Abuso sexual

El caso del hombre que luchó 30 años para develar un abuso

Ocurrió a fines de los 70 y la víctima es un ex alumno del Newman; el director del colegio pidió disculpas

viernes 30 de diciembre de 2016 - 7:36 am

Un día de semana a fines de 1980, Rufino Varela, que entonces tenía 15 años, cargó una escopeta y la apuntó a su cabeza con la idea de dispararla.

Era tarde y estaba solo en el cuarto que compartía con su hermano menor, Ramiro, en su casa de Don Torcuato, donde vivía con sus padres y sus seis hermanos. La entrada providencial de su madre a la habitación -llevaba la ropa recién planchada- evitó la tragedia y desató el drama.

“José me abusa”, le dijo Rufino, hundido en lágrimas. Su madre pegó un alarido de dolor y al rato llegó su padre, que echó a José de la casa.

Según el recuerdo de Rufino, su abusador tendría entonces unos 23 años. Había trabajado de albañil cuando construyeron la casa, se ganó la confianza de la familia y se quedó como casero durmiendo en un anexo del cuarto de herramientas, que estaba en el parque.

Con el acuerdo de sus padres, José llevaba a Rufino en viajes de pesca y otros paseos, donde lo sometía y lo amenazaba para que no contase.

La mirada torcida de José Antonio Moreira -así dice Varela que se llamaba- mientras abandonaba la casa fue la última imagen que tuvo de la persona que abusaba de él desde hacía cuatro años.

Según detalla el diario La Nación, Varela, de 52 años, está casado y tiene dos hijos. Es un hombre risueño, amable y muy cariñoso con sus hijos. También es ciclotímico, ansioso y algo desconfiado.

Fue profesor de tenis, ahora importa muebles de jardín y su 2016 resultó muy movilizante: en apenas unos meses se mudó, su hija mayor se casó y rompió el silencio en el que había sumergido los abusos sufridos hace más de 30 años.

El maremoto emocional generado por el destape de su drama -que durante décadas ocultó hasta de su mujer- está afectando su vida familiar, pero también a uno de los colegios más tradicionales de la Argentina.

Varela era alumno de la primaria del Cardenal Newman cuando comenzaron los abusos y, según su propio testimonio, en séptimo grado se acercó al capellán del colegio y, en confesión, le dijo lo que le estaba pasando.

Varela cuenta que Finnlugh Mac Conastair, o el padre Alfredo -como llamaban al capellán irlandés, el primero de los religiosos del Newman con los que habló-, no sólo no lo ayudó, sino que, al enterarse en confesión de los abusos que sufría en su casa, lo llevó a su cuarto -vivía en el colegio, debajo de la capilla- le hizo bajarse los pantalones, lo acostó boca abajo en su catre, le puso una almohada en la cabeza, le dio diez azotes con algo que no vio, pero que cree que era un cinturón de cuero, y le manoseó los genitales mientras le preguntaba detalles sexuales.

Según el relato de Varela, esto ocurrió un día de colegio de 1977, cerca del mediodía, cuando tenía 12 años y estaba en séptimo grado.

-“Ya estás en paz y esto es un secreto entre nosotros y Dios”, me dijo el padre Alfredo cuando terminó. Después agarró unos caramelos masticables que tenía en una bolsa sobre la mesa y me los quiso dar, pero le metí un codazo y salí corriendo. Volví a la clase llorando -recordó.

Varela había acudido al cura en busca de ayuda, de alguien con quien hablar, pero se encontró con un nuevo abuso. Desde entonces, el silencio que guardó fue aún más opresivo.

Años después del abuso del padre Alfredo, ya en tercer año del secundario, le contó a otro de lo religiosos del Newman, Desmond Finegan, lo que le había pasado con el capellán del colegio y lo que le seguía ocurriendo en su casa. Según Varela, Finegan le dijo que debía perdonar a Alfredo “porque estaba viejo”.

El Newman fue fundado en 1948 por los Christian Brothers, una orden religiosa irlandesa que llegó a tener cientos de colegios alrededor del mundo. En los últimos tiempos, varios de sus integrantes aparecieron involucrados en casos de abuso de menores en diferentes países.

En 2011, Philip Pinto, que entonces estaba al frente de la orden, admitió que el futuro de los Christian Brothers era incierto por el alto costo de las indemnizaciones que tuvieron que pagar por abusos sexuales y el daño a la reputación de la orden que esos casos habían generado. El 19 de junio de 2012, el Newman organizó una cena de recaudación de fondos para ayudar a las maltrechas finanzas de los Christian Brothers.

Desde el año 2000, el Newman depende de una asociación de padres. Es uno de los pocos colegios de Buenos Aires que se mantienen solo para varones; de allí egresaron el presidente Mauricio Macri y algunos de los principales funcionarios de su gobierno.

-Desde que nos enteramos, en mayo, de lo que le había pasado, nuestro objetivo número uno siempre fue acompañar a Rufino. Y lo seguirá siendo. Diga lo que él diga -afirma Alberto Olivero, director del colegio Newman, en su despacho. Alarmado por el mensaje, Olivero convocó a Varela a la primera reunión en el Newman. Fue el 24 de mayo de este año.

Según la reconstrucción de Varela, las autoridades del Newman se mostraron preocupadas y, además de ofrecerle un tratamiento psicológico, o lo que hiciese falta para aliviar su dolor, también le preguntaron si tenía otra motivación para hacer público su caso, una posibilidad que Varela les anticipó.

Querían saber si guardaba animosidad contra el colegio, la religión o incluso a Macri. Varela les dijo que no, que lo único que él quería era ayudar a otras víctimas.

Siempre según el relato de Varela, Olivero, con quien entabló una intensa relación a través de reuniones, llamados y mensajes de WhatsApp, fue contenedor y empático, pero, hasta hoy, nunca había cedido en lo principal: el pedido público de disculpas, algo a lo que accedió después de que Varela decidió hacer público su caso.

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