Confesiones

Dalma Maradona: “El día que una mujer quiera de verdad a mi papá, voy a ser la primera en festejar”

La hija mayor del ex futbolista se sincera y habla de la relación con el "Diez", la vida siempre rodeada por las cámaras y sus ganas de formar una familia numerosa

sábado 14 de diciembre de 2013 - 1:00 pm

En una entrevista realizada por la revista HOLA ARGENTINA, Dalma Maradona, lejos del divismo y la fama que podría haber heredado de su apellido, parece tener los pies bien plantados sobre la tierra. A pesar de que su vocación de actriz la llevó a seguir un camino también de exposición, la hija mayor del “Diez” logra manejar con cautela todo lo que se refiere a su vida privada y sabe surfear las preguntas con honestidad, pero sin dejar de marcar los límites. De novia hace más de un año con el abogado Andrés Caldarelli (26), por estos días está dedicada full time a los ensayos de la obra Familia de mujeres, dirigida por José María Muscari.

–¿Cuándo descubriste tu vocación?

–A los 8 años y de casualidad. En realidad, yo venía de hacer el jardín de infantes en Italia y primer grado en Sevilla. Cuando me incorporé al colegio en Buenos Aires, me volví una chica muy callada. Entonces le sugirieron a mamá que me anotara en un taller de teatro para que me soltara más. ¡Y me encantó! Hasta el día de hoy, mamá sigue culpando a la psicopedagoga por semejante consejo. [Se ríe].

–¿Cómo vivís el camino de la actuación?

–Lo tomo como algo que me gusta hacer. La verdad es que cada vez que me subo a un escenario reafirmo que esto es lo que quiero hacer por el resto de mi vida. Encontré un lugar donde me siento tranquila y puedo ser realmente yo.

–Fuiste la primera de tu familia que terminó el secundario y la única en recibir un diploma universitario. ¿Cómo se siente?

–Puro orgullo. Sé lo mucho que significaba para mis viejos que yo terminara el secundario. Con estas cosas papá se emociona mucho. De hecho, cuando terminé la primaria, supuestamente eran los maestros los que nos entregaban una especie de diploma y él se plantó en medio del acto y dijo que me lo quería dar él. Fue un poco loca su reacción, me dio vergüenza pero al mismo tiempo mucha ternura. Después, toda la carrera la compartí con mis papás. Cada vez que rendía un final, papá me llamaba para decirme que me iba a ir bien. Y cuando me recibí me llamó desde Dubái, una manera también de estar presente.

–Al poco tiempo de recibirte, presentaste la obra de La hija de Dios, una suerte de autobiografía.

–Fue una suerte de catarsis, de hacerme cargo de mi propia historia: esto es lo que me tocó, esta soy yo y siempre voy a ser la hija de mi papá. Por otro lado, la obra fue un regalo que le hice a mi familia, desde mi lugar de actriz, donde retrataba –desde mi perspectiva– a mis viejos. Mostrarlos más humanizados y no tan inflados por los medios. Y lo hice desde el humor… Trato de tomarme la vida desde ese lugar, si no todo es mucho más difícil. Cuando terminó de ver la obra, papá estaba violeta. “No puedo creer que en tus 25 años nunca me dijiste nada de estas cosas”, me dijo. Creo que a partir de ahí, nos entendimos más.

–¿Qué tal es Diego como padre?

–Es muy difícil hablar de mi papá, no quiero decir que es divino y lo amo, lo amo, lo amo, pero es así. También es cierto que al principio fue difícil encontrar un lugar donde poder conectarnos. Después de mucho tiempo, finalmente comprendí que no podía tener el papá que yo quería que fuera; ni él, la hija que quería tener. Fue una lucha eterna donde yo le pedía que bajara un cambio, que estuviera más tranquilo. Fue un clic que hicimos los dos. Desde que acepté que él no iba a cambiar nunca y que de todas maneras mi relación con él podía ser igual de buena, lo empecé a disfrutar más. Hoy puedo estar todo el día con él sin pelearme y charlar de cualquier cosa.

–¿De hombres también hablan?

–¡No! Ahí no tiene filtro. [Se ríe]. Obviamente, según él, ningún hombre es suficiente para mí.

–¿Te enoja no haber tenido una vida normal, de ir por ejemplo al cine con tu papá?

–Creo que eso le duele más a él que a mí. El otro día me llamó para decirme que había ido al supermercado. Tal vez parezca una tontería, pero ahora que vive en Dubái, sin tanto acoso de la gente ni de los medios, ir a comprar el pan es el programa de su vida. La distancia y el desarraigo también duelen, pero también hay otras cosas buenas. En ese sentido, elijo no quejarme y ver el lado positivo de todo esto. Toda la vida, desde que nací, sentí la fama de papá. El nunca dejó de ser famoso y nosotras tampoco tuvimos respiro. Por eso te digo que aprendí a convivir con eso. Con mi hermana decidimos viajar nosotras a Dubái, porque sabemos que acá papá casi no tiene vida. Y puede ser que nos extrañemos mucho, pero a los 53, él prioriza estar tranquilo.

–¿Cómo vivís su batalla contra las adicciones?

–A los 14 años me volví una mujer grande. Era chica, pero tenía la cabeza de una señora. En realidad, en aquel momento, cuando a papá lo internaron en Punta del Este, el salvavidas fue mamá. Ella es la gran responsable de que hoy todos nosotros sigamos enteros. Fue la que se encargó de todo cuando papá tuvo las recaídas. Después tuve mis charlas con él, pero eso es algo que no lo hablaría en una nota. Sí te puedo decir que hablamos mucho y siempre me contestó con la verdad, no me anduvo con vueltas ni me disfrazó nada. Siempre tuvo la grandeza de pedir perdón y eso se lo agradezco.

–¿Le perdonás todo?

–No, para nada. De hecho, pienso muy diferente a él en millones de cosas. Pero también me di cuenta de que cuanto más conozco a la gente, más quiero, entiendo y respeto a mi papá. El podrá decir malas palabras y no será lo políticamente correcto, pero prefiero que diga la verdad. Si hace mal las cosas, se las hace a él y a nadie más. Ahí es cuando la gente se mete a opinar y yo discuto un montón. ¿Por qué voy a querer que él sea más tranquilo cuando nunca lo fue en toda su vida? ¿Por qué?

–¿Cómo es tu papá como “suegro”?

–¡Uh! Me cela un montón, pero se lo banca superbien. Mi novio es de Boca, así que ya ganó medio camino. [Se ríe]. Para papá el fútbol es todo… De hecho, cuando le presenté a mi ex, que era de River, se puso como loco. “Lo único que te había pedido es que no fuera gallina”, me decía. Por suerte, con Andrés se llevan muy bien y como me ve tan enamorada se queda tranquilo. Igual, trato de no dejarlos solos, me da miedo que lo interrogue. [Se ríe].

–¿Y vos sos celosa? Alguna vez contaste que en Cannes Diego coqueteó con Salma Hayek y vos los separaste.

–¡Qué tonta fui! Si hubiese sabido las mujeres que iba a tener después, lo hubiera dejado con Salma. Soy bastante celosa y nos divertimos así, sabe que lo hago desde el amor. El día que vea que una mujer lo quiera solamente por lo que es y no por lo que tiene, voy a ser la primera en festejar. Pero la verdad es que todavía no me pasó. Muchas veces creo que papá peca de ingenuo, desde el amor y la confianza. Después se portan mal con él y sufre una decepción muy grande. Y nosotras le decimos: “Viste, te lo dijimos”.

–Se nota que entre ustedes lo cuidan mucho…

–Y por eso a veces caemos mal. Si veo que algo no me gusta, se lo digo. Yo quiero que mi papá esté con alguien que lo quiera de verdad. Tal vez sea difícil, pero yo quiero eso. Y también me meto hasta donde me puedo meter. Si él quiere estar con esta mina (N. de la R.: lo dice por Rocío Oliva), bueno, ya es grande. El acepta sus errores y en ese sentido, yo aprendí mucho de él: a pedir perdón y volver a empezar.

–¿Te molestan los reclamos de paternidad?

–Lo único que voy a decir es que estaría bueno que ahora que papá está bien de salud, todos aquellos que reclaman la paternidad se hagan un ADN. Creo que es lo justo para todos.

–¿No te da curiosidad conocer a tus hermanastros?

–No quiero hablar de eso. Quiero tratar de decirlo lo mejor posible para que se entienda lo que pienso: cada uno se tiene que hacer cargo de las cosas que hizo en su vida.

–Y vos, ¿soñás con formar tu propia familia?

–El casamiento no es algo que me inquiete. Estoy superenamorada y ya empezamos a hablar de un futuro juntos, pero no tengo la inquietud de pasar por una iglesia. Sí quiero tener hijos y muchos. Poco a poco, voy a elegir las cosas que me hacen feliz.

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