Famosos en Crisis

Fabiana Liuzzi rompió en llanto al acordarse de su historia con Ventura

"Para mí es muy duro asimilar su comportamiento con su hijo. Me hizo doler hasta la fibra más íntima. No me interesa como hombre, sino como padre" dijo sobre el periodista la mediática entre sollozos

lunes 20 de octubre de 2014 - 10:59 pm

La vedette cordobesa decidió viajar junto a su hijo, Antonito, fruto de su relación extramatrimonial con el periodista Luis Ventura para tener una reunión con su abogado, y fue entrevistada en el programa AM para hablar sobre su pelea con quien otrora fuera su pareja.

“No hago una guerra ni lo quiero hacer, nunca lo hice. No voy a permitir que se me pisotee como mujer, mi límite está cuando me tocan a mi hijo. Una vez le permití que dijera públicamente que despreciaba a su hijo, en ese momento mi hijo estaba luchando por su vida”.

Además, aclaró que todavía no recibió ninguna notificación de Ventura “que le impida mostrar a su hijo” en los medios, pero tiene previsto consultar con su letrado por este tema.

Fabiana explicó que el periodista no tiene “autoridad moral” para prohibirle mostrar a su hijo: “Me llamó para decirme que le trajo problemas personales, que no quiere que lo muestre. Dijo que yo había negociado la tapa con mi hijo. Pueden corroborar con Pronto. No sabía que iba a ser la tapa. Yo no vivo para las cámaras, ni me interesa pasearme por los programas, si tengo que ir lo voy a hacer porque no tengo de qué esconderme. Soy una agradecida de los medios, pero no es mi felicidad. Si él tiene el poder para prohibirme que vaya a los programas, que lo haga”.

Luego, se quebró al recordar lo que había sufrido cuando Antonito estuvo internado, luchando por su vida: “Para mí es muy duro asimilar su comportamiento con su hijo. Me hizo doler hasta la fibra más íntima, no como mujer porque yo sabía su realidad. Si siento que un hombre me faltó el respeto, no me quiere o no me desea, tengo dignidad. No me interesa como hombre, sino como padre. Le pedí que respetara a su hijo, que no me quitara las pocas fuerzas que tenía para ir a verlo. Nunca alcanzó a verlo con un respirador, con cables en la boca, en los pies y en las manos. Yo apenas lo podía tocar con las yemas de los dedos, me moría por abrazarlo y por contenerlo… Solo rogaba a Dios, despertarme al otro día y que me dijeran que mi hijo estaba vivo. No me importaba nada más”.

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