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Todo lo que hay que saber para invertir en arte

Sufre un período de ajuste y contracción. El mercado mundial dejó atrás sus días de esplendor para dar paso a un período de compras de piezas más exclusivas por inversores avezados

lunes 23 de enero de 2017 - 6:46 am

Detalles sorprendentes sobre el mundo de los negocios. Enamorado de su propio reflejo, el mercado del arte deja atrás sus días épicos. Hace dos años, en el mejor tiempo de su historia, según la consultora Art Economics, generó US$ 68.237 millones.

Según detalla el diario La Nación, en 2016 le costará superar los US$ 60.000 millones. Sufre un período de ajuste y contracción. Y una pregunta atraviesa, al igual que una bisectriz, estas elitistas matemáticas. ¿Cómo ganar dinero con el arte cuando apenas crece la economía del planeta?

Rory Howard es un marchante que lleva dos décadas pateando ferias, subastas y colecciones privadas. Igual vende un Picasso que un Warhol. Pero siempre habla con palabras desnudas.

“Existen dos formas de hacer dinero. O compras obras maestras de artistas modernos reconocidos o piezas de creadores contemporáneos cuyo mercado esté de moda o cerca de estarlo”, narra el experto. “Esta última es la estrategia más arriesgada, pero a veces resulta la más lucrativa a corto plazo.”

Hasta ahora, esa táctica había funcionado. Pero como si fueran placas tectónicas tras un terremoto, el mercado también vive un ajuste. En 2015, este escenario de especulación y dinero se contrajo por primera vez desde 2011.

Cayó un 7%, pasando de US$ 64.550 millones a US$ 63.756 millones. Parece poco; sin embargo, habla del fin de una fiesta. Ese desfile trimestral de obras en subasta por encima de US$ 100 millones vuelve a ser la excepción y no la norma.

“Este año ha sido duro, porque el péndulo de la oferta ha oscilado en dirección opuesta”, apunta Carlos Rivera, fundador de la consultora ArtRank, que usa técnicas de análisis masivos de datos para comprar arte.

Se refiere a una “sequía de obras maestras.” Las que superan los 100 millones y dejan grandes beneficios. Esas piezas (Bacon, Gauguin, Picasso) representan el 1% de las obras que salen a subasta y sólo están al alcance del 0,01% de la población del mundo.

Pero ante la debilidad del mercado, sus dueños prefieren aguardar mejores tiempos para consignarlas. Y el negocio sufre. ¿Mucho? “Desde luego hay menos obras-trofeo estos días en las subastas, pero en todas las sesiones siempre surgen algunas que logran remates muy elevados, como el De Kooning”, matiza Morgan Long, director de la consultora londinense The Fine Art Group.

“Esta tela -revela el experto- ha ido cambiando de manos, incluso por un precio mayor, en ventas privadas.” Esa discreta vía fue la que utilizó el multimillonario ruso Dmitry Rybolovlev para comprar en 2014 el Salvator Mundi de Leonardo da Vinci por US$ 127,5 millones. El último Leonardo auténtico visto en décadas en el mercado.

Sin embargo, a pesar del ajuste, el arte continúa exhibiendo su fortaleza. Nadie avizora ni un crash ni una burbuja. Las ventas en subasta en los seis primeros meses del año sumaron US$ 6530 millones, según la consultora Artprice.com. Es un 25% menos que en 2015, pero, a su vez, las transacciones crecieron un 3,2%, lo que asegura la liquidez del mercado.

Y el coleccionismo se expande. Ya hay 70 millones de personas que compran piezas. Después de la Segunda Guerra Mundial no superaban las 500.000. Simon de Pury, antiguo presidente de la casa de subastas Phillips de Pury, sintetiza ese tránsito. “La pregunta ¿es bello? ha sido reemplazada por otra cuestión: ¿es caro?”

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