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Salud

Pan tostado: el causante del envejecimiento prematuro

La culpa de esto no es del pan en sí mismo, sino de una reacción química conocida como glicación, que da lugar a productos tóxicos dentro del organismo que están relacionados con el proceso de envejecimiento

Según detalla el medio El País las glicotoxinas tienen un papel fundamental en el envejecimiento acelerado y el desarrollo de enfermedades crónicas relacionadas con la edad, tales como la diabetes, el fallo renal y la enfermedad cardiovascular y esto es visible en la dermis, ya que éstas se acumulan en los fluidos, órganos internos y externos lo que da lugar a más arrugas.

Dentro de los alimentos que producen esta nociva reacción química está el azúcar. Glicación proviene de la palabra Glucosa y es el resultado de la reacción del organismo con los azúcares que consumimos en los alimentos, lo que es cada vez más frecuente debido a nuestros malos hábitos alimentarios.

De hecho, la revista Nature coloca a este alimento al mismo nivel nocivo que el alcohol y el tabaco, debido a que es perjudicial y, además, genera adicción.

La glucosa proveniente de los carbohidratos, al encontrarse con las fibras de colágeno y elastina, se adhiere a ellas, las vuelve rígidas y éstas se van “caramelizando”, como es el caso del pan tostado.

Otra posibilidad de acelerar el envejecimiento es consumir alimentos que ya están glicosilados, porque este proceso de “caramelización” también puede ocurrir por la acción de altas temperaturas de cocción, como por ejemplo las frituras.

A esto se suma también los tradicionales asados, donde la carne y la grasa entran en contacto directo con el fuego, pues durante este proceso de cocción se originan productos tóxicos que aceleran el envejecimiento y perjudican la salud.

¿Cómo se puede evitar el envejecimiento? Los expertos recomiendan limitar el consumo de estos alimentos, como los panes tostados, frituras y carne asada.

Además, se aconseja utilizar técnicas de cocinado saludable, como el horneado, la plancha o el vapor, ya que preservan la mayor parte de los nutrientes y contienen bajas o nulas cantidades de contaminantes, como glicotoxinas y acrilamida.

 

Fuente: La Gran Época

Salud

Consejos para mantener limpio tu cepillo de dientes

Un cepillo limpio y en buenas condiciones permite realizar una higiene bucodental correcta y efectiva

Mantener el cepillo de dientes limpio es fundamental para garantizar una adecuada salud bucal. El contacto con las bacterias, restos de comida y pasta dental, sumados a la humedad, pueden provocar que no garantice una higiene oral correcta.

1. Lavarlo para mantenerlo limpio

Después de usarlo, lo más recomendable es lavarlo bajo el agua de la canilla. Debajo del chorro se deben frotar las cerdas de manera enérgica con el dedo pulgar. Usar agua caliente puede contribuir a eliminar con más facilidad los restos de pasta y alimentos que hayan quedado atrapados entre los filamentos. Una vez limpiado, se lo debe sacudir para retirar la humedad y colocarlo en un vaso o portacepillo con el cabezal hacia arriba para que se seque.

Un buen truco para usar el cepillo limpio y seco en cada lavado es disponer de dos de estos instrumentos. Así podrás alternar su uso. Antes de emplear el cepillo y colocar la pasta, también es conveniente enjuagarlo. De esta manera, se eliminan las nuevas bacterias del ambiente que se hayan podido acumular. Una medida preventiva extra es lavarse las manos antes y después de higienizarse la boca. Esto reduce las posibilidades de contaminación.

2. Guardarlo en un lugar adecuado

Lo ideal es colocarlo en un soporte que permita que sus cerdas queden al aire libre y puedan secarse. Evitar guardarlo en un cajón o estuche. Tampoco se le deben colocar capuchones que encierren el cabezal. El sitio donde se guarde debe ser lo más limpio y seco posible, pues la humedad favorece el crecimiento de moho y la proliferación de bacterias que no son naturales en la boca.

Además, es importante que a la hora de guardalo se trate de colocarlo lejos de los de los demás, o al menos que no contacten unos con otros ya que esta cercanía favorece la transmisión de microrganismos patógenos.

Y aunque es común que se guarde en el cuarto del baño, esto no es lo más conveniente. Al vaciar el inodoro se pueden esparcir bacterias dañinas que se depositan en todas las superficies, incluyendo los elementos de higiene oral.

3. Verificar su estado y cambiarlo cuando es necesario

Observar el estado de las cerdas y el mango de manera habitual permite reconocer cuándo este elemento está muy deteriorado y ya no es capaz de cumplir su función. Debe verse limpio e íntegro. Las cerdas abiertas o deshilachadas y un instrumento decolorado o con residuos imposibles de eliminar indican que es momento de descartarlo.

También es oportuno reemplazar los cepillos de dientes de toda la familia si algún miembro ha sufrido una enfermedad infecciosa. De esta manera, se evita la transmisión y el contagio a los demás del grupo conviviente.

4. Nunca compartirlo

El uso por dos personas distintas podría resultar en un intercambio de microorganismos y fluidos corporales. Esto desajusta la flora microbiana propia y puede favorecer el contagio de patologías orales y sistémicas.

5. Transportarlo de manera adecuada

A la hora de viajar no puede ir suelto y en contacto con los demás objetos del equipaje, pues las cerdas se contaminarían y usarlas en la boca sería riesgoso. En estos casos sí es recomendable guardarlo o cubrir su cabezal con un estuche especial para tal fin. Es importante que estos recipientes de almacenamiento estén limpios.

Fuente: Mejor con salud

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Salud

Trucos para distinguir la miel buena de la adulterada

Seis métodos para consumir la mejor miel posible

Es importante notar las diferencias entre una miel natural o un producto adulterado con otra sustancia. La pura y natural puede tener muchos beneficios tales como carbohidratos, proteínas, minerales como el potasio y el calcio y vitaminas como la C, B y K.

En este sentido, existen métodos para poder lograr esta distinción entre si es “fiel” o está mezclada con otros productos.

1- El primer consejo es leer con atención las etiquetas que aparecen en el envase, para comprobar si realmente se trata de un producto original natural de calidad, o si contiene mucho azúcar.

2- Otro truco es, para los más acostumbrados a su consumo, revisar la propia miel en sí para ver si es pura o no. La natural suele ser más oscura y opaca, y las que no son naturales (generalmente de supermercado) son muy claras. No obstante, hay que tener factores en cuenta como las impurezas como la cera o el polen de las abejas, la densidad y la baja humedad (la natural suele ser más espesa que la procesada), entre otros.

3- El tercer truco radica en derramar la miel en un vaso con agua caliente y dejarla durante un rato. Si se disuelve o se mezcla con el agua, es probable que sea adulterada, pero si la mayor parte continúa en el fondo o tiene grumos, es más probable que sea natural.

4- Otro método puede ser usando un pedazo de pan y sumergirlo en la miel. Si se mantiene duro es pura, pero si se ablanda se trata de un producto adulterado.

5- Echar vinagre a la miel, sabiendo que si se genera espuma al vertirlo, estamos hablando de una adulterada, mientras que si no pasa nada es natural.

6- Usar un papel para derramar la miel allí; si está adulterada, el papel se va a mojar, mientras que si es pura solo va a estar un poco pegajoso.

Fuente: Cien radios

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Salud

Seis pasos para preparar pastas caseras

Cómo hacerlas sin necesidad de máquina

No necesitás una máquina para preparar pasta fresca en casa. Tomá nota de lo que necesitás y el paso a paso para elaborarla vos mismo en 40 minutos.

Ingredientes:

200 gramos de harina 0000

2 huevos

1 cucharada de aceite de oliva

1 pizca de sal

Preparación:

– En la mesa de trabajo colocá la harina y forma un volcán en el centro para agregar los 2 huevos, el aceite de oliva y la pizca de sal. Con tus dedos o con un tenedor, rompé los huevos y mezclá todos los ingredientes líquidos. Una vez los tengas, empezá a mezclar poco a poco la harina con los ingredientes.

– Cuando la masa empiece a tomar consistencia, empezá a amasar hasta obtener una masa que no se pegue en tus manos o en la mesa de trabajo. Formá una bola lisa y cubrí con papel film. Dejá reposar durante 30 minutos.

– Espolvoreá un poco de harina sobre la mesa de trabajo y colocá la masa en el centro. Con ayuda de un palo estirá hacia adelante y hacia atrás, girá la masa y repetí hasta lograr una masa muy delgada.

– Para cortar la pasta en tagliatelle, doblá la masa de los extremos hacia adentro con pequeños pliegues, repetí hasta que se encuentren en el centro ambos extremos. Doblá hasta que quede un extremo arriba de otro. Cortá con un cuchillo cortes de 1⁄4 pulgada.

– Para cortar la pasta en corbatines, cortá los bordes dejando líneas rectas alrededor. Cortá tiras con la parte rizada del cortador de aproximadamente tres dedos y cortá los cuadros con la parte lisa del cortador del mismo tamaño.

– Para darles forma, tomá un cuadro de masa, hacé presión con los dedos plegando la masa hacia el centro. Presioná con fuerza, pero con cuidado para sellar. Dejalos secar durante una hora antes de cocinarlos para que no pierdan la forma. Te alcanzará para unas tres porciones.

Fuente: Univisión

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