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Salud

Algunos consejos para evitar la caída del cabello

¿Cuáles son las recomendaciones necesarias que favorecen a una melena sana? Te presentamos 10 indicaciones muy útiles

La caída del cabello no es sólo una cuestión estética. Si bien este fenómeno influye en la imagen de quien lo padece, también afecta notablemente la autoestima de la persona.

Para evitarlo y combatirlo, hay hábitos y tratamientos que pueden ser útiles.

Beber al menos dos litros de agua diarios: la hidratación es fundamental para un cabello sano. Esta cantidad de agua, vale aclarar, se contabiliza aparte de las infusiones que cada persona ingiera.

Si bien es una advertencia que hacen los expertos capilares, especialistas de la salud aseguran que no hay evidencia en la literatura médica al respecto.

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Mantener una dieta equilibrada: comer sano es determinante. Adquirir nutrientes y vitaminas es el primer paso para enfrentarse a la caída del pelo. Entre los elementos imprescindibles, expertos mencionan el hierro y las vitaminas A, B, C, D y E.

Solucionar posibles problemas de caspa: patologías preexistentes pueden incidir en la pérdida de cabello. Por ello, resolver temas como esta formación de costras en el cuero cabelludo es indispensable.

Evitar exceso de azúcares y de sal: varios estudios aseguran que el azúcar en grandes cantidades altera los niveles hormonales y dificulta la llegada de la vitamina B, importante para el pelo. La sal, por su parte, reseca el cuero cabelludo. Médicos aseguran que estados de hiperglucemia se asocian a déficit de oligoelementos indispensables para el pelo como selenio, zinc, etc.

No fumar: el tabaco provoca debilidad capilar. El stress oxidativo asociado al tabaquismo se relaciona con la alteración en la calidad cosmética de la fibra capilar, advierten especialistas.

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Evitar las situaciones de estrés: la ansiedad, las preocupaciones y la tensión también pueden provocar este padecimiento, mediante mecanismos llamados efluvios.

Dormir al menos 6 horas: aunque no está confirmado por evidencia médica, se cree que el cansancio provoca tensión en el cuero cabelludo. Esto deriva en el estrangulamiento de la raíz y la posterior caída del pelo.

No caer en los remedios caseros: el boca a boca propone gran cantidad de brebajes y consejos para enfrentarse a la pérdida del cabello. Sin embargo, su evidencia científica puede ser nula y, consecuentemente, también dañina para la salud.

Acudir a expertos ante los primeros síntomas: especialistas capilares y dermatólogos son las personas correctas para diagnosticar y tratar este mal. La consulta precoz es fundamental para un tratamiento a tiempo. Una vez hecha la consulta, el paciente puede optar por los diferentes productos y métodos con que hará frente al hecho.

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Ser constante en los tratamientos: ningún padecimiento desaparece de un día para el otro. Tomar la cuestión con seriedad y perseverancia elevará el porcentaje de éxito en el proceso.

Fuente: Entremujeres

Salud

Cuáles son los ejercicios más efectivos para perder peso

Qué reveló un estudio científico al respecto

Son varios los factores que influyen en el peso de una persona, incluidos los relacionados con el estilo de vida y la genética. En una investigación, los científicos identificaron algunos ejercicios específicos que al parecer son más convenientes para mantener un bajo peso, incluso si los genes se resisten a ello.

De acuerdo con un estudio llevado a cabo con 18.424 adultos con edades entre los 30 y 70 años, las formas más efectivas de reducir el índice de masa corporal (IMC) en individuos predispuestas a la obesidad son: trotar regularmente, escalar montañas, hacer caminatas rápidas, bailar (a un “estándar internacional”), y realizar extensas sesiones de yoga.

Mientras que los ejercicios que incluyen ciclismo, estiramiento y natación  no parecen tener la eficacia para contrarrestar el sesgo genético (aunque benefician mucho en otros aspectos).

Según explican los autores del estudio en un artículo publicado en la revista PLOS Genetics, los hallazgos muestran que los efectos genéticos en las medidas de obesidad pueden reducirse en diferentes grados al realizar diferentes tipos de ejercicio. Los beneficios del ejercicio físico regular son más impactantes en quienes están más predispuestos a la obesidad.

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Además del IMC, los científicos también analizaron otras cuatro medidas de obesidad para obtener una imagen más completa: porcentaje de grasa corporal (BFP), circunferencia de la cintura (WC), circunferencia de la cadera (HC) y relación cintura-cadera (WHR).

Trotar regularmente (30 minutos, tres veces por semana) resultó ser la forma más efectiva de contrarrestar los genes de la obesidad en todos los participantes del estudio. Por otra parte, señalaron específicamente que las actividades en agua fría, como la natación, podrían estimular el apetito y hacer que coman más.

El estudio pudo demostrar que tener una disposición genética hacia la obesidad no significa que esta condición no se pueda evitar. El tipo correcto de actividad, realizada regularmente, puede luchar contra ese código genético incorporado.

E indicó que la obesidad es causada por la genética, los factores del estilo de vida y la interacción entre ellos. Si bien los materiales hereditarios son innatos, los factores del estilo de vida pueden ser determinados por uno mismo.

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Cabe señalar que no todas las formas de ejercicio fueron lo suficientemente populares entre la población de la muestra como para ser incluidas: actividades como el entrenamiento con pesas, tenis de mesa o basquet también pueden o no ser efectivas.

Fuente: Grandes medios

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Salud

Cómo tener las bolsas organizadas y que ocupen menos espacio

El paso a paso para guardarlas según su material

Las bolsas, ya sean de plástico, de rafia o de tela, ocupan espacio cuando las guardamos. Sobre todo, si lo hacemos de cualquier manera. Con estos trucos para doblarlas según su material, ocuparán mucho menos y podrás tenerlas ordenadas.

Bolsas de plástico

Paso 1. Estirala bien sobre la encimera, tirando de las esquinas para que quede completamente lisa.

Paso 2. Doblala a la mitad a lo largo, haciendo coincidir las esquinas. Hacelo dos veces o hasta que tenga un ancho similar al ancho de los dedos de la mano (quitando el dedo gordo).

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Paso 3. Agarrando la bolsa doblada por uno de los laterales comenzá a hacer triángulos con ella, girando la bolsa sobre sí misma. Empezá por la parte de abajo de la bolsa.

Paso 4. Cuando no quede más que doblar, meté el rabillo que queda suelto en uno de los pliegues.

Si la bolsa es cuadrada con un asa, seguí el método del bolsillito:

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Paso 1. Igual que antes, extendé bien la bolsa sobre una superficie plana.

Paso 2. Meté una de las asas dentro de la bolsa y doblala en tercios. Primero uno de los lados y después el otro.

Paso 3. Volvé a doblarla en tercios, pero esta vez a lo largo, dejando el asa en el medio del paquetito.

Paso 4. La bolsa quedará con el asa en el medio del paquete, con una apertura por donde podrás meter la mitad de la bolsa sobrante. El resultado es un paquetito con asa para que puedas agarrarla con facilidad.

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Con este truco harás que las bolsas de plástico ocupen mucho menos espacio. Después, podés guardarlas en una bolsa de tela o en una caja.

Las bolsas de rafia, por su parte, tienen una gran capacidad, son resistentes y, gracias a sus dobles asas, son cómodas de llevar. Pero, para que no ocupen espacio en tu casa, podés doblarla del siguiente modo, que te servirá también para bolsas de tela o cualquier otro material resistente, siempre que sea cuadrada y tenga asas.

Paso 1. Estirá bien la bolsa, tomándola de las esquinas y con los pliegues originales de la misma, tanto en los laterales como en la parte de la base. Así quedará completamente estirada.

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Paso 2. Meté una de las asas dentro de la bolsa, dejando fuera la que está tocando la superficie.

Paso 3. Doblá en tres tercios la bolsa, primero un lateral y después el otro.

Paso 4. Volvé a doblar la bolsa en un tercio por el lado del asa, dejándola en el medio.

Paso 5. Pasá el asa por el tercio del otro lado y doblá el tercio restante de la bolsa, metiéndolo por la apertura central.

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Después podrás guardarlas en una caja o en un cajón de la cocina para tenerlas a mano para cuando vayas al súper.

Fuente: El mueble

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Salud

Acido fólico: ¿para qué sirve y en qué alimentos se encuentra?

Cuál es la función de la vitamina B9 en el organismo

El folato o B9 es una vitamina del complejo B necesaria a todas las edades pero fundamental durante períodos como la lactancia, la adolescencia y el embarazo. Su ingesta antes y durante el primer trimestre del gestación previene la espina bífida

El folato y el ácido fólico son formas de vitamina B soluble en agua. El folato está presente de manera natural en los alimentos, y el ácido fólico es la forma sintética de esta vitamina.

– Participa en la formación y mantenimiento de nuevas células, proteínas estructurales y glóbulos rojos normales.

– Interviene en el desarrollo del tracto intestinal, los órganos sexuales y los glóbulos blancos.

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– Ayuda a prevenir la anemia y ciertos cambios en el material genético que podrían predisponer al cáncer.

– Regula la homocisteína en sangre, sustancia que se relaciona con el riesgo de enfermedades del corazón.

El consumo suficiente de ácido fólico antes de la concepción y al menos durante el primer trimestre de embarazo es importante porque contribuye al normal desarrollo del feto ya que interviene en la división celular y en la formación del sistema nervioso.

Se encuentra en:

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– Levadura de cerveza, germen de trigo y semillas de girasol.

– Hortalizas de hoja verde (brócoli, espárrago, espinaca, lechuga, acelga).

– Frutas (bananas, melones y limones)

– Vísceras.

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– Legumbres y cereales integrales.

– En menor proporción: Carnes y frutas secas.

Para preservar los beneficios de la vitamina B9 es indispensable tener conciencia de que la misma se destruye muy fácilmente con la luz, el calor, la oxidación y la cualquier tipo de cocción, pudiendo llegar a perder el 50% de su potencia con una cocción prolongada. Además, su potencia disminuye cuando el alimento fuente es procesado en forma industrial.

Todo esto hace que la carencia de este nutriente sea bastante común como resultado de:

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– Una dieta deficiente en alimentos de origen vegetal.

– Problemas de absorción por trastornos intestinales o después de una cirugía estomacal o intestinal.

– Presencia de trastornos metabólicos a causa del abuso de alcohol y otras drogas.

– Mayor demanda provocada por una situación biológica como embarazo, lactancia, edad avanzada o estrés excesivo.

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– Adicción al alcohol.

– Uso de píldoras anticonceptivas.

Fuente: Web Dr. Cormillot

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