Crisis en Venezuela

Crisis humanitaria en Venezuela: la muerte de un chico, símbolo de las penurias de un pueblo

Kevin Lara murió el día que cumplía 16 años; su familia no tenía comida y se intoxicó con mandiocas que recolectó de un baldío

martes 27 de diciembre de 2016 - 7:31 am

La crisis en Venezuela suma un nuevo capítulo que refleja las penurias de un pueblo. Se llamaba Kevin Lara Lugo y murió el día en que cumplía 16 años.

Según detalla el diario La Nación, el día anterior lo había pasado hurgando en busca de comida en un terreno baldío, porque en su casa no había nada para comer, y más tarde en el hospital, luego de enfermar gravemente por lo que había encontrado para comer.

Un par de horas después yacía muerto sobre una camilla que pasó rodando empujada por los médicos ante los ojos impotentes de la madre de Kevin. La mujer dice que en el hospital faltaban hasta los insumos más elementales para salvarle la vida aquel día del mes de julio.

“En casa la tradición es que el día del cumpleaños de mis hijos, yo los despierto cantándoles -dice Yamilet Lugo, madre del chico-. ¿Cómo iba a hacer eso si mi hijo estaba muerto?”

Las desgracias sufridas por Venezuela a lo largo de este año han sido innumerables. La inflación obligó a los empleados de oficina a abandonar las ciudades y a meterse en pozos de minas en medio de la selva, exponiéndose a las bandas armadas y los brotes de malaria con tal de ganar algo para sobrevivir.

Los médicos se prepararon para operar en mesas con sangre ante la escasez de agua para higienizar los quirófanos. En los hospitales psiquiátricos, los pacientes debieron ser atados a las sillas por falta de medicación contra las alucinaciones.

El hambre ha hecho que muchos se dediquen al saqueo y que otros se lancen al mar en botes destartalados para escapar de Venezuela.

El barrio donde viven los Lugo está ubicado en los márgenes de la que alguna vez fue una próspera ciudad petrolera, pero que desde hace tiempo carece de lo más básico, como el pan o la harina de maíz.

Yamilet dice que en el hospital no había respiro. Al igual que tantas clínicas en Venezuela, la de Maturín carece de insumos básicos, como el suero, y la familia debió recorrer toda la ciudad y lidiar con los traficantes del mercado negro para conseguirlo en las horas previas a la muerte de Kevin.

“Este chico murió así sin ninguna razón”, dice Lilibeth Díaz, su tía, parada frente a la tumba del joven, donde el nombre Kevin fue escrito con el dedo sobre el cemento fresco por uno de sus amigos.

El médico dice que la escasez de insumos es crónica y que los pacientes tienen que salir a buscarlos y comprarlos ellos mismos, como la solución fisiológica que le faltó a Kevin.

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