Haciendo Memoria

El dictador más temido de la historia era adicto al semen de toro: Hitler, el hipocondríaco

Según un documental emitido por la cadena National Geographic, el Führer tomaba unas 70 medicinas al día para mantenerse vital y de buen humor, incluyendo morfina, metanfetaminas y heroína. Todas eran prescriptas por su médico, Morell

jueves 26 de marzo de 2015 - 12:08 pm

Adolf Hitler era muchas cosas para sus soldados: un referente, un líder, una suerte de ídolo y, al parecer, la imagen de la vitalidad. Sin embargo, y según reveló un documental de la National Geographic, el Führer se mantenía en ese estado de ánimo gracias a las más de 70 medicinas que tomaba por orden de su médico personal, semen de toro para aumentar el deseo sexual incluido.

Aunque el documental no es nuevo, la noticia volvió a llamar la atención porque se repetirá este 7 de abril, mes en que, durante 1945, Hitler se escondió bajo el búnker de la Cancillería con el cuchillo entre los dientes mientras las tropas soviéticas avanzaban hacia Berlín . No sería raro tampoco que se haya aprovechado esta fecha, pues además este año se cumple el 70 aniversario de la toma de la capital del Reich y de su suicidio.

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Lo más polémico del documental es la afirmación, de varios de los expertos, de que el líder nazi era un hipocondríaco que consumía regularmente varios fármacos (incluyendo tranquilizantes, morfina y metanfetamina) para poder mantenerse “sereno”. Los investigadores afirman haber tenido acceso a documentos clasificados del líder nazi -tales como varias cartas enviadas a su médico personal, Theodore Morell- en los que se afirma que el Führer era adicto a múltiples drogas y medicinas.

Pero no era un autodidacta de la farmacología, sino que su médico de cabecera, Morell, era quien le recetaba sus pastillas y que, por ello, era odiado por muchos de los oficiales de Hitler. “Morell no mostraba verdadero interés por la política, no era una persona adecuada para estar en el séquito de Hitler. Además solía eructar y tenía un horrible olor corporal”, explica en el reportaje Richard Evans, de la Universidad de Cambridge.

Sin embargo, y a pesar de que la misma Eva Braun había solicitado a Hitler que se deshiciera de él, el Führer consideraba que su ayuda era de vital importancia para poder mantenerse mentalmente en forma en todo momento. Y es que muchos de los procedimientos recetados eran, por ejemplo, utilizar sanguijuelas para evitar el estrés, o un medicamento utilizado por los veterinarios para dormir animales.

Según informa ABC.es, en 1943, cuando la salud mental del nazi empeoró debido a la presión de la contienda, Morell usó “artillería pesada” y recetó a su paciente medicinas y drogas como morfina y heroína.

A su vez, llegó a inyectar en varias ocasiones a Hitler extracto de semen de toro para que le diera un “impulso de testosterona” cuando se encontraba junto a Eva Braun.

Tampoco faltaba en su armario de medicinas el Pervitin, un derivado de la metanfetamina que Hitler consumía seguido durante sus últimos días en el búnker y que le permitía estar animado a pesar de que los soviéticos ya se hallaban a las puertas de Berlín. De hecho, los expertos consultados por la cadena señalan que fue después de que Morell se marchara de la ciudad (el 22 de abril) cuando el líder nazi empezó a hablar de suicido.

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