El Mundo

Tensión en Europa: Holanda también teme un avance del populismo

Las elecciones del próximo miércoles en uno de los países más liberales del mundo son consideradas como un test para el avance del nacionalismo

domingo 12 de marzo de 2017 - 9:54 am

“¡Hagamos a Holanda nuestra otra vez!”. El eslogan electoral que eligió el ultraderechista Geert Wilders, líder del Partido de la Libertad (PVV), remite sin disimulo a Donald Trump y transparenta su voluntad de empujar al país a la revuelta populista que está cambiando el orden político internacional.

Las encuestas que predecían su triunfo en las urnas el próximo miércoles empiezan a mostrarlo en ligero declive. Pero, gane o pierda, Wilders ya consiguió crispar la política holandesa y poner en alerta a Europa, temerosa de otro temblor nacionalista que amenace su futuro después del desastre que significó el Brexit y antes de los cruciales comicios franceses, el mes próximo.

Según detalla el diario La Nación, Holanda, uno de los países más liberales y tolerantes del mundo, cierra estos días una campaña en la que la identidad nacional, la inmigración musulmana y el cuestionamiento a la integración europea saltaron al centro del debate político.

La retórica inflamatoria de Wilders -quiere prohibir el Corán, cerrar las fronteras, sacar a Holanda de la Unión Europea (UE)- permeó en sus rivales, incluso cuando todos se conjuran para impedirle gobernar en caso de que consiguiera finalmente ser el candidato más votado.

Las estadísticas desentonan con la idea de un país en ebullición social: la economía acumula 11 trimestres consecutivos de crecimiento, hay casi pleno empleo y la criminalidad desciende al punto que el gobierno alquila cárceles para fines comerciales por falta de presos.

“Este proceso viene desde principios de siglo”, explica Eddy Habben Jansen, director del think tank ProDemos. “La creciente inmigración, la extensión de la UE hacia el Este, el terrorismo y el estancamiento económico hicieron que una porción importante de la sociedad empezara a sentirse insegura de su posición en la sociedad.”

La agenda antisistema cobró fuerza durante la crisis del euro, que derivó en un programa de austeridad ejecutado por Rutte en coalición primero con los democristianos -y durante un tiempo apoyado desde fuera por Wilders- y después con los laboristas. Pero se afianzó a partir de la ola de refugiados de 2015.

“Wilders supo aprovechar el descontento de quienes creen que el Estado los trata injustamente mientras beneficia con subsidios a inmigrantes o refugiados y financia ayudas a países europeos en quiebra, como Grecia”, añade Habben Jansen.

Incluso en un país donde nunca hubo un gobierno de mayorías y siempre hicieron falta coaliciones el escenario parece desafiante. Si se constata en las urnas, será necesario un gobierno-puzzle.

Wilders lo tendría casi imposible: para que el rey Guillermo Alejandro ponga en funciones un gabinete se necesitan 75 votos en la Cámara baja. Todos sus rivales prometen que no se aliarán con él.

Pero temen por la salud y la estabilidad de la administración que pueda surgir si la ultraderecha se convirtiera en la principal fuerza parlamentaria. Rutte aspirará a otro turno si sale primero.

Si no lo logra, tal vez deba ceder el cargo de primer ministro a un tercer partido que pueda equilibrar una coalición de centro amplia. El líder de D66, Alexander Pechtold, se ilusiona con ese escenario.

En Europa confían en un estirón final de Rutte que frustre a la ultraderecha. Un primer puesto de Wilders podría ser un espaldarazo para su aliada Marine Le Pen en carrera por la presidencia de Francia.

Y asentaría la sensación de que el proyecto de integración está condenado. Holanda es socio fundador de la unión y se mantiene como la quinta economía de la eurozona.

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