Sociedad

Vinculan la desaparición del empresario Stefanini con una operación narco

Le prometía a narcos dólares traídos de Paraguay, los cuales vendía a un valor de entre 10 y 11 pesos. La única condición era que le entregasen 2 millones de pesos previamente

martes 28 de octubre de 2014 - 7:16 pm

Una extraña llamada del gobernador de Corrientes, Ricardo Colombi inquietó al actual Ministro de Seguridad: “Colombi me pide que tratemos bien a Stefanini, como si ellos supieran más de la cuenta”, le dijo Granados a un jefe de policía.

Fuentes de inteligencia aseguran que Stefanini prometía, si le entregaban un cifra de 2 millones de pesos (nunca menos que eso), traer dólares del Paraguay y él se los vendía a un cambio de entre 10 y 11 pesos por billete. Una buena diferencia que se concretaba a las 72 horas de la entrega de la suma en pesos. Estando el “blue” a casi 15 pesos, el negocio era redondo. Sabiendo esto, las mismas fuentes aseguran que no era una suma tan grande como para mandarlo a eliminar, puede ser una apretada para que devuelva el dinero pero no una acción como la que hicieron con Damián.

La operación fue una obra de expertos. El auto que aparece en las cámaras de seguridad estaba guiado por otra persona y no por el empresario. Cruzó todas las cámaras de seguridad pero cuando lo dejó a metros de la casa del contador sabía que no había domos. O sea, su rostro no aparece en ningún lado. Dejaron toda la evidencia dentro del auto esperando que un ladronzuelo lo forzara, pero al final fue una vecina quien sospechó y avisó a la policía.

Contratar profesionales de alta gama en el mundo del crimen para hacer esa operación significa que se trata de algo muy importante. El asunto del barco lujoso en cuya construcción estaba involucrado Stefanini es un detalle no menor. ¿Qué se sospecha?  Construir de entrada dobles compartimientos y toda esa ingeniería logística que los narcos de última generación saben hacer antes que se enteren las agencias anti drogas.

Ya vamos a saber de dónde salía la cocaína 85 de pureza que se consume cada temporada en el paraíso VIP de Punta del Este. Bien decía un personaje de esta historia: “Yo llevo la mejor, la que consume el Vaticano yo la llevo a Punta”.

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