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Cultura

El fileteado porteño podría ser patrimonio de la humanidad

“El filete es el arte que pasó más rápidamente del gallinero al museo”, aseguró el famoso pintor Nicolás Rubió, uno de los primeros impulsores de esta técnica artística

El presidente de la Asociación de Fileteadores, Fernando ‘Memo’ Caviglia, declaró que trabajan en la actualidad desde la organización que dirige para la presentación formal del filete porteño como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.
[pullquote position=”right”]El filete podría ser patrimonio de la humanidad[/pullquote]

Para llegar al reconocimiento se debe pasar por varias etapas. “El filete porteño es un arte muy nuestro y muy ligado a nuestras raíces, pero también muy olvidado y, a veces, ignorado”, sostuvo Caviglia, en diálogo con el diario La Nación, y agregó que esta es una oportunidad de reivindicación histórica.

Por su parte, el famoso pintor Nicolás Rubió dice ser el fan número uno del arte porteño del Fileteado. “Soy el primer admirador del filete, aunque no lo pinto; sólo un porteño lo puede hacer”, aseguró antes de contar su historia, aquella que lo trajo a Argentina.

Rubió nació en la España amenazada por la Guerra Civil y vivió su infancia en Vielles, un pueblo de una veintena de casas al sur de Francia, hasta que a los 20 años emigró con sus hermanos a la Argentina, donde estudió pintura, un arte que venía ensayando en cuadernos, algunos de los cuales conserva.

Para este artista el filete fue uno de sus primeros amores en este país del que no conocía ni su idioma. Se trata del arte que él veía rodar en carros y camiones, sobre todo cerca de los mercados porteños de 1950, de acuerdo al diario La Nación, que entrevistó a Rubio.

Enamorado de este arte urbano, Rubio llevó adelante uno de sus mayores desafíos en el que lo acompañó su esposa, la escultora Esther Barugel: llevar esas pintorescas tablas a una exposición en una galería de arte.

“El filete es el arte que pasó más rápidamente del gallinero al museo”, aseguró el pintor. Y no exagera: tiene anécdotas de cómo rescató tablas del fondo de los patios para exhibirlas en la galería Wildenstein, la única que aceptó esa “locura” que ellos proponían.

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