Derechos Humanos

Rompió el silencio la hija de Etchecolatz: “Nunca me había animado a contar mi historia”

La hija del represor condenado por delitos de lesa humanidad describió cómo fue su infancia al lado del principal represor de la provincia de Buenos Aires

viernes 12 de mayo de 2017 - 5:35 pm

La hija del represor Miguel Etchecolatz, Marina D, quien se cambió el apellido hace un año, habló con el periodista Juan Manuel Mannarino para la Revista Anfibia sobre su vida e hizo foco en su infancia y en el recuerdo de su padre en ese entonces.

El miércoles Mariana fue por primera vez a manifestarse a Plaza de Mayo, en el marco del repudio al fallo de la Corte Suprema de Justicia que le otorgó el beneficio del 2×1 al represor Luis Muiña y que según relató lloró cuando conoció la noticia.

Cuando su padre hizo el mismo pedido, considerando que está condenado seis veces por delitos de lesa humanidad, ella contó que al igual que todos los que marcharon el 10 de mayo, quiere que los genocidas condenados mueran en la cárcel, incluso, Etchecolatz.

Luego, recordó su infancia y contó cómo era la vida familiar en tiempos de la última Dictadura Militar y en ese sentido dijo que “Etchecolatz era una presencia fantasmagórica” y que, junto a sus dos hermanos, sólo lo veían los fines de semana pero que “casi no hablaba” y “se la pasaba echado en una cama mirando televisión”. En esa línea explicó: “aparentaba tener una familia, pero nos tenía asco y era encantador con los de afuera”.

Miguel Etchecolatz

A la vez que expresó que “cada tanto emitía un silbido: había que llevarle rápido un vaso de agua mineral fresca con gas” y que si algo no le gustaba, Etchecolatz les pegaba unos bifes con la palma abierta a sus hijos. De grande Mariana se enteró que su madre intentó escaparse con sus hijos en varias oportunidades, pero Etchecolatz los amenazó de muerte a todos ellos y señaló: “ella siempre nos protegió de ese monstruo, si no hubiera sido por su amor, no podríamos haber hecho una vida”.

Durante los días hábiles él conducía el aparato represivo de la ciudad de La Plata y alrededores y daba órdenes para secuestrar personas, torturarlas, asesinarlas y desaparecerlas y a pesar de ello, las personas de su entorno elogiaban a su padre por lo que ella, de pequeña, “vivía en una burbuja”.

Luego, contó que “una vez que escuché un testimonio en un juicio ya no me hizo falta nada más” y que “hasta hoy me da aberración”. También destacó que “su sola presencia infundía terror” y que “al monstruo lo conocimos desde chicos, no es que fue un papá dulce y luego se convirtió”.

Por el contrario, expresó que Etchecolatz “es un ser infame, no un loco, alguien que le importan más sus convicciones que los otros, alguien que se piensa sin fisuras, un narcisista malvado sin escrúpulos”.

En ese sentido, contó que “vivimos muchos años conociendo el horror”. Admitió además que “nosotros también fuimos víctimas” y agregó: “ser la hija de este genocida me puso muchas trabas” y ejemplificó: “me bochaban los exámenes por el apellido y volvía a casa con un ataque de angustia”. Por eso contó que decidió cambiar su apellido.

Por su nombre y por el temor que le generaba, si bien deseaba participar de las manifestaciones en contra de los genocidas, empezó a participar de los actos públicos con “Néstor y Cristina” y recordó ese período como “hermoso” por “lo politizado que estábamos, ir de marcha en marcha, este pueblo no va a sucumbir ante los poderosos”.

Finalmente, Mariana deseó para su padre “que no salga nunca más” y subrayó que “lo único que quiero expresar ante la sociedad es el repudio a un padre genocida, repudio que estuvo siempre en mí” y concluyó: “mejor dicho: el repudio de una hija a un padre genocida”.

COMENTARIOS