Realeza Británica

Una posible infidelidad pone en duda el linaje de la realeza británica

El análisis de ADN de Ricardo III señala un salto en la línea dinástica, ya que coincide con la genética materna, pero del lado paterno se descubrió un componente totalmente distinto

jueves 4 de diciembre de 2014 - 11:17 am

Una impensada historia que se descubrió de casualidad cuando arqueólogos se encontraron hace un par de años en Leicester con los huesos de Ricardo III y los sometieron a pruebas de ADN para comprobar su autenticidad pone así en duda el origen de las mismísima Isabel II. En cuanto a la línea materna todo estaba bien, sin embargo por parte parte, cinco supuestos descendientes del duque Beaufort resultaron tener un componente genético distinto. Al menos, el padre de uno de sus descendiente no era quien se creía hasta el momento.[pullquote position=”right”]Una posible infidelidad pone en duda el linaje de la realeza británica[/pullquote]

El ADN que le realizaron a los huesos encontrados en 2012 coincide con el de dos descendientes de su hermana, Ana de York, lo que confirma que los restos son del rey. Sin embargo, la línea masculina se rompe en entre Juan de Gante (1362-1399), hermano del bisabuelo de Ricardo III, y Henry Somerset, duque de Beaufort (1744-1803). Ricardo III no tuvo descendencia conocida, por eso hubo que trazar la línea genética desde su tío-bisabuelo.

Este descubrimiento tuvo gran importancia porque abre la posibilidad de que alguno de los reyes o reinas lo fueron ilegalmente, aunque es prácticamente imposible saber en qué momento se produjo la ruptura.

“Una falsa paternidad en algún momento de esta genealogía podría ser de una significación histórica clave”, afirma el artículo con las conclusiones del equipo de la Universidad de Leicester que llevó a cabo los análisis y que se publicará en la revista Nature Communications

“Lo que descubrimos es que la cadena se rompe, pero no sabemos dónde”, dijo en una conferencia de prensa en Londres, Kevin Schurer, de la Universidad de Leicester. “No estamos afirmando de ninguna manera que Su Majestad no debería estar en el trono”, afirmó, alegando que la historia de la monarquía británica es “muy enrevesada”.

El estudio dice que la ruptura afecta a la legitimidad de Enrique IV, Enrique V, Enrique VI y de “toda la dinastía Tudor”, empezando por Enrique VII y siguiendo por Enrique VIII, Eduardo VI, María I e Isabel I.

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