Psicología

Subrogación de vientre: cómo hablar con los chicos sobre su origen

La modificación de la trama familiar cambia la forma de explicar cómo fueron concebidos

miércoles 20 de septiembre de 2017 - 6:48 am

La fecundación in vitro hasta el vientre subrogado son eslabones de un proceso que pone en juego la emocionalidad de los involucrados actuales y futuros. La función que deben cumplir los psicólogos convocados para acompañar a una pareja que atraviesa este proceso es en primer lugar tener una escucha abierta, libre de prejuicios y etiquetas.

Acompañarlos a encontrar las palabras adecuadas que les permitan construir su narrativa familiar, centrada en cómo van a denominar a la mujer que lleva la gestación de su futuro hijo. No es igual hablar de “madre de alquiler”, “útero o vientre de alquiler”, “madres subrogada”, “madre por sustitución”, “gestación por sustitución”, o las diversas combinaciones de estas palabras.

Hay que entender la trama de la familia consultante y ayudarla a discriminar conceptos para identificar aquellos con los que se sienten cómodos y les permiten crear su historia acorde al proceso emocional. Determinar el ser madre y las diferencias que existen entre el rol y la función parental, por un lado, y el vientre o útero que permite la gestación, pues al identificarlo como órgano para la gestación, señala una distancia y limitante hacia la mujer que aporta su útero.

Madre y/o padre son aquellas personas que acompañan al bebé desde sus primeros momentos, sea que lo hayan concebido o no. Lo alimentan, lo cuidan, lo llevan al médico cuando está enfermo, lo cambian, lo contienen, lo abrazan, lo aman. Lo educan con principios y valores, entre tantas otras funciones que cumplen a lo largo de la vida de este niño o niña. Ser padres es para toda la vida, es una responsabilidad. Cuando el chico o la chica es recibido por sus padres se pone en juego el acto de decidir: “Es mío más allá del camino por el cual haya llegado”. Ser padre es una manera de socializar experiencias y oportunidades propias y de “un otro” hacia el mundo.

Es clave el relato que los padres creen para su nueva funcionalidad y como este se transmite a los demás miembros de la familia. Es sabido que cuando el niño crece, lo hace con él su curiosidad. Seguramente hará preguntas y lo importante es responderle con naturalidad apoyándose en la narrativa que han construido en torno a la gestación.

Será necesario sentarse con la criatura y explicarle su origen. Aparecerán preguntas cómo: ¿por qué no me parezco a ustedes?, ¿por qué tengo dos mamás o dos papás?, ¿mi mamá quién es?. La explicación es necesaria y hay que ser franco con el niño o niña desde pequeño de manera natural. No hay que bombardearlo con información innecesaria sino dar respuesta simple a las preguntas que hace acorde a la edad.

En la actualidad ya existen libros de cuentos que abordan estas temáticas y son de gran ayuda para las familias. También es importante que el niño socialice con familias similares a la suya debido a que todos buscamos en algún momento pares con los que identificarnos ya que ser el único con dos papás o dos mamás, sí podría generarle confusión. Familias amigas y seres cercanos deberán aceptar y vivenciar el crecimiento del niño con total naturalidad, de este modo, él también lo hará sin importarle los “factores de su concepción”.

Acompañar a la familia desde el inicio para darle todas las herramientas que necesiten para que sus hijos crezcan aceptados y amados es lo que permitirá que se enfrenten al mundo sin que importe quién ofreció la semilla o en qué vientre fue concebido. Si crecen así, sabrán explicarlo y su entorno comprenderlo, pues cuando las cosas se conocen, se aceptan mejor. Los secretos no existen y siempre son percibidos e implican variedad de problemas emocionales. La verdad y la sinceridad es el camino a seguir para que más familias se sientas seguras y puedan elegir su manera de ser padres.

Fuente: Psicóloga Sandra Di Lucca / Conbienestar

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