Policiales

Cómo es “El bombazo”: el nuevo truco de los motochorros colombianos

Así llaman las bandas a las salideras bancarias. Siguen a las víctimas desde la city, rompen los vidrios de los autos de un golpe y se refugian en oficinas del centro

domingo 9 de julio de 2017 - 9:31 am

Leonardo lleva más de un año detenido en una cárcel que depende del Servicio Penitenciario Federal.

Según indica el diario Clarín, la modalidad que lo trajo a este lugar es “El bombazo”, la misma que utilizaron tres de sus compatriotas y un argentino el 22 de junio, en Retiro.

Lo único distinto fue el final: dos colombianos murieron luego de que la víctima del robo, a quien le habían quitado un maletín con 40 mil pesos después de romperle uno de los vidrios de su auto, embistiera a la moto en la que escapaban. Al caer, fueron arrollados por una camioneta.

Las víctimas de los “fleteros” no son marcadas en los bancos. Siempre hay alguien que los está mirando al entrar y al salir. En las financieras y “cuevas”, lo mismo.

Según “la pinta”, lo seguirán o se quedarán esperando alguien que los convenza a hacerlo. El “marcador” es el único que se encuentra en la zona céntrica. Cuando se decide por una víctima llama a sus cómplices, que esperan en los alrededores, y da las características del auto a seguir.

Según la jerga de los “fleteros”, a la víctima se le dice “el gil”; a los que conducen las motos, “motoristas”. “Compradores” es la definición para los que rompen el vidrio y roban el maletín o mochila.

Además, bautizan a las zonas donde muere algún compatriota durante un asalto y cada avenida tiene un nombre. Corrientes, por ejemplo, es “Papas”.

Los cristales de los coches se rompen con un certero golpe. Generalmente usan un lápiz cortavidrio que compran en ferreterías de confianza, y que en la jerga denominan “tutiavidrio”. El estallido bautiza a la modalidad: “El bombazo”. Cada equipo de “fleteros” cuenta con un auto que le hace apoyo a las motos.

En un principio los colombianos desistían de sumar ladrones argentinos. Creían que no tendrían problemas en darle información a la Policía a cambio de un beneficio y buscaban evitar que los copien.

En los últimos meses cambiaron de opinión y los sumaron como conductores. Los reclutan en las cárceles o en las villas. Leonardo cuenta que lo hicieron al cansarse de los policías de civil del centro, que les exigían dinero para dejarlos seguir cada vez que los veían en un auto.

“Nosotros buscamos la plata en los maletines y ellos, en nosotros. Que sean corruptos no nos molesta. Nos molesta que no tengan códigos y nos pidan plata todos los días, sin dejarnos recuperar lo que les dimos el día anterior”, aclara.

A la víctima la pueden seguir hasta el Conurbano si es necesario. Los maletines siempre se guardan en un departamento u oficina céntrica. Se dejan de a uno y se vuelven a buscar víctimas. El promedio diario es de tres robos.

Al final de la jornada la banda se vuelve a juntar. Ponen salsa y abren algunas cervezas para relajarse. Cuentan el dinero y lo reparten en partes iguales.

El equipo completo estrena teléfonos celulares y chips nuevos cada lunes a la mañana. Al viernes siguiente los tiran, para despistar a los policías. Es ley: está prohibido regalarlos o venderlos.

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