Política

El más kirchnerista: Carlos Menem, el senador más denostado y amado por los K

El expresidente, bastardeado en declaraciones públicas de funcionarios oficialistas, siempre estuvo cuando el Ejecutivo lo necesitó. Los calurosos saludos

martes 30 de diciembre de 2014 - 7:21 am

El expresidente Carlos Menem fue el primer enemigo público elegido por el kirchnerismo, en lo que sería el comienzo de una estratégica política de comunicación de amigo-enemigo que alcanzó su punto más álgido en la batalla con el Grupo Clarín, cinco años después. Sin embargo, en los tres mandatos K, cada vez que el Ejecutivo necesitó de la ayuda de Menem para dar quórum o votar a favor de alguna ley clave, allí estuvo el riojano, de buen humor.

Es que el oficialismo tiene mucho que festejar si analiza el año parlamentario que concluyó en la jornada del lunes, cuando aprobó la denominada “salida ordenada” de Cristina Fernández de Kirchner al Parlasur gracias a la presencia del propio expresidente en el recinto, necesario para llegar a los dos tercios y poder sesionar.

Después de la dura derrota electoral en los comicios legislativos de 2013, donde cayó de manera inesperada en los principales centros urbanos a manos de distintos partidos de la oposición, el oficialismo cerró un 2014 muy por arriba de sus expectativas iniciales: todos los proyectos de ley que envió el Ejecutivo al Congreso fueron aprobados en tiempo y forma.

Incluso los más polémicos como la Ley de Abastecimiento, la estatización de la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo, el nuevo Código Civil y el nuevo Código Procesal Penal, entre otros. En este último controvertido proyecto de ley, que cambió el sistema inquisitivo por el acusatorio, significó la vuelta a la Cámara alta de Carlos Saúl Menem, después de un año de ausencias por licencia médica.
En verdad, la aparición del expresidente tuvo una razón fundamental: compensar la baja del senador chubutense Marcelo Guinle, quien estaba de licencia por problemas de salud. Allí, el riojano estuvo sentado en un lugar de privilegio: la butaca número 1 del recinto, ubicada en la primera fila baja y a la izquierda del estrado de la Presidencia del cuerpo.

Convocar a Menem cuando hay riesgo de fracasar en una votación, a manos del jefe de bloque oficialista Miguel Ángel Pichetto, no se trató de un hecho eventual o aislado. Ocurrió al menos dos veces por año. La más simbólica sucedió en abríl de 2012 cuando el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner anunció la estatización de Yacimientos Petroliferos Fiscales (YPF), que había sido privatizada 20 años antes, con enfático impulso del entonces presidente.

“El escenario ha cambiado, la situación no es igual a cuando yo la privaticé. Sé que me van a dar con un caño, pero no va a ser la primera vez”, se excusó entonces, al momento de adelantar que votaría a en sintonía con el kirchnerismo. Más aún, Menem lanzó elogios para la gestión K: “Yo no creo que los empresarios dejen de invertir en la Argentina sólo porque un país está haciendo valer sus derechos”.

El expresidente no siempre jugó para el oficialismo. El riojano eligió manejarse durante todo el tiempo en una conveniente línea intermedia, con capacidad de negociación para ambos lados, que lo llevó a votar a favor de algunas leyes y en contra de otras. Tal fue el caso del 17 de julio de 2008, cuando el congreso se preparaba para una maratónica sesión en la que debía aprobarse la polémica resolución 125.

Menem, que tenía licencia médica, vería el debate desde la cama de su casa, en La Rioja. Pero, a último momento, los números le indicaron que su voto negativo podría torcer la historia de esa votación y se tomó un avión hasta Buenos Aires para participar de la sesión, en la que incluso tuvo su lugar en el micrófono a la una de la madrugada. Gracias a su voto en contra, la definición quedó en manos de Julio Cobos, que le dio un gran golpe al kirchnerismo.

Por eso sorprendió, dos años después, cuando “traicionó” a la oposición y le lanzó un gran “salvavidas” al oficialismo, en 2010. En febrero, tras la derrota electoral del 2009, le dijo a diferentes dirigentes de la oposición que iría a la Cámara alta para votar la conformación del Senado durante los próximos años.

Hasta el día anterior, le había confirmado a Cobos y a Adolfo Rodríguez Saa que viajaría a Buenos Aires. Pero al día siguiente faltó al recinto y permitió que el kirchnerismo se levantara e imposibilitara el recambio de autoridades.

Meses después, cuando volvió a asomar por el recinto, Menem fue aplaudido por los K. Tal como se lo había prometido a Pichetto, el expresidente se sentó en su banca y recibió un cálido aplauso kirchnerista, ya que su presencia dejó al oficialismo a un voto de lograr el quórum para aprobar los 300 ascensos militares, entre los que se encontraba la designación de César Milani como jefe de inteligencia del Ejército.

Fuente: Perfil.com

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