Sociedad

Afortunados: viajan por el mundo y cobran por postear en Instagram

Quiénes son y cómo vive los travel influencers que visitaron la Argentina para sacar fotos

sábado 9 de septiembre de 2017 - 11:15 am

El famoso sueño de largar todo y ponerse un bar en la playa se reinventa en clave millennial. Es que, gracias al boom de las redes sociales, ahora el sueño del pibe es convertirse en travel influencer y viajar por el mundo gratis a cambio de posteos en Instagram. Cada vez es más común que los ministerios de turismo contraten a un grupo de travel influencers para que visiten el país y transmitan la experiencia a través de sus smartphones. No se trata de una pose innovadora: según un estudio de Ipsos, “más del 70% de los viajeros se inspiran en perfiles turísticos de redes sociales para decidir dónde vacacionar”.

En ese contexto, Argentina ya recibió la visita de dos grupos de travel influencers provenientes de Estados Unidos y España. Cada uno recorrió Buenos Aires más dos destinos: Bariloche y Mendoza, en el caso de los norteamericanos, y Córdoba e Iguazú, en el de los españoles. El Ministerio de Turismo argentino es el primero de Latinoamérica en implementar esta iniciativa que ya está consolidada en otras partes del mundo. “Me invitaron de Jordania, Alemania, Japón, Turquía y en pocas semanas me voy a Indonesia”, cuenta Nicanor García, uno de los integrantes del contingente español.

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Pero tener miles de seguidores no alcanza para convertirse en influenciador y viajar. Solo basta con ver las fotografías que estos españoles y estadounidenses tomaron durante su estadía: su mirada tiene la virtud de resignificar lo simple, como un viaje en colectivo, el tren Mitre o una calle cualquiera. Su éxito en Instagram -algunos rozan los 800 mil seguidores- se debe, en parte, al expertise con el lenguaje visual, ya que todos son fotógrafos profesionales.

Tim Landis -uno de los estadounidenses que visitó el país en julio- trabajó con Apple, Google, Ford y Samsung, entre otras multinacionales, y esta es la séptima vez que visita un país como travel influencer. Sin embargo, considera que ese término no lo representa, “yo soy fotógrafo de viajes y si las fotos de mis viajes inspiran a otras personas a visitar ese lugar, mi trabajo está hecho”, asegura.

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La española Anna Devíes está de acuerdo con su colega, “la palabra influencer no me llega a gustar porque soy fotógrafa y me especializo en crear contenido”, explica. Anna trabaja en conjunto con su pareja, Daniel Rueda, y sus fotografías son inconfundibles, ya que a partir del uso de encuadres y perspectivas poco convencionales logra imágenes más cercanas al registro artístico que al documental. García también tiene una mirada peculiar, alimentada por su pasado como arquitecto: “Me gusta fijarme en detalles arquitectónicos y la escala de la ciudad”, cuenta.

En el caso de Paola Franqui, alias Monaris en las redes, el hincapié está puesto en las personas y el clima que las rodea, “capturo la belleza de momentos fugaces que transcienden lenguajes y culturas. Mi documentación de esas historias busca inspirar a mirar al mundo”, explica esta portorriqueña que vive en Nueva York. Esa poesía de las imágenes convive con frases que invitan a la reflexión. En Buenos Aires, entre otras personas, captó su atención un señor tras la ventana de un bar palermitano; foto que acompañó con la leyenda “un hombre consumido por su pasado” y obtuvo alrededor de 6 mil likes.

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Franqui estudió Justicia Criminal en la Universidad de Rutgers, pero la fotografía, a la que se dedicaba como un hobbie, se convirtió en su medio de vida gracias a Instagram. La experiencia de García es similar, arquitecto de formación, sus días transcurrían entre planos hasta que la crisis inmobiliaria española lo dejó sin trabajo. “De repente empecé a tener mucho tiempo libre y se me ocurrió colgar fotos de obras arquitectónicas en Instagram, fue algo intuitivo, nunca pensé que se iba a transformar en una fuente de ingresos”, explica, y aclara que hoy, viaja tanto que, aunque quisiera, no podría compatibilizar su tarea con la de arquitecto.

Pero no todo es color de rosa. “Muy pocos pueden vivir de su trabajo de influencer”, señala Lucas Warat, fundador de Huntgram, una agencia de marketing especializada en Instagram. “Los arreglos económicos son individuales. Si se trata de un destino que les resulta super atractivo algunos aceptan hacerlo gratis. En cambio, cuanto menos interesante les parezca, más cobran”, indica.

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Los influencers se dividen por categorías.Desde el clase B que va “por el pancho y la coca” hasta el mega top que recibe trato de estrella y millones. Warat solo trabaja con un tipo especial de influenciadores a los que él llama “creadores”: “Son generadores de contenido con valor agregado. La gente no los sigue por quiénes son, sino por su mirada del mundo, por cómo muestran los lugares donde están”, indica. Estos influencers no sacan fotos postales. “En nuestro grupo éramos todos artistas con diferentes estilos y perspectivas, eso hizo que, aunque estuviéramos en un mismo lugar y al mismo tiempo, las imágenes resultantes fueran muy diferentes entre sí”, explica Christopher Hainey, quien formó parte del contingente estadounidense. Pero en algo hubo coincidencia, todos quedaron encantados con la Argentina. La amabilidad de la gente y la cocina nacional encabezaron el ranking de preferencias. “La cultura, la comida y los paisajes increíbles me dejaron con ganas de más, así que quiero volver por mi cuenta”, cierra Landis.

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