Tecnología Social

Lanzan el primer vibrador hackeable

¿Un inventivo para que el público femenino se interese por la programación? Este es el vibrador que podes enchufar a tu computadora para programar sus tres motores independientes como más te guste

miércoles 14 de enero de 2015 - 2:04 pm

Nunca lo pediste, pero acá está. Mod es el vibrador que vas a querer comprar si buscas estar en lo último del desarrollo tecnológico, y claro, pasar un buen rato.

Para volverse realidad, este proyecto de vibrador customizable (que se puede modificar a gusto del usuario) necesita 50.000 dólares.

Sus creadores no solo presumen de su diseño o de los tres motores independientes que se encargan de personalizar la vibración tanto en intensidad como en frecuencia, pudiendo funcionar conjuntamente o de forma independiente. Su verdadero valor es que, basado en Arduino, invitan a que nos descarguemos programas que cualquiera pueda compartir e incluso echarle imaginación a la hora de incluir sensores que lo pongan en marcha.

Mod es un vibrador que pide ser hackeado para personalizar la experiencia.

Nada más abrir la caja, el vibrador Mod viene listo para ser usado, incluyendo un mando bastante “juguetón”, pero lo interesante es ponerse manos a la obra aprovechando que hay un mundo Arduino en su interior, el cual ha tenido que ser modificado para soportar la potencia de los vibradores que debe mover.

vibrador custom 01

El puerto USB es la llave a todo ese mundo desconocido todavía: la posibilidad de personalizar las vibraciones libremente. Ese puerto admite que se le conecte cualquier tipo de sensor o dispositivo que queramos que tome parte de la experiencia con este juguete sexual. Desde música a un sistema táctil pasando por sensores de ritmo cardíaco que podrían dar la posibilidad de crear una aplicación para que el ritmo de vibración del juguete fuera aumentando de ritmo o ajustándose a nuestras pulsaciones.

El modelo base cuesta unos 160 dólares, pero lo más interesante queda sin duda del lado de la comunidad. Después dicen que no hay incentivos para que las mujeres se vuelvan programadoras.

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