Sociedad

Las mentiras para niños en las que algunos todavía creen

Papa Noel no existe, no nos trajo una cigüeña y el Ratón Pérez no paga por los dientes. Entendido. ¿Pero qué otros mitos subsisten?

viernes 1 de agosto de 2014 - 12:50 pm

“Una vida de princesa”

Ser una princesa en el medioevo no era necesariamente una experiencia agradable. Pese a que los castillos eran sin duda mejores que las chozas campesinas de la época, ellos no escapaban de ser lugares fríos, sucios y oscuros.

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Además, por esas fechas, la gente no se bañaba y los baños no tenían sistema de desagüe.

Ni hablar del famoso “príncipe azul”, que siempre resultaba ser un arreglo político con un rey anciano de otra tierra.

Los cavernícolas vivían en cuevas

Los arqueólogos efectivamente creen que los hombres de las cavernas vivían en las cuevas, pero en realidad, no hay pruebas empíricas de que esto haya sido así.

La Tierra cambió significativamente su fisonomía en los últimos 40 milenios y, por eso, es difícil hallar estructuras de aquella época.

Ver la televisión cerca de la pantalla daña los ojos

La común insistencia de los padres para proteger la vista de sus hijos, no tiene un fundamento real.

El origen de este consejo se remonta a un lote de 100.000 televisores lanzados por General Electric, en los años ´60, que emitía radiación 100.000 veces mayor de lo que se consideraba seguro por las autoridades sanitarias.

Pero esos modelos fueron retirados del mercado y, el consejo o reto, persistió.

Los seres humanos tienen sólo cinco sentidos

El modelo “vista, oído, olfato, tacto y gusto” que todos aprendimos, remonta a Aristóteles, alrededor del año 300 antes de Cristo.

Aunque los investigadores aún debaten sobre el número exacto de los sentidos, la mayoría acuerdan que el ser humano tiene por lo menos 10 u 11.

Los murciélagos son totalmente ciegos

Esta expresión surge en el siglo XVII y fue difundida desde ese entonces, pero es totalmente falsa.

Merlin Tuttle, fundador y presidente de Bat Conservation International (BCI), aseguró que “ellos ven muy bien”, aunque sin embargo, son daltónicos.

Los chicles se pegan al estómago 

El gastroenterólogo de la Universidad de Dukem, Rodger Liddle, indicó en la revista Scientific American, que “nada podría residir (en el estómago) tanto tiempo, a menos que fuera muy grande”.

Según Nancy McGreal, otro gastroenterólogo, el chicle se mueve a través del tracto digestivo al igual que cualquier otro alimento o bebida.

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