Indigencia

Dura realidad: más de dos millones de niños y jóvenes sufren hambre en Argentina

Desde el año 2007 los argentinos no cuentan con estadísticas oficiales de la pobreza e indigencia. Expertos advierten que hacen falta políticas de salud activas y no más alimentos

sábado 10 de enero de 2015 - 10:11 am

La muerte del niño Qom Néstor Femenía, de siete años de edad, a causa de un cuadro de tuberculosis con desnutrición asociada (pesaba sólo 20 kilos) dejó al descubierto una vez más la gran contradicción de la Argentina: en un país capaz de satisfacer los requerimientos calóricos de 400 millones de personas, aún subsisten niños desnutridos y hogares con hambre.

Las cifras arrojadas por privados son escalofriantes. Según el cuarto informe del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia de la UCA, el 38,8% de los niños y jovenes urbanos (casi 5 millones de menores) viven en situación de pobreza y un 19,6% padeció inseguridad alimentaria (hambre) en 2013.

Carlos Casalboni, es director de Conin Quitilipi, en Chaco y sus declaraciones para el diario Perfil fueron escalofriantes: “Mi experiencia personal me ha llevado a ver otro tipo de desnutrición a la cual la suelo llamar ‘social’, en la que el niño tiene el peso y la talla adecuado para su edad, pero presenta signos y síntomas típicos de un mal aporte nutricional como anemia, parasitosis, déficit de vitaminas y debilidad mental”.

“Un chico que padeció desnutrición a causa de la pobreza en la que nació y creció seguramente es un chico que se enferma más y a repetición comparado con los que no la padecieron; además, es muy probable que vea afectada su plasticidad para aprender en la escuela, por lo que su desarrollo intelectual se verá afectado”.

Para los especialistas, la desnutrición no se combate con más alimentos. “La copa de leche ayuda y los programas de alimentación escolar también. Pero la desnutrición se resuelve con políticas de salud activas, previniendo el embarazo adolescente, mejorando la lactancia materna exclusiva y con una alimentación completa y variada durante los primeros dos años de vida”.

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