28 de Febrero

Un día como hoy, de 2013, se hacía efectiva la renuncia de Benedicto XVI

Un año atrás, Joseph Ratzinger, pasaba su último día como sumo pontífice, ofreciendo su incondicional obediencia a su sucesor

jueves 27 de febrero de 2014 - 4:05 pm

Un día como hoy, del 2013, la renuncia de Benedicto XVI se hacía efectiva formalmente. En esa oportunidad, al despedirse de los cardenales en su último día como pontífice, ofreció a su sucesor su incondicional obediencia. [pullquote position=”right”]Un día como hoy, de 2013, se hacía efectiva la renuncia de Benedicto XVI[/pullquote]

Un año atrás, a las cinco y ocho minutos de la tarde, Benedicto XVI volvía a ser Joseph Ratzinger. Ante los ojos de todos, un helicóptero blanco se estaba llevando del Vaticano a un papa vencido, cuya única forma de hacerse oír, de resucitar su pontificado, había sido dejar morir su poder a cámara lenta, a la vista de todos.

La realización fue perfecta, desde el día 11, que por sorpresa, en latín, pronunciara aquellas palabras ante los cardenales: “Con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de obispo de Roma, sucesor de san Pedro”. El Papa se fue, renunció porque ya ni su cuerpo ni su espíritu son suficientes para manejar la barca de Pedro. El Papa, nadie sabe por qué, ha escogido una fecha y una hora para irse. El 28 de febrero. A las ocho de la tarde.

En su despedida de los cardenales, Benedicto XVI aseguró: “Entre vosotros está el futuro papa, al que desde hoy ya le prometo mi reverencia y obediencia incondicional” y les prometió rezar para que estén “iluminados” al elegir al sucesor. Por la tarde, en Castel Gandolfo, pronunció sus últimas palabras como papa: “Solo soy un peregrino en la última etapa de su peregrinaje en esta tierra”.

Benedicto XVI se despide de sus Cardenales:

Lo que se sabe de la renuncia de Benedicto XVI, aunque los más papistas que el papa intenten negarlo, es muy grave. Solo ver lo que ha dicho y ha hecho Benedicto XVI en esos días, sus palabras repetidas sobre la corrupción en el seno de la Iglesia, su decisión, en el tiempo de descuento de su pontificado, de separar de sus puestos privilegiados a los representantes de la curia que ya no creía dignos de confianza. Durante los 17 días que pasaron desde que anunció su renuncia, hasta que fue, se ha visto al Papa, un hombre de 85 años cansado y enfermo, recluirse en ejercicios espirituales pero, al tiempo, nombrar al nuevo presidente de la banca del Vaticano, un foco continuo de sospechas que él intentó limpiar a través de su amigo Ettore Gotti Tedeschi, quien, después de tres años al frente del IOR (Instituto para las Obras de Religión) escribió una carta por si lo mataban.

Durante los últimos 17 días se ha publicado un libro con las cartas robadas a Ratzinger por su mayordomo, Paolo Gabriel, en las que se hablaba de corrupción, de conjuras, de luchas de poder, de un director de un periódico de la Iglesia acosado y difamado para hacerlo caer.La pregunta que todo el mundo se hacía en Roma y en toda la cristiandad: ¿por qué, después de siete siglos, vuelve a renunciar un papa?

La respuesta, según un sondeo publicado aquel entonces, reflejaba muy bien la forma en que la Iglesia, incluso en Italia, había perdido predicamento. El 43,5% de los italianos se creía la versión oficial, que se ha ido por cansancio, por falta de fuerzas físicas. Pero un significativo 42,9% creía que lo ha hecho por “escándalos y juegos de poder en el interior de la Iglesia y del Vaticano”.

Último día de Benedicto XVI:

El periodista Francesco Merlo, en un vídeo delicioso colgado en la web de La República, opinaba que las imágenes que ya ha visto todo el mundo le recordaban el inició de La Dolce Vita, de 1960, con el cristo redentor transportado en helicóptero sobre el cielo de Roma: “La estatua con los brazos abiertos confirma que el profeta cinematográfico de cuanto está sucediendo en la ciudad eterna no es Moretti, sino Fellini. Ha sido él, el más visionario, onírico, cruel, anticlerical de los artistas contemporáneos”.

 

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