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Reino Unido: tremenda crisis por la sucesión de la reina

Isabel II echó a su secretario privado a pedido de sus hijos. Carlos busca allanar su camino al trono, pero los súbditos se inclinan por William y Henry

martes 19 de septiembre de 2017 - 7:16 am

La longevidad de la reina de Inglaterra no deja de crear tensiones y alimenta el misterio sobre quién la sucederá en el trono.

Según indica el diario Clarín, los cruces entre la reina Isabel, de 91 años, y el príncipe Carlos (69), el heredero que más esperó una corona, sumado al retiro oficial de su padre, el príncipe Felipe (95), generaron una sangrienta guerra de posicionamiento en el interior de la familia real que acaba de “decapitar” al secretario favorito de Isabel II.

Sir Christopher Geif, ex militar de inteligencia, productor de ovejas en la isla de Harris y devoto realista, fue la víctima de este proceso, que él mismo intentó conducir, para modernizar la monarquía.

En una rara acción común, el príncipe Carlos y su hermano, el príncipe Andrés le exigieron a su madre, la reina, que lo despidiera.

El diario The Times lo contó como una intriga medieval mediáticamente contemporánea, en una investigación exclusiva.

Las tensiones se iniciaron cuando el príncipe Felipe, esposo de la soberana y administrador de los bienes reales de los palacios de Sandringham y Balmoral, decidió su retiro.

El príncipe Carlos dijo que él administraría ambos estates y los reconvertiría a la agricultura orgánica. Al mismo tiempo, anunció que había que cerrar el palacio de Buckingham y transformarlo en un monumento histórico.

Dejarlo abierto a todo el año a los turistas y generar beneficios porque, con sus 700 habitaciones, no era ni sustentable ni moderno para ejercer funciones. Él prefiere mantener su residencia en el pequeño palacio de Clarence House junto a Camilla, la duquesa de Cornwall.

Ante este aluvión de demandas para un nuevo rol de un rey en espera y la frustración que eso generaba, Sir Christopher convocó a los Royals y a su staff a una reunión en mayo.

Allí bajó una línea dura: Buckingham Palace, Clarence House y Kensington Palace, donde viven los príncipes William y Harry más Kate, la duquesa de Cambridge, debían trabajar juntos.

Todos formarían parte del Clan Windsor para acompañar a la reina en sus actividades ante el retiro del duque de Edimburgo. Se olvidó que el palacio es un nido de celos de protagonismo.

Durante la conversación, en la suntuosidad del salón de trono y bajo una decoración victoriana, Sir Chistopher mencionó los temas que interesan a la corona y precisó que las organizaciones de salud mental, como las que promueven William, Kate y Harry, no estaban en sus prioridades de patronazgo.Lo escucharon 500 empleados royals de todos los palacios de la familia real incómodos. Y muchos, furiosos.

Tuvo un inesperado apoyo en su hermano, el príncipe Andrés, que reclamó lo mismo. El secretario fue quien lo había hecho renunciar como embajador de negocios, cuando se conoció su vínculo con un estadounidense acusado de violaciones.

Andrés le cobró al secretario privado querer reducir el rol de sus hijas, las princesas Eugenia y Beatriz, en la familia real.

Un día después, el príncipe Carlos pidió una audiencia a la reina, su madre, y le exigió: “Este hombre se tiene que ir”.

También era Sir Christopher quien fijaba el presupuesto y le impedía al príncipe tomar aviones privados y helicópteros en vez de aviones de línea.

Por primera vez, la reina no tuvo otro remedio que aceptar. El “ejecutor” del secretario fue el conde Peel, Chamberlain de la casa real, que despidió al secretario que durante 10 años manejó todos los asuntos de la reina.

La antipatía de Clarence House y Carlos y el duque de York con el secretario era notoria. Samantha Cohen, australiana y secretaria número dos de la soberana, renunció en solidaridad.

En Kensington Palace, Harry y William hicieron saber que para ellos era “un mentor, un gran amigo y gran servidor público” y que no tenían “nada que ver con esta ruptura”.

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