Femicidio

La torturaron durante tres horas hasta matarla: les dieron solo un año de prisión en suspenso

Ahora será Casación quien deberá definir si los tres hombres que torturaron a Marisela y la apalearon cuando estaba en un estado de vulnerabilidad extrema la mataron, pero sin querer

sábado 17 de junio de 2017 - 7:22 pm

Marisela Pozo Pizl llegó el jueves a su casa, después de la hora del almuerzo y conversó un rato con su hermano Mariano mientras escuchaban música. Ella se puso el short y la remera que usaba para dormir, y el se fue a su habitación creyendo que ella se había ido a descansar. Recién cuando la Policía tocó el timbre, una hora después, se dio cuenta de que Marisela nunca se había acostado.

Marisela tenía 27 años y su mamá asegura que no tenía ninguna enfermedad psiquiátrica. La autopsia mostró que Marisela había consumido drogas, lo que la condujo a un estado de paranoia. Eran cerca de las 5 de la tarde cuando los vecinos dicen que la vieron corriendo unas 10 cuadras desde su casa, en Laferrere, cruzar la ruta 21 en un horario de tránsito intenso, y pedir auxilio a un kiosco, mientras decía que la querían matar.

“Ella empezó a golpearle la puerta para que la ayude, se trepó a una reja y rompió el vidrio del kiosco. El dueño salió y la tiró al medio de la calle. Y mientras ella estaba tirada en el asfalto, le empezó a pegar con un fierro, sin parar”, cuenta Marta Pizl, su madre, sobre Héctor Daniel Julio.

“Cuando ella ya estaba en el suelo y no paraba de gritar, salió un vecino con un cable que solidariamente se ofreció a atarla”, sigue Matías Bernal, abogado de la familia. Con el cable que aportó Sergio Abatedaga, la ataron a un poste de luz y la dejaron así por lo menos una hora. “Hay testigos que cuentan que le decían: ‘loquita, si te calmás te vamos a soltar'”.

Cuando la soltaron, Marisela trató de entrar al auto de un tercer vecino, el remisero Patricio Vicente Larocca. Uno de los testigos que declaró contó que ella hacía fuerza para tratar de abrir el auto hasta que el dueño salió de la casa y le dijo: “¿Vos estás loquita? Yo te voy a hacer pasar la locura”. Dijo que la agarró de los pelos y la zamarreó. “Los vecinos cuentan, además, que la quiso tirar contra una carpeta de cemento con la que estaban reparando el asfalto y que ellos le gritaron que no lo hiciera, que la iba a matar”, sigue Bernal. Larocca la arrastró y la tiró sobre el pasto, al lado de las vías de tren.

Según el relato de su mamá, una señora que venía de trabajar la vio tirada al lado de las vías y quiso alzarla, pero ella ya tenía convulsiones y vomitaba. Marisela fue trasladada al hospital. Era el 17 de marzo de 2016: tres días después murió. La autopsia determinó que había sufrido una falla multiorgánica producto de politraumatismos.

Dos de los tres atacantes fueron citados a declarar como testigos. Pero cuando los medios difundieron los videos, dos quedaron detenidos. El kiosquero se fugó. “La primera carátula fue homicidio simple. Pero lograron que se cambiara a homicidio preterintencional. Es decir, te maté pero no tuve intención de matarte, sólo quise lastimarte. Yo entiendo que si vos le das una piña a una persona podés no tener intención de matar pero si le pegás con un fierro a una chica que pesa 55 kilos, no me digas que no te imaginás lo que le puede pasar”, dice el abogado. Nunca nadie habló de femicidio.

El 2 de junio, la Fiscalía de homicidios dolosos de La Matanza hizo un acuerdo en un juicio abreviado y determinó que, efectivamente, había sido un homicidio preterintencional y los condenó a 1 año de prisión de ejecución condicional, por lo que seguirán en libertad.

“La Cámara dice que ellos la soltaron. Eso les da a entender que de haber querido matarla lo habrían hecho”, cuenta Bernal.

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