Corrupción K

Lamentable: la dura realidad de la Formosa de Gildo Insfrán

Maneja una de las provincias más pobres. Lleva 22 años consecutivos como gobernador, en los que ha avasallado todas las instituciones. El narcotráfico es otro punto débil

domingo 23 de julio de 2017 - 10:38 am

Recorrer ciudades, pueblos y rutas de esta provincia, una de las más pobres del país y comarca del narcotráfico, es toparse con enormes carteles en los que el gobernador Gildo Insfrán proclama en una frase que acompaña su foto, también enorme: “Todavía queda mucho por hacer”.

Una invitación a que lo sigan votando. El problema de Insfrán, peronista y ultrakirchnerista, es que le queda mucho por hacer cuando ya lleva 22 años en el cargo, y otros ocho como vicegobernador de Vicente Joga. El mandato más largo en la Argentina desde el retorno a la democracia.

Insfrán no sólo acumula cinco períodos consecutivos. Con mano dura, persecución a la oposición y a la prensa, y avasallamiento de todas las instituciones, es el gobernador con más poder.

Y, según innumerables fuentes, uno de los más ricos. Muchos lo comparan con un señor feudal. También es llamado patrón y dictador. Para otros, sencillamente Formosa es una provincia con dueño.

A veces, el calificativo de patrón es literal. “Este campo es de Insfrán, aunque figura a nombre de un testaferro. Tiene 25.000 hectáreas”, dice un productor rural de la zona frente a la tranquera de una estancia sobre la ruta nacional 11.

Según detalla el diario La Nación, testimonios similares se oyen en toda la provincia, con decenas de propiedades atribuidas al gobernador y a su familia. Imposible saber si es cierto, entre otras cosas, porque los funcionarios formoseños no están obligados a presentar declaración de bienes.

formosa

De la escasa productividad hablan las cifras: el 95,5% del presupuesto es cubierto por fondos del gobierno nacional. Prácticamente no cuenta con recursos propios.

Según datos recientes del Ministerio de Trabajo, es la provincia con menos empleados registrados en el sector privado: 27.444 (le sigue La Rioja, con 29.750, pese a tener prácticamente la mitad de población).

También es la que menos exporta: en 2016, apenas alcanzó los 21,8 millones de dólares (la penúltima es Neuquén, con 90 millones).

“Acá no hay trabajo ni futuro. La principal industria es la terminal de ómnibus: rajarse. Revisen las nóminas de Gendarmería, Prefectura y otras fuerzas: están llenas de formoseños. Los jóvenes se van porque no consiguen empleo y escapan de la inseguridad, la corrupción y el narcotráfico”, dice el ex gobernador Joga, distanciado hace años de Insfrán.

En distintas ciudades y pueblos, decenas de personas, incluso en las postergadas comunidades aborígenes (una población aproximada de 90.000, en sus cuatro etnias), dijeron que su único ingreso es un plan social, son empleados públicos o trabajan como monotributistas en cooperativas contratadas por el gobierno o municipios.

La tasa de actividad, que mide la gente que tiene trabajo o lo busca activamente, es de 31,8%, la más baja del país. La media nacional es 45,5%.

Con una pobreza superior al 50% según estimaciones privadas (el gobierno habla de 20,3%), Formosa se ha convertido en el reino del asistencialismo. Después de Buenos Aires y Córdoba es la que recibe el mayor número de AUH (asignación universal por hijo).

Roberto Recalde, gerente de la Anses en Estanislao del Campo (11.000 habitantes entre urbanos y rurales), aporta un dato elocuente: “En esta ciudad, de cada diez personas, siete cobran un plan social. Se ha perdido totalmente la cultura del trabajo. Si buscás alguien para arreglar una canilla, cortar el pasto o pintar, no lo encontrás”.

Según la Anses, se distribuyen en la provincia unas 42.000 pensiones por invalidez, el 24% de la población económicamente activa. “Clientelismo político”, explican en el organismo.

La capital, donde vive algo menos de la mitad de los cerca de 600.000 formoseños (528.000, según el censo de 2010), es zona de contrastes entre barrios medios y bajos o muy bajos, que concentran los mayores núcleos poblacionales.

El narcotráfico es otra realidad que atraviesa la provincia, cuya extensa frontera con Paraguay es absolutamente permeable.

En kilómetros enteros, los ríos que marcan el límite -el Pilcomayo al Norte y el Paraguay al Este-, se pueden cruzar caminando.

No hay centro urbano ni zonas rurales en los que no haya penetrado la droga, y al gobierno se lo acusa de inacción o, incluso, de complicidad.

Con el cambio de autoridades nacionales, fuerzas federales detuvieron a bandas de narcos vinculadas a la administración provincial. Uno de los casos más resonantes fue, en octubre pasado, el del camión con zapallitos que ocultaba dos toneladas y media de marihuana. El camión era de una sobrina del gobernador.

Pobre, atrasada, corrompida, Formosa no deja de ser un reino. El reino, desde hace 22 años, de Gildo Insfrán.

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