El olivar que tapiza las laderas de esta colina hace honor a su nombre y anuncia un paisaje ideal para la contemplación en su sentido más bíblico y en el sentido más fotográfico, pues ofrece una panorámica sensacional de Jerusalén.
El Monte de los Olivos permite pasear por enclaves de la vida de Jesús: Betfagé, donde empieza el camino por el que descendió a Jerusalén a lomos de un borrico; la casa de Lázaro –a quien resucitó–, en Betania; la capilla de Dominus Flevit, donde lloró por la ciudad; el Huerto de Getsemaní, donde fue apresado y lugar en el que ahora se erige una iglesia neobizantina. Varias iglesias ocupan ahora las laderas del monte, desde la sencilla del Pater Noster a las cúpulas doradas de la iglesia de Santa María Magdalena, fundada por el zar Alejandro III. El cementerio judío es otro enclave interesante del monte.
A través de Bab el Amud, la Puerta de la Columna, más conocida como la Puerta de Damasco, el visitante se adentra en el zoco árabe de la Ciudad Vieja. Las tiendas de artesanía de madera y de tejidos, los cafés con narguiles junto a la entrada, los puestos de especias, frutas y hortalizas, y los talleres de orfebres dibujan una colorida sucesión que invita a detenerse a cada paso.
La Iglesia griega, la latina y la armenia, corresponsables del templo, acordaron en 2016 su restauración. En la imagen, la capilla que alberga la tumba de Cristo.
Fachada de mosaicos en el antiguo cardo romano, aún conocido como Cardo y donde se localiza el mercado.
La calle del Ued (río en árabe) reúne restaurantes populares –algunos abiertos a la calle– que ofrecen pastelillos en platos de cobre, falafel (albóndiga de pasta de garbanzo muy especiada) y zumos de zanahoria acabados de exprimir. El alegre bullicio que se respira y la variedad de productos se ha convertido en la característica que más diferencia este barrio de los otros que componen la Ciudad Vieja.
El Arco de Wilson formaba parte del puente que conectaba el monte del Templo con la ciudad. Hoy aloja una sinagoga.
Erigida por Solimán el Magnífico entre 1520 y 1566, conserva siete de las diez puertas originales y 34 torres.
Qubbat el Sakkra, del siglo VII, se considera una obra maestra de la arquitectura islámica. De planta octogonal, está decorada con mosaicos y mármoles.
La plaza del Muro de las Lamentaciones se localiza bajo la Explanada de las Mezquitas, con la reluciente Cúpula de la Roca destacando en el perfil de la Ciudad Vieja.
La Tumba de Zacarías y la de Benei Hezir en el Monte de los Olivos, donde se estima que hay 150.000 sepulcros desde el siglo XV.
Fuente: National Geographic