Política

Solo para amigos: Kicillof impulsa listas negras y persecución en la Secretaría de Energía

Desde el arribo de de La Cámpora a la secretaría, de la mano de Kicillof, comenzaron despidos por cuestiones políticas y retraso en el pago de salarios

viernes 24 de octubre de 2014 - 6:40 am

El clima en los pasillos de la Secretaría de Energía está complicadísimo. Empleados de Planificación denuncian que desde que Axel Kicillof puso en esa cartera a Mariana Matranga en reemplazo de Daniel Cameron-un hombre de Julio De Vido- comenzó una feroz persecución política contra toda la línea técnica del ministerio.

La última víctima que se cobró el equipo del titular del Palacio de Hacienda fue Laura Haag, quien supo ser la mano derecha de Cameron. Hasta hoy, Haag trabajaba como asesora en la Secretaría, pero fue echada por cuestiones políticas: después de varias amenazas y pedidos para que renuncie, recibió su telegrama ayer, en donde no figura justificativo alguno.

Antes de ocupar ese cargo, Matranga trabajaba en YPF, bajo la órbita de Nicolás Arceo, un economista de estrecha confianza de Kicillof que también ocupó un cargo en Economía y ahora es director de finanzas de la petrolera.

A Haag le hicieron la cruz cuando se negó a hacer extraños movimientos con los fideicomisos la Secretaría que eran claramente ilegales.

“Qué importa que sea ilegal. Lo tenes que hacer porque te lo decimos nosotros”, fue la respuesta que le profirió De Paz, según revela el diario digital LaPolíticaOnline.com. “¿Es una instrucción de quién?”, le preguntó Haag. “No te puedo decir”, replicó, misteriosa, la novia de Álvarez Agis.

“¿Sos parte del proyecto o no?”, la apuró De Paz, en referencia al término que usan los militantes y funcionarios k cuando defienden al “modelo”. “Vos tendrás tus proyectos y yo los míos. No se de qué proyecto me estás hablando”, la cruzó Haag. “Acordate que podes renunciar cuando quieras”, la desafió la funcionaria de Economía. Sus palabras eran un adelanto de lo que iba a venir.

Pero la cosa no terminó ahí, sigue relatando LaPolíticaOnline.com. El martes de la semana pasada, Haag recibió un llamado de Ghioni. Cuando estaba en su despacho, el camporista le comunicó que debía dejar su cargo. “Yo no tengo nada con vos, no es una decisión mía, de hecho trabajé muy bien con vos, pero tenes que dejar la Secretaría”, le explicó. “¿Cuándo?”, quiso saber Haag. “En este momento”, puntualizó Ghioni. “¿Motivos? ¿Por orden de quién?”, increpó la asesora. “No te puedo decir. Los motivos los desconozco”, finalizó su interlocutor.

Haag estaba dispuesta a irse, siempre y cuando fuera notificada formalmente con un telegrama que explicara los motivos de su despido. “Hay algo que tenes que saber”, le había dicho Ghioni. “Esto viene de la comisión de desarrollo estratégico de hidrocarburos”, le advirtió. El director de esa comisión, formada por funcionarios de varios ministerios, es Kicillof.

El telegrama nunca llegó. “Mañana te van a llamar”, le habían prometido. Haag fue a trabajar el miércoles y se encontró con que le habían quitado los expedientes, intranet e internet. Nadie la llamó, y tampoco al día siguiente. Hasta que se contactó con ella Marcelo Echague, quien está a cargo de Recursos Humanos en Planificación.

Echague le propuso a Haag que presentara su renuncia. De esta manera, el gobierno no tendría que dar excusa alguna por desplazarla. Por eso la funcionaria se negó.

Finalmente, el telegrama de despido llegó. No había justificación alguna. Lo que da a entender que la intención de Kicillof y su equipo es mostrar la cabeza de Haag para aleccionar a los empleados que piensan diferente y se resisten a la bajada de línea del ministro. En ese sentido, su escaso cuidado en evitar que el caso se difunda acaso demuestre que el único objetivo del ministro es amedrentar al personal de carrera.

El caso de Haag no es una excepción. El mes de su desembarco, hicieron una lista de 40 empleados a los que despidieron inmediatamente. Tras las protestas, Matranga dio marcha atrás y dijo que las expulsiones fueron por error. Todavía hay unos cinco casos que no fueron reincorporados. Y en el caso de los que eran asesores externos, no se revirtieron y quedaron en la calle.

El amedrentamiento se daba con el quite de tareas-es decir empleados que llegaban a trabajar pero no les daban nada para hacer-, de equipos, sacándoles las computadoras, o cambiándolos de lugar indiscriminadamente, sin aviso alguno.

“Ahora los despidos los hacen paulatinamente, por goteo, para no armar tanto revuelo”, comentó una fuente gremial.

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