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La Unión Europea y el Mercosur sellaron un acuerdo histórico: cómo impactará en el comercio y la industria

Tras más de dos décadas de negociaciones, los bloques avanzaron en la firma de un acuerdo de asociación que creará una de las mayores zonas de libre comercio del mundo. Aranceles, ganadores, sectores en riesgo y el trasfondo político del entendimiento.

Después de 26 años de idas y vueltas, el Mercosur y la Unión Europea concretaron un paso decisivo al firmar el Acuerdo de Asociación que incluye un ambicioso capítulo comercial.

El entendimiento, rubricado en Asunción, marca un punto de inflexión en las relaciones entre ambos bloques y promete modificar de manera estructural el flujo de intercambios, inversiones y reglas de juego entre Sudamérica y Europa.

El acuerdo dará origen a una zona de libre comercio integrada por 31 países y una población cercana a los 720 millones de personas. En términos económicos, el mercado conjunto representa un Producto Bruto Interno superior a los 24 billones de dólares, equivalente a poco más del 20% del PBI mundial.

Si bien su entrada en vigor será inicialmente provisoria, a la espera de la ratificación en los parlamentos nacionales y en el Parlamento Europeo, el impacto político y económico ya comenzó a sentirse.

Javier Milei confirmó su asistencia para la firma del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea

Uno de los puntos centrales del pacto es la eliminación progresiva de aranceles. Según lo acordado, alrededor del 92% del comercio bilateral quedará libre de impuestos de importación, ya sea de manera inmediata o a través de períodos de transición que pueden extenderse hasta 15 años, dependiendo del sector.

Para la Unión Europea, esto implicará un ahorro anual estimado en unos 4.000 millones de euros en aranceles, mientras que el Mercosur obtendrá acceso preferencial para casi la totalidad de sus exportaciones agrícolas.

En el plano industrial, el acuerdo abre una etapa de cambios profundos. La industria automotriz europea, que hoy enfrenta aranceles del 35% para ingresar al Mercosur, verá una reducción gradual de esas barreras. Lo mismo ocurrirá con maquinaria industrial, productos tecnológicos y equipamiento médico.

Grandes grupos automotrices, farmacéuticos y tecnológicos europeos aparecen entre los principales beneficiados, junto con sus cadenas de proveedores.

El sector agroexportador del Mercosur, en tanto, figura entre los ganadores más claros, aunque con matices. La carne vacuna, los productos avícolas, el azúcar y el etanol tendrán cupos específicos y, en algunos casos, aranceles reducidos. A su vez, se mantendrán intactas las exigencias sanitarias y ambientales europeas, un punto sensible para los productores sudamericanos.

Para contener la resistencia del agro europeo, el acuerdo incluye mecanismos de salvaguarda que permitirán activar restricciones si se detectan distorsiones graves en los mercados.

Otro capítulo relevante es el de servicios y compras públicas. Las empresas de ambos bloques podrán competir en licitaciones estatales y ofrecer servicios financieros, logísticos y digitales con menos restricciones. Si bien el acceso será recíproco, el tamaño y la experiencia de las compañías europeas les otorga una ventaja inicial en sectores como banca, seguros, transporte e infraestructura.

El componente ambiental, aunque de impacto económico limitado, tiene un peso político significativo. El acuerdo ratifica el compromiso con el Acuerdo de París y establece instancias de diálogo ante eventuales incumplimientos. Sin embargo, sectores ecologistas europeos consideran que las cláusulas son insuficientes y anticipan un fuerte debate durante el proceso de ratificación parlamentaria.

Desde el punto de vista geopolítico, el entendimiento va más allá del comercio. Para Europa, representa una herramienta para reducir su dependencia de China, asegurar el acceso a materias primas estratégicas —como litio y cobre— y reforzar su influencia en América Latina.

Para el bloque latinoamericano, implica diversificar mercados y disminuir la dependencia del gigante asiático en un contexto global cada vez más fragmentado.

En Argentina, el acuerdo despierta expectativas y preocupaciones. Mientras el agro exportador y algunos sectores vinculados a la economía del conocimiento ven oportunidades de expansión, ramas industriales como la automotriz, la metalurgia, el textil y el calzado advierten sobre una mayor competencia externa y la necesidad de políticas de adaptación.

En un escenario internacional atravesado por tensiones comerciales y disputas de poder, la firma del acuerdo UE-Mercosur aparece como una apuesta estratégica de largo plazo. Su implementación efectiva dependerá ahora del delicado proceso de ratificación política y de la capacidad de los países miembros para aprovechar las oportunidades sin profundizar desequilibrios internos.

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