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Salud

La cerveza o el vino: peligrosa adicción

Aceptados socialmente, las bebidas alcohólicas pueden traer una serie de complicaciones a la salud a las que debemos estar atentos. 5 señales de que estamos tomando de más

Todos sabemos que tanto la cerveza como el vino y las bebidas fuertes contienen alcohol. Los patrones de consumo de cada bebida cambia según el entorno y la edad, pero no podemos obviar el hecho de que siempre se trata de alcohol.

De acuerdo a un estudio realizado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en 2007, el consumo de bebidas alcohólicas en América Latina es superior a otros lugares del mundo.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Chile es el país de América Latina con mayor consumo de alcohol por habitante. Pero Argentina no se encuentra muy lejos.

El problema del alcohol es tan complejo de tratar como alarmante porque, tal como sucede con toda adicción, quienes la padecen no quieren reconocerlo. También porque el consumo se encuentra tan naturalizado que cuesta considerar la ingesta de alcohol como un posible camino hacia una enfermedad crónica.

El alcohol puede generar dependencia, tolerancia o síndrome de abstinencia, por lo que una vez que se convierte en una adicción es difícil de erradicarla.

La dependencia se refiere a la necesidad de seguir consumiendo la bebida porque genera placer o reduce un malestar. La tolerancia es la resistencia que genera nuestro cuerpo al alcohol y por tanto cada vez necesita más para sentir el mismo efecto; y finalmente el síndrome de abstinencia se produce cuando se deja de consumir alcohol de manera súbita y se manifiestan síntomas como temblor, sudoración, taquicardia y ansiedad.

Si bien el consumo moderado de este tipo de bebidas es un factor de integración social y convivencia, el límite es casi invisible para que estas bebidas provoquen, directa o indirectamente, afecciones fatales. Incluso el consumo responsable puede conducir a hipertensión arterial en algunas personas.

Existen varias razones para no beber alcohol, que van desde la pérdida del autocontrol y la capacidad para procesar la información del individuo hasta la pérdida de reflejos y capacidad de alerta (se pierde la noción de la velocidad y la coordinación de los movimientos).

Es algo conocido que el consumo excesivo de alcohol puede causar muchos problemas de salud. Pero los patrones de consumo responsable también pueden traerle problemas en su vida cotidiana.

Con frecuencia, las personas beben para sentirse mejor o bloquear sentimientos de tristeza, depresión, nerviosismo o preocupación. Pero el alcohol puede empeorar estos problemas con el tiempo, causar problemas de sueño o empeorarlos y aumenta el riesgo de suicidio.

 

El abuso del consumo de alcohol trae consigo trastornos cardiovasculares que van desde alteraciones del ritmo cardiaco, hipertensión, muerte súbita o accidentes cerebrovasculares que se originan cuando el flujo de la sangre no llega al cerebro, provocando un derrame.

Existen 5 signos para saber cuándo nos estamos acercando a la peligrosa línea del alcoholismo:

1. Va muchas veces al baño

El alcohol impide que el cerebro libere vasopresina (hormona antidiurética), un químico que le avisa a los riñones que reabsorban agua que, de otra manera seguiría hacia la vejiga. Sin esta señal, el tomador necesita ir más veces al baño.

2. Ojos secos cuando se despierta

El alcohol va de la mano con la deshidratación, la cual  puede manifestarse también a través de sequedad en la boca y sequedad en los ojos.

3. Problemas estomacales

El alcohol es uno de causantes principales de la irritación en el aparato digestivo. Al atacar las mucosas puede provocar vómitos acidez y a veces úlceras con sangrado.

4. Pérdida de esmalte y aparición de caries

El consumo excesivo de alcohol y drogas ilegales produce daños severos al esmalte de los dientes.

5. Tez amarilla

La ingesta de alcohol hace que la sangre fluya de forma estrecha a la superficie de la piel, ya que el alcohol hace que los vasos sanguíneos pequeños de la piel se dilaten y se reúnan allí, como para tomar oxígeno.

Salud

Cómo usar el aire acondicionado sin que afecte a la salud

Los riesgos de abusar este aparato

Cada estación tiene una relación particular con el sistema respiratorio y si bien el verano supone menos inconvenientes, el abuso del aire acondicionado nos expone a cambios bruscos de temperatura y humedad en el aire que respiramos, así como a agentes infecciosos o alergénicos que podrían enfermarnos.

La falta de ventilación en lugares cerrados, sumada a la deficiente limpieza de los filtros de los aires acondicionados, conlleva a la acumulación de partículas alergénicas como pólenes, polvos domésticos y ácaros, y aumenta la posibilidad de infecciones al acumular gérmenes.

El abuso de este tipo de aire expone al cuerpo a mayor susceptibilidad para desencadenar, por ejemplo, dolor de garganta, rinitis, tos, broncoespasmo, sequedad de mucosas e infecciones.

Cinco consejos para usarlo de forma adecuada:

– Mantener y limpiar equipos y filtros de aire acondicionado, al menos una vez al año, para disminuir la exposición a alérgenos y cúmulo de gérmenes.

– Evitar la exposición directa, teniendo en cuenta las horas del sueño, donde puede ser más prolongada y sin control (usar la función sleep en caso de tenerla).

– Hacer intervalos en los que esté apagado, para ventilar el ambiente y reducir la sequedad producida por el mismo.

– Tratar de mantener la temperatura ambiente entre los 24 y 26 grados, ya que es la diferencia con el exterior lo que provee confort.

– Tomar agua o jugos de frutas ayuda al organismo en general y también facilita la hidratación de las vías respiratorias.

Si se hace un viaje largo en coche, evitar tener el aire puesto durante todo el trayecto ya que las vías respiratorias podían irritarse por el aire frío y habrá más opciones de enfermar. También es recomendable bajar la temperatura de forma progresiva y no llegar nunca a menos de 23 grados, ya que el cuerpo podría enfriarse. Es mejor viajar con vestimenta ligera y cómoda.

Fuente: Conbienestar

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Salud

Consejos para el cuidado de la piel en personas mayores

Cuáles son los problemas más comunes en esta etapa

Con la edad la piel se hace más fina, pierde grasa y aparecen manchas y arrugas. La dermis además de grosor pierde elasticidad, volviéndose más sensible ante los agentes externos e incrementándose la presencia de enfermedades como el herpes zoster, o la queratosis, entre otras.

El envejecimiento será más evidente si se ha tomado mucho el sol a lo largo de la vida, si se fuma o si existen también otras patologías como diabetes, o enfermedades del riñón.

Estos son algunos de los problemas cutáneos más frecuentes en las personas mayores:

Fotoenvejecimiento: producido por la exposición a las radiaciones ultravioletas del sol. Aparecen arrugas finas y toscas, pigmentación irregular, rugosidades, manchas parduzcas, coloración amarillenta y pequeños vasos sanguíneos superficiales.

Prurito o picor: suele estar provocado por la sequedad de la piel (xerosis), por lo que se recomienda extremar la hidratación en las personas mayores. El picor puede proceder también de enfermedades como dermatitis de contacto, sarna, anemias, enfermedades del hígado, etc. Para prevenirlo se recomienda emplear jabones suaves, vaselina, emolientes, cremas y lociones con urea o ácido láctico, que ayudan a eliminar la descamación, mantienen la piel hidratada y alivian el picor.

Herpes zoster: se trata de una infección provocada por un virus y se caracteriza por la aparición de una erupción rojiza en la piel, sobre la que aparecen unas vesículas que provocan dolor, que se secan y se transforman en costras.

Erupciones cutáneas: son inducidas por medicamentos, el acné rosácea, las úlceras venosas, etc.

Tumores benignos (especialmente la queratosis o verruga seborreica), lesiones pre-malignas de la piel, melanoma y tumores malignos son a grandes rasgos las complicaciones más frecuentes.

Consejos para cuidarla

Hidratación: necesita un extra de hidratación ya que las necesidades de agua aumentan en la vejez. Se recomienda beber dos litros y medio diarios, aumentar la ingesta de frutas y verduras y emplear cremas hidratantes específicas. Es aconsejable evitar los ambientes secos, usando humidificadores en casa.

Higiene: se recomienda emplear jabones muy suaves, ducharse y/o lavarse con agua templada, secar con toques suaves con la toalla y aplicar la crema hidratante cuando la piel está todavía húmeda. Usar exfoliantes elaborados con productos naturales aplicados mediante masajes suaves.

Protección solar: el sol produce el fotoenvejecimiento y sus efectos dañinos son acumulativos (a más edad mayor es el riesgo de desarrollar un melanoma o un cáncer de piel). Se recomienda usar factores de protección solar muy altos y evitar el sol en la medida de lo posible empleando gorros y ropa amplia de algodón y colores claros.

Fuente: Sanifarma

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Salud

Las señales que delatan un golpe de calor y cómo actuar

Cuáles son los principales indicadores

Se conoce como golpe de calor al aumento de la temperatura corporal como resultado de una exposición prolongada al sol o ejercitación en ambientes calurosos o con poca ventilación que genera una importante pérdida de agua y sales esenciales.

Principales indicadores

-Temperatura corporal de 39º C o más.

-Piel roja, caliente y seca (algunos pueden sudar).

-Sed intensa y sequedad en la boca.

-Sensación de calor sofocante.

-Calambres musculares.

-Agitación.

-Dolor intenso de cabeza o mareos.

-Dolor de estómago.

-Confusión o pérdida de la conciencia (desmayo).

Qué hacer

Si creés que alguien está sufriendo un golpe de calor, llamá a emergencia de inmediato. Mientras llega la ayuda:

-Mové a la persona a un lugar con sombra.

-Usá agua para refrescarla (si es posible sumergila en una bañadera con agua fría, rociala con una manguera, o usá una esponja con agua fría).

-Continuá enfriando el cuerpo hasta que la temperatura se mantenga entre 38.3º y 38.9º C.

-Si puede beber en forma segura, dale líquido sin alcohol.

Visitá por lo menos dos veces al día a los adultos que estén en riesgo para ver si dan muestras de agotamiento o de un golpe de calor. Los bebés y niños también requieren una vigilancia frecuente. Los grupos de riesgo son:

-Bebés y niños de hasta 5 años.

-Personas de 65 años o más.

-Personas con retraso o cualquier otra enfermedad mental.

-Quienes tienen una enfermedad física: obesidad, afecciones cardiovasculares y respiratorias, hipertensión.

-Personas que realizan un esfuerzo físico en ambientes calurosos o húmedos .

-Quienes toman medicamentos que interfieren con la capacidad del cuerpo para enfriarse (antipsicóticos, tranquilizantes, antihistamínicos, antidepresivos, betabloqueantes, pastillas para dormir).

Fuente: Web Dr. Cormillot

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