Mensaje navideño

La Iglesia llamó a “aspirar a la concordia entre argentinos”

En su mensaje navideño, el presidente de la Conferencia Episcopal, José María Arancedo, aseguró que "no podemos negar los problemas"

miércoles 25 de diciembre de 2013 - 9:45 am

El arzobispo de Santa Fe y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), monseñor José María Arancedo, llamó a la “concordia” entre los argentinos y a profundizar la “cultura del encuentro”, al leer esta mañana su mensaje navideño en la sede del Arzobispado.

“Aspirar a la concordia entre los argentinos como un bien superior a una pertenencia partidaria o ideológica. Esto es posible si todos apostamos con grandeza y responsabilidad a un diálogo sincero como base de una cultura del encuentro, de la inclusión y la amistad social. Estamos ante un desafío que nos involucra a todos, especialmente a la clase dirigente, y es el de crear las condiciones de una sociedad más confiable, más honesta y cordial, más justa y solidaria”, sostuvo el prelado.

[pullquote position=”right”]Monseñor José María Arancedo pidió a los argentinos “aspirar a la concordia como un bien superior”. [/pullquote]El arzobispo llamó a “volver la mirada a esas realidades cercanas y valiosas por su potencial cultural e inclusivo” como “la familia, la escuela, el trabajo y la ejemplaridad”. Y añadió: “Esto lleva tiempo, no tiene la magia de una promesa inmediata, pero es el camino más seguro para orientar el presente y asegurar el futuro de nuestra Patria. Como un hijo de Dios…me acercaré al pesebre para pedirle al Niño de Belén que me dé un corazón que me permita amar y servir a mis hermanos, especialmente a aquellos que más lo necesitan”.

El presidente de la CEA destinó la parte central de su mensaje a “muchos chicos que viven expuestos a la moderna esclavitud de la marginalidad”. Se refirió al “flagelo de la droga que deteriora la vida y el futuro de muchos jóvenes” al mismo tiempo afirmó que “es su misma vida la que reclama actitudes definidas contra el delito del narcotráfico, como de prevención y ayuda al adicto”.

“Lo vemos en ese número de chicos y de jóvenes que no estudian ni trabajan, y viven expuestos a la moderna esclavitud de la marginalidad. En la inseguridad y la violencia. En la brecha entre ricos y pobres que condiciona un auténtico crecimiento. Estos hechos atentan contra la vida y son signos de nuestra fragilidad”, enfatizó Arancedo.

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