Ciencia

Científicos afirman que los hijos pueden parecerse a la primera pareja de la madre

El primer amor deja huellas, y no sólo en el corazón. Un estudio demostró que la primer relación sexual dejaría una marca en el cuerpo femenino, lo que influiría en los futuros óvulos y que podría generar que los hijos tengan rasgos del primer hombre

jueves 2 de octubre de 2014 - 3:23 pm

Un trabajo publicado en la revista Ecology Letters demuestra por primera de forma científica que la herencia no genética podría ser posible. [pullquote position=”right”]Afirman que los hijos pueden parecerse a la primera pareja de la madre[/pullquote]

Un grupo de científicos australianos liderados por Angela Crean cruzaron moscas inmaduras machos grandes y pequeños. Cuando ya eran fértiles, cruzaron a las hembras de nuevo y lo que encontraron fue que “a pesar de que el segundo macho engendró la descendencia, el tamaño de la progenie lo determinaba el de la anterior pareja sexual de la madre”.

Esto vendría a confirmar algo que estaba latente en las creencias populares de algunos siglos atrás, y que había sido planteado por el filósofo Aristóteles.

De hecho, el biólogo alemán August Weismann bautizó en el siglo XIX como “telegonía” este curioso fenómeno, y afirmó que se podía incluso observar en la descendencia de mujeres viudas con un segundo marido.

Este descubrimiento en moscas, entonces, estaría de acuerdo con lo que ya entonces se suponía. “La primera ‘impregnación’ tendría más probabilidades de influir en la hembra que las posteriores, en parte porque es más joven, y en parte porque las impregnaciones posteriores tendrían que compartir su influencia con las anteriores”, explica Yongsheng Liu, del instituto Henan de Ciencia y Tecnología de Xiangsiang (China)

Y agrega: “Este hallazgo muestra que también se puede transmitir algunos rasgos adquiridos a la descendencia de parejas posteriores de una hembra”.

Lo que ocurre sería que la primera relación sexual dejaría una marca directa en el cuerpo de la mujer. Como bien explica Liu: “Podemos imaginar que durante el coito millones de espermatozoides que contienen ADN se depositan en el cuerpo de la hembra y los que no se utiliza en la fertilización son absorbidos por el mismo. Si este ADN extraño se llega a incorporar en las células somáticas y los óvulos inmaduros, la descendencia podría mostrar esta influencia en su constitución genética, y de ese modo proporcionar otra base para telegonía”.

Hasta ahora, sólo se pudo observar este fenómeno en moscas. Pero sin duda, después de leer esta investigación, más de una mujer comparó a sus hijos con su primer novio.

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