada principalmente con los corredores de maratón más lentos, aunque también comenzó a darse en actividades como caminatas y yoga.

Los expertos recomiendan controlar la hidratación mirando el color de la orina. Cuánto más oscuro sea, más deshidratado estarás. Aunque algunos alimentos y vitaminas pueden alterar el color de la orina.

Las bebidas deportivas son muy promocionadas para una buena hidratación durante el deporte, pero hay poco evidencia de que sean más beneficios que el agua regular.

¿Cuándo nos hidratamos?

Para los expertos, es importante escuchar al cuerpo, y en caso de sed, tomar un poco de agua. Durante un ejercicio de 30 minutos, no es necesario ingerir agua durante el ejercicio, lo mejor es consumirla luego.

En ejercicios de más de 30 y hasta 60 minutos, lo mejor es hidratar después del entrenamiento. Mientras que en ejercicio de 1 a 3 horas, se recomienda beber con regularidad, cada 15 minutos durante la sesión y beber también luego del entrenamiento.

Un atleta bien hidratado se siente más fuerte y trabaja más eficazmente. Es importante cuidar la falta de agua y el exceso de ella, y escuchar al cuerpo para hidratarlo cuando lo necesita.

Fuente: Vix

Salud

Viruela del mono: qué es y cuáles son los síntomas

Todo lo que se sabe sobre los nuevos casos de esta rara enfermedad

La viruela del mono se trata de un virus que pertenece a la gran familia de poxvirus, de la que forma parte la viruela humana (aunque es menos grave, transmisible y mortal y la cual se erradicó con la vacuna en los años 80).

Este patógeno endémico de África es zoonótico, es decir, que compartimos los humanos con otros animales vertebrados. Puede transmitirse de monos a humanos por contacto estrecho. Una vez que el virus ha saltado a nosotros, nos podemos infectar a través de fluidos corporales, como ha sucedido en los brotes que se están dando en Europa. En concreto, se ha manifestado en hombres homosexuales, aunque esto no significa que no se pueda transmitir entre hombres y mujeres, además de por contacto directo con animales exóticos.

Asimismo, la infección se puede producir mediante el contacto con la piel de una persona que presenta una erupción cutánea como consecuencia de la enfermedad. Las gotículas respiratorias también pueden ser responsables de un contagio si se convive de manera muy estrecha con una persona infectada. Eso sí, a diferencia de la Covid-19, en este caso no se hablaría de transmisión respiratoria.

El coronavirus se contagia fácilmente por el aire y este virus es más por contacto, por lo que es mucho más complicado de transmitir. Además, es un patógeno de ADN, es decir, que no va a mutar tanto como el Covid-19.

Los principales síntomas de la viruela del mono son:

– Erupciones cutáneas bastante llamativas y con cierto contenido de pus. La peculiaridad de este virus es que dura un tiempo. Se puede estar hasta dos semanas con la aparición y desaparición de las vesículas. Algunas se resuelven y otras aparecen hasta que, finalmente, cicatrizan todas por completo. La erupción a menudo comienza en la cara y luego se extiende a otras partes del cuerpo. Va pasando por diferentes etapas antes de formar una costra.

– Inflamación de los ganglios. En este sentido, este signo diferencia a este patógeno de la viruela humana.

Entre otras manifestaciones más generales de la enfermedad y que suelen darse antes de la erupción cutánea, se incluyen:

– Fiebre.

– Dolores musculares.

– Cansancio.

El tiempo de incubación dependerá de la persona infectada, de la dosis recibida y de su sistema inmunológico. Teniendo en cuenta estas variables, el periodo de incubación generalmente dura entre una y dos semanas, aunque está establecido que puede variar entre los 5 y los 21 días.

A pesar de que con el aumento de casos puede aparecer sintomatología desconocida, el pronóstico suele ser bueno y, después de esas dos semanas de enfermedad, la respuesta inmunológica suele ser efectiva.

Además, seguramente, las personas afectadas sean menores de 50 años, pues aquellos que superan esta edad están protegidos con la vacuna de la viruela que, en teoría, protege muy bien de este virus.

Estos pequeños brotes que se han dado primero en Reino Unido, Portugal y ahora España, generan una preocupación “bien entendida”, en el sentido de que es normal estar en alerta ante la aparición de un patógeno del que todavía no se conoce el impacto que pueda tener en el entorno ni cómo se va a comportar.

De momento, la preocupación no va más allá de la vigilancia epidemiológica de los organismos oficiales. Actualmente no hay tratamiento para combatirla, solo paliativo. Hay algunos antivirales específicos, pero dado que es una enfermedad excepcional en el humano no hay estudios bien desarrollados o con un número suficiente de pacientes para determinar el tratamiento.

Fuente: Cuidate Plus

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Salud

Cómo gestionar las peleas entre hermanos

Consejos para usar los conflictos y problemas como oportunidades de aprendizaje

Es algo habitual que los hermanos discutan por cuestiones simples. Al principio, los conflictos pueden ser leves y menos frecuentes, porque son más pequeños. Con el paso del tiempo suelen intensificarse y ser más fuertes, sobre todo a partir de los 5 años.

En muchas ocasiones el motivo principal de la pelea son los celos entre ellos. También a menudo surge debido a la competitividad, cuando quieren llamar la atención de los padres, o simplemente, porque aún son pequeños y carecen de las habilidades necesarias para resolver los problemas de la convivencia sin usar la violencia física o verbal.

Las peleas son normales y en el fondo son un ejercicio de aprendizaje. Ambos deben aprender a gestionar ese conflicto. Además, son momentos ideales para aprender a regular sus emociones, ponerse en el lugar del otro (empatía), pedir perdón y recordar que toda conducta tiene sus consecuencias.

Si las gestionamos adecuadamente se convertirán en una oportunidad de aprendizaje. A continuación, algunas ideas:

1. Esperá antes de intervenir

Es preferible que seas paciente y que no intervengas enseguida que veas el conflicto. Dales un poco de tiempo y la oportunidad de gestionar ellos mismos el conflicto, de negociar y resolverlo. Las peleas son el momento idóneo para entrenar su capacidad de resolución de conflictos y sus habilidades sociales. A veces resulta realmente difícil no inmiscuirnos, pero imaginate que vos estás discutiendo con alguien y una tercera persona interviene: ¿Qué emociones te provocaría? ¿Crees que mejoraría o empeoraría la situación?

2. Si se pegan o se insultan, debés intervenir

Si ves que no se respetan las normas mínimas de convivencia y se agreden de forma verbal o física, es momento de intervenir. Mantené la calma y actuá de manera segura y tranquila. De esta manera, ellos percibirán un modelo de actuación diferente, sin gritos ni agresividad, y poco a poco aprenderán a resolver sus conflictos de manera más asertiva.

Tu intervención debe tener el objetivo de frenarlos o separarlos y recordarles la norma de no pegarse ni insultarse. Podés ordenarles que vayan cada uno a zonas distintas de la casa, alejadas una de la otra, por ejemplo. La distancia física le permite sosegarse y salir un momento de la situación. Sin embargo, a otros les enardece aún más. No hay recetas exactas y vos sos quien mejor conoce a tus hijos. Podés probar distintas soluciones y ver cuál te funciona mejor. A menudo ocurre que al poco tiempo de estar separados ya se han calmado e incluso olvidado del conflicto y están deseando volver a jugar juntos.

3. Es mejor prevenir que intervenir

Intentá enseñarles a expresar sus emociones de manera asertiva, sin molestar al otro, y a crear situaciones agradables donde compartir y unir sus fuerzas con un objetivo común. De este modo les estarás ayudando a desarrollar un vínculo fuerte entre ellos y a prevenir que se peleen con tanta frecuencia.

En este caso hablamos de valores: si en casa fomentamos el diálogo, el respeto, la colaboración y la cooperación, seguro que poco a poco interiorizarán esas normas y actuarán según el modelo que vean en nosotros. Pero no debemos olvidar que son pequeños, inmaduros, y que esto llevará tiempo.

4. Aprovechá para educar

Una vez se hayan calmado, conviene que les hagas reflexionar sobre su conducta y sobre cómo se han sentido. No se trata de buscar culpables, sino de animarlos a analizar qué sucedió, por qué y qué pueden hacer en el futuro para que no se repita.

Y ayudarlos a encontrar soluciones al problema que ha generado la discusión. A los niños les encanta que se les tenga en cuenta, se les pregunte y se les anime a proponer soluciones.

Fuente: Ser padres

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Salud

Ocho tips para sumar fibra a tu alimentación

Cómo incluirla en tus comidas

Pese a que no aporta nutrientes, la fibra alimentaria ocupa un rol trascendente ya que aporta volumen a las comidas, promueve el buen funcionamiento intestinal y reduce la absorción de azúcares y colesterol por parte de nuestro organismo

Está presente en las frutas, hortalizas, cereales integrales, legumbres y semillas. Y se puede clasificar en dos:

Insoluble: No es digerida por el sistema digestivo; aumenta el tamaño de las heces, facilitando la motilidad intestinal y combatiendo el estreñimiento, entre otros problemas intestinales. Se encuentra en las cáscaras y hollejos de frutas y hortalizas, en las semillas y en las capas externas de los cereales integrales llamadas salvado.

Soluble: Tiene la capacidad de formar geles al tomar contacto con el agua. Entre sus funciones elementales se encuentra su capacidad de disminuir la absorción y el aprovechamiento del azúcar y el colesterol, reduciendo el riesgo de padecer enfermedades cardíacas y diabetes.

Los alimentos más ricos son las legumbres, el salvado de avena y el centeno, la pulpa y las semillas de frutas y hortalizas. Las semillas de lino son ricas en mucílago -un tipo de fibra soluble- que otorga los beneficios mencionados.

Ocho maneras de sumar fibra

1. Reemplazá el pan blanco y las galletitas de agua por pan y galletitas integrales o de salvado.

2. Incorporá más cereales integrales (arroz integral, fideos integrales, copos y barritas de cereales).

3. Incluí legumbres (arvejas, lentejas, porotos comunes y de soja, garbanzos, habas, chauchas).

4. Comé, al menos una vez por día, hortalizas crudas, en especial de hojas.

5. En las recetas que llevan harina blanca, reemplazá la mitad por harina integral e incorporá salvado.

6. Cuando no haya dudas de un uso excesivo de pesticidas, consumí la cáscara de las frutas y hortalizas, bien lavadas.

7. Usá purés de hortalizas y legumbres -zanahorias, espinacas, batatas, garbanzos, arvejas- para espesar salsas y sopas.

8. Prepará tartas, tortas y masitas agregándole cereales integrales (por ejemplo harina integral, avena arrollada), frutas frescas y secas (nueces, almendras, entre otras) e incluso semillas.

Fuente: Web Dr. Cormillot

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