Salud

El corazón y el vino tinto: utilidad y controversia

Es muy conocida la recomendación de tomar una copa de vino tinto al día para prevenir inconvenientes cardiovasculares, pero ¿qué polémica se esconde detrás de este "remedio"?

viernes 12 de diciembre de 2014 - 8:33 am

Las enfermedades cardíacas dan cuenta de las mayores causas de muerte en todo el mundo, con 17 millones de fallecimientos al año.

Por eso, hay tantos remedios, dietas, medicamentos e investigaciones para paliar este padecimiento, por lo general, resultado del estrés y la mala alimentación de la vida moderna.

Es un remedio muy conocido la recomendación de tomar una copa de vino tinto al día para proteger el corazón.

Hay doctores que lo recomiendan y pacientes que, felices, aceptan la regla. Y, es común escuchar, según lo publicado por el portal About, que la dosis se incrementa, ya que ahora se recomiendan dos o hasta tres copas de vino al día.

Ocurre que el vino tinto contiene polifenoles, entre los que se encuentran los flavonoides. Éstos han sido constantemente usados en experimentos y estudios acerca de problemas cardiovasculares. Sin embargo, para la ciencia, su efectividad aún es cuestionable y ahí surge la polémica.

Además, el vino tinto tiene un ingrediente central: la uva, que es rica en hierro, potasio, calcio, silicio, fósforo, magnesio, zinc, boro, taninos, vitaminas A, B1, B2, B6 y vitamina C. Y, esta última, juega un papel relevante en la regeneración de las arterias y es crucial para el cuidado de la salud del corazón.

En contraposición, desde el lado de la controversia, se sabe que el alcohol del vino tiene efectos contraproducentes en el hígado y está altamente contraindicado en personas con problemas hepáticos.

Los sulfitos añadidos al vino, por otra parte, pueden causar daños al sistema digestivo, y generar peligrosas reacciones alérgicas en personas con asma y síndrome de Vidal.

Los sulfitos están presentes en la uva, que tiene azufre, pero se adicionan al vino como conservadores.

Por último, el consumo de alcohol afecta la producción de serotonina, lo que reduce la calidad del sueño, provocando otras afecciones de la salud.

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