Sociedad

Lo autorizaron a cambiarse el nombre que lo dejó traumado en la infancia

Es porque lo asocia a hechos que padeció; la jueza lo respaldó: dice que eso le impidió hacer una vida normal

martes 6 de junio de 2017 - 1:10 pm

La sola mención del nombre de pila con el que fue registrado lo deprimía. Parte de su identidad tenía para él un peso insoportable: la asociaba con una infancia marcada por maltratos y “terribles” situaciones traumáticas. En septiembre de 2014, M.S.S. decidió terminar con ese calvario.

Se presentó ante la Justicia de Rosario para que le permitieran cambiar su primer nombre. Explicó que la sola mención le recreaba “tortuosamente” los graves hechos que vivió y que lo llevaban a esquivar en la actualidad atención médica o a proyectar su vida en pareja y tener hijos para no quedar anotado con su verdadera identidad. No era un nombre extraño ni por el que sufriera burlas. El problema era más profundo y por ello M.S.S. construyó su personalidad, su identidad, su vida social y familiar con un nombre que no figuraba en su documento.

En una resolución poco habitual, un tribunal en lo Civil y Comercial decidió aprobar el pedido del joven de 28 años, que pasará a llamarse S.S.S. (su identidad se preserva) cuando terminen de cumplirse, en los próximos días, los trámites formales. La magistrada, Marisa Malvestiti, evitó divulgar detalles de la historia para no perjudicar socialmente al muchacho, que mantendrá su segundo nombre, el apellido y el número en el D.N.I. Dijo que el planteo judicial es “infrecuente” y que le pareció “valiente” porque la persona se atrevió a ventilar los problemas padecidos en el pasado.

M.S.S. no podía concretar un trabajo registrado, evitaba anotarse en instituciones juveniles y sociales, carecía de obra social y rehusaba incluso contar con atención médica. Todo para que su nombre no se asentara en ningún documento o ficha.

Malvestiti solicitó múltiples informes para descartar que el joven intentara un cambio de identidad para evitar sanciones legales por algún episodio en el que pudiera estar involucrado. Se enviaron oficios a jueces y a distintas entidades. No había causas pendientes.

La jueza buscó además “justos motivos” para aceptar el cambio. Quería descartar “toda razón frívola”, “causa intrascendente”, o toda justificación “que no se funde en hechos que agravien seriamente los intereses materiales, morales o espirituales del sujeto que aspira a obtener una modificación”. En el fallo se plantea que el nombre es uno de los pilares de la identidad y que, como en la elección del género, se deben poner a disposición de las personas todas las herramientas legales para mejorar su desarrollo psicofísico.

“El Derecho tiene que servir y ayudar a la gente para vivir un poco mejor. Si uno puede, dentro de determinados marcos, colaborar a que una persona pueda vivir mejor, construir mejor su presente, superar el pasado y tener un futuro más concreto, bienvenido sea”, aseguró Malvestiti a Clarín. En el fallo se aclara que la decisión “no significa una puerta abierta para que livianamente se peticione el cambio de nombre por una cuestión meramente antojadiza”. No es razón suficiente, se aclara, que una persona recurra en su vida diaria a un nombre diferente con el que fue registrado y que por eso pueda solicitar un cambio.

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