Caso Ángeles

Señalan a Mangeri como un acosador

Relataron cuatro casos previos al homicidio de Ángeles

jueves 19 de marzo de 2015 - 9:40 am

Diana Saettone escuchó durante dos horas a cinco vecinos del edificio de Ravignani 2360 afirmar bajo juramento que su esposo, Jorge Mangeri, le regalaba bombones a una chica de 20 años que cuidaba niños; que una empleada doméstica renunció porque estaba cansada de las propuestas sexuales que le hacía el portero, y que molestaba a las chicas que vivían en la casa tomada, situada al lado del inmueble en el que fue asesinada Ángeles Rawson.

Mientras los testigos detallaban el contenido de las propuestas que el portero les hacía a las mujeres, Saettone, nerviosa y molesta, sentada tres filas más atrás, se tapaba la boca con una mano y miraba la nuca de su esposo.

Ella y Mangeri habían perdido el contacto visual que habían mantenido durante las seis audiencias anteriores. Entonces, el acusado por el homicidio de Ángeles le pidió a su abogado que solicitara a los jueces del Tribunal Oral Criminal N° 9 autorización para no volver a presenciar el juicio.

La mayoría de los testigos que declararon ayer expusieron a Mangeri como un acosador. Ayer fueron revelados dos nuevos hechos, que se suman al de cuatro mujeres que habrían sido acosadas por el portero acusado del crimen ocurrido el 10 de junio de 2013 en el edificio de Palermo.

Mónica Lospinato, vecina del 5° “A”, recordó que una empleada suya le dijo que cuando empezó a trabajar en su casa, en 2011, y cuando tenía sólo 20 años, Mangeri la esperaba en la puerta del edificio y le regalaba bombones Bon o Bon. Si bien la empleada le comentó que al principio ése le pareció un gesto simpático, con el paso del tiempo la situación había empezado “a darle miedo”.

“En los últimos tiempos, Zunilda lo había notado más «zarpado» y contó un episodio en el cual Mangeri la siguió por la calle y le preguntó adónde iba a bailar”, dijo Lospinato, quien además recordó que a veces la chica le regalaba los bombones a una de sus hijas o “los tiraba a la basura”.

“En ningún momento pensamos que podíamos tener un peligro dentro del edificio”, afirmó la abogada, quien aclaró que no mencionó este episodio, ocurrido una semana antes del homicidio de Ángeles, durante la instrucción de la causa porque se enteró de él con posterioridad.

Ayer, también declararon Elsa Nieves González, de 80 años, y su esposo, Ángel Montanari, de 81, que desde hace 17 años viven en el departamento 2° “B” de Ravignani 2360. Ante el tribunal integrado por los jueces Ana Dieta Herrero, Fernando Ramírez y Jorge Gettas, González dijo que tuvo una empleada -de la cual no recordaba su nombre-, que también había sido suplente de Mangeri cuando al portero lo operaron de una rodilla, que trabajó durante un tiempo en su casa, pero renunció cansada de los presuntos acosos a los que la sometía el encargado.

“Le dijo a mi esposo que se iba porque había tenido un acoso sexual o una insinuación del señor Mangeri”, dijo la testigo, quien aclaró que en ese momento no le dio importancia al hecho, ya que “de ninguna manera pensaba que el encargado pudiera haberlo hecho”.

La jubilada afirmó que hasta el homicidio de Ángeles su impresión sobre el encargado “era muy buena”, pero al final de su testimonio manifestó sentirse culpable por no haber avisado a la administración sobre la denuncia de su empleada.

La otra mujer que se refirió a los supuestos acosos de Mangeri fue una empleada doméstica que vivía en la casa usurpada situada al lado del edificio en el que mataron a Ángeles.

Mañana declarará en el juicio la empleada de una inmobiliaria a la que Mangeri le habría ofrecido dinero para tener sexo con él.

 

Fuente: La Nación

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