Policiales

El caso de la mujer que denunció a policías y teme que la maten

Liliana Herrera tiene un puesto cerca de La Salada. Fue secuestrada por policías, que la detuvieron ilegalmente 5 horas y abusaron de ella

domingo 4 de diciembre de 2016 - 12:03 pm

Cuando le dijeron que los policías a los que había denunciado por secuestro y abuso sexual estaban a punto de quedar libres, Liliana Herrera decidió irse lejos. Viajó más de 2.800 kilómetros. Desesperada, recorrió ferias en las que se mezclaban comidas típicas y artesanías con sanadores y videntes.

Visitó iglesias y subió los 1.399 escalones para llegar al Cristo de la Concordia, en la ciudad boliviana de Cochabamba. Sintió que había encontrado algo de paz, aunque una respuesta se repetía cada vez que le leían el futuro en las hojas de coca: “Tu vida está en peligro”.

Esa era la misma sensación que tenía Liliana desde el 1° de junio, cuando escuchó por primera vez una frase que le sigue retumbando en la cabeza: “Vas a aparecer tirada en el Riachuelo”. Ese día un móvil blanco la sorprendió en la feria que se arma miércoles y sábados sobre la avenida Olimpo, cerca de La Salada, en Lomas de Zamora.

Tres policías la llevaron hasta la comisaría 10° de Ingeniero Budge. Allí la tuvieron durante más de cinco horas sin registrar su ingreso. En su declaración denunció todo tipo de amenazas y acusó al jefe de la seccional de haberla abusado.

Según detalla el diario Clarín, dos semanas después fueron detenidos dos policías: eEl subcomisario Eliazar Omar Beckman (45) fue acusado de “privación ilegítima de la libertad”, “extorsión” y “abuso sexual gravemente ultrajante”; al oficial Gerardo Ibarra (30) le imputaron los dos primeros delitos.

Ambos fueron liberados un mes más tarde, luego de que el Juzgado de Garantías N° 6 de Lomas de Zamora les concediera sorpresivamente la excarcelación.

Es que en medio del proceso, la causa cambió de manos: pasó del fiscal Leonardo Leonardo Kaszewski a Carlos Baccini, quien centralizaba 17 expedientes vinculados a La Salada y a la comisaría de Budge.

Al momento de pedir la prisión preventiva, Baccini mantuvo la acusación por privación ilegítima de la libertad, al considerar que los policías no habían cumplido los pasos previstos por la ley para informar una detención. Sobre los otros delitos, como el abuso sexual, consideró que “las nuevas probanzas colectadas con posterioridad no logran intensificar la sospecha inicial”.

A fines de julio Liliana escapó a Bolivia. “Sentía que estando acá ponía en peligro a mis hijos”, recuerda. Su estadía en Cochabamba se cortó por un llamado que recibió desde Buenos Aires. Su familia le contó sobre llamados extraños que habían recibido, de gente que decía trabajar para los fiscales que estaban investigando su denuncia, luego de a finales de junio la Fiscalía General de Lomas de Zamora decidiera pasar las causas vinculadas a La Salada a un cuerpo de instructores.

“Se me vino el mundo abajo. Decidí volver porque no me gusta estar escapándome”, explica. Cuando se presentó en los tribunales confirmó su sospecha. “Preguntó si la estaban llamando y la respuesta fue no”, confirmaron fuentes judiciales.

Las amenazas reaparecieron en octubre. Fue un miércoles de feria. Herrera cuenta que mientras viajaba hasta la avenida Olimpo tuvo un mal presentimiento. En el auto sintió ganas de vomitar. Le sonó el teléfono y escuchó los gritos de Claudio, su esposo. “Lili, nos pusieron”, le decía. De atrás se sentían los gritos de su hija: “Mamá, me quieren matar”.

Cuando llegó se encontró con una patota que rodeaba la camioneta de su pareja. Adentro, escondida debajo del asiento, estaba la nena. “Decían que eran los ‘nuevos cobradores’ y recorrieron todos los puestos amenazando a los feriantes”, asegura.

Según su relato, el grupo estaba comandado por un hombre de gorra que le rompió su celular y tuvo una charla con un policía que se había acercado, alertado por los gritos. “Le pasó un teléfono, como si lo estuviera comunicando con alguien. Después de esa conversación el agente se fue. Me dijo que tenían banca”, denuncia.

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