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Notas de Opinión

El riesgo de que el sacrificio no alcance

La herencia recibida es un capital que a todo nuevo gobierno se le agota con el correr de los meses. El Presidente y su gestión ya empiezan a tener su propio pasado.

Columna escrita por Claudio Jacquelin para La Nación

La nueva postergación de las subas de tarifas de electricidad y gas es la expresión de un temor que atraviesa a los más sensibles del Gobierno y hace retroceder a los más dogmáticos.

No se trata solo de que la inflación es el índice que más mira el Presidente, por lo que los ejecutores de la política económica deben evitar tropiezos en defensa propia. Si el proceso de desaceleración se detuviera mientras la recesión está en su fase aguda, podría horadar la paciencia social que mantiene en alto el apoyo a Javier Milei.

El riesgo de que cale la idea de que el enorme sacrificio hecho hasta acá no es suficiente y que puede prolongarse sin plazo visible de finalización abre interrogantes y preocupaciones.

“Si la inflación se estancara en un nivel no menor al 5% o tuviera algún rebote, mientras los ingresos siguen corriendo detrás de los precios, se prolonga la caída de la actividad y el empleo se ubica como la principal preocupación social estaríamos ante una combinación complicada. Mucho más si los aumentos de tarifas de los servicios no alcanzan, como se presume, y vuelven con más fuerza o si hay otra devaluación. Están barriendo demasiado debajo de la alfombra”, advierte un consultor de opinión pública, en cuyas mediciones confía el Gobierno.

Los grupos focales y quienes trabajan en los barrios más pobres advierten síntomas incipientes de fatiga social, aunque el apoyo se sostiene, en especial, entre los jóvenes.

“Las mujeres que trabajan en los comedores populares que nosotros apoyamos manifiestan estrés y angustia por el aumento de la demanda y la falta de comida para dar. Así como por las carencias en sus hogares. Pero cuentan que cuando vuelven a su casas, sus hijos (especialmente los varones) les dicen que hay que aguantar, que es la única salida”, relata una exfuncionaria cambiemita especializada en temas sociales, que sigue colaborando en la asistencia a sectores pobres y empobrecidos.

Las variables generacional y de género siguen marcando diferencias en el vínculo con el gobierno de Milei. Los varones jóvenes de las clases media-baja y baja continúan dando un soporte crucial al experimento libertario, aún cuando muchos siguen sin ver para ellos mismos un horizonte concreto mejor que el tenían hace seis meses. La esperanza de un cambio radical que termine con la falta de futuro que han vivido casi desde que tienen uso de razón es un motor que sigue impulsando su capacidad de aguante, aunque estaría perdiendo algo de potencia.

Esclarecedor resulta el crudo testimonio de un votante de Milei, encargado de un edificio de departamentos porteño: “El país estaba gravísimo y no se iba a salir sin dolor. Es como el caso de mi cuñado que era peón rural y un accidente le destrozó la pierna. El médico le dijo que había que amputarle el pie, aunque no garantizaba que la gangrena no avanzaría y que lo mejor era amputarlo arriba de la rodilla. Después del shock y de la ayuda de un psicólogo, lo aceptó. Sobre todo cuando le dijeron que así casi seguro no tendría que ser operado de nuevo. La cuestión es que el sacrificio valga la pena”, concluye Oscar. Su visión parece ser compartida por otros.

Sin embargo, suenan algunas alarmas. “La continuidad del ajuste y sus efectos, junto a problemas de gestión que afectan a la gente común (como la minicrisis del GNC o la falta de alimentos en comedores populares), sumado a los ruidos internos del Gobierno, comienzan a aparecer como temas, aunque todavía no afectan la imagen presidencial”, dice un veterano encuestador.

Ensueños de Milei con su gobierno shockeado

El Gobierno ya tiene su pasado

La herencia recibida es un capital que a todo nuevo gobierno se le agota con el correr de los meses. El Presidente y su gestión ya empiezan a tener su propio pasado. En el balance del medio año de mandato dominan positivamente las denuncias de lo que recibió y la desaceleración de la inflación, pero empiezan a ganar entidad las cosas irresueltas y sin visos de solución en el futuro mediato. Así como la emergencia de nuevos inconvenientes, errores y falta de un equipo de gobierno eficaz. A la exitosa narrativa se le oponen los hechos.

El paso del tiempo empieza a difuminar al Milei candidato para iluminar al Milei presidente, a convertirlo en la persona que debe gobernar, arreglar lo que denunciaba, solucionar problemas y satisfacer necesidades. No sólo ser el martillo para romper lo que había ni el profeta que anuncia el futuro. Y él no ha demostrado aún que sepa ni que quiera hacerlo. Eso se percibe”. Así dibuja el escenario un agudo consultor político, que advierte sobre la necesidad del Gobierno de mostrar concreciones para desinflar la sensación de que el sacrificio será de largo aliento y la recompensa incierta.

No obstante, los viajes de carácter privado, los shows unipersonales y las peleas con gobiernos extranjeros que no demuestran que, además de costos, reporten beneficios, por ahora no parecen hacer demasiada mella en la imagen presidencial.

Los antecedentes cuentan. “Si Milei utiliza el avión presidencial para ir a ver a millonarios, a políticos y gurúes a los a que admira y, además, están en las antípodas de los que frecuentaban los gobiernos anteriores, no afecta a los que lo apoyan. Aunque signifique un gasto en el país donde ‘plata no hay’. El problema es que eso un día se agota y agota”, explica un exfuncionario que vivió momentos de aceptación social que parecían ilimitados. Hasta que un día llegó el rechazo. Los ríos subterráneos del humor social han desbordado hasta a quienes creían tener las mejores herramientas de medición.

Las luces de alerta se encienden con más potencia en los suburbios de grandes urbes. La caída de los ingresos, del consumo, de la actividad y de la obra pública y la suba del desempleo adquirieron formato vertical en el Gran Buenos Aires. Todo agravado en el vasto sector informal.

Lo que más inquieta es que la muy debatida recuperación, cuya forma casi ningún economista ya la dibuja como una V, donde más tardaría en llegar es, precisamente, en esas geografías repletas de necesidades insatisfechas. La mejora en los números macro llegaría por actividades de poco impacto en esas áreas. Provendrían de los sectores agropecuario y energético. Para la industria tradicional nadie pronostica que el otoño y el invierno pasen rápido.

Allí es donde aparecen las consecuencias no económicas del estancamiento de más de una década y de la recesión del último semestre. La inseguridad creciente no es sólo una sensación. Las estadísticas lo avalan y hasta los funcionarios confirman el aumento de delitos contra la propiedad, que adjudican al empeoramiento de la situación económica, como lo refleja la nota realizada por Matías Moreno, publicada este domingo en LA NACION.

A eso se suma un aumento del consumo de alcohol y drogas, violencia doméstica y aparición cada vez más frecuente de problemas de salud mental, según funcionarios de las áreas de salud y asistencia social de gobiernos subnacionales, investigadores y asistentes sociales.

Los conflictos en el elefantiásico Ministerio de Capital Humano, a cargo de la amiga presidencial Sandra Pettovello, cada vez más asistida por la locuaz exmilitante kirchnerista Leila Gianni, no parecen el mejor remedio para ese cuadro. La crisis por los alimentos sin distribuir, que provocó un fuerte reclamo del Episcopado, sigue abierta.

La expulsión del exsecretario Pablo de la Torre, con graves acusaciones, no clausuró los problemas. Habrá que ver si se concreta la reunión que le prometió concederle el Presidente al desplazado y a su hermano, el senador provincial Joaquín de la Torre, quienes se esperanzan con que Milei escuche sus argumentos y modifique la opinión que se formó a través de Pettovello. Tarea titánica.

¿Quién es casta?, la pregunta maldita para el Gobierno, y el apodo “predictivo” de Posse

Los De la Torre, cuya buena reputación no había sido afectada tras varias décadas en la política, no quieren romper ni afectar al Gobierno. Sin embargo, darán batalla por su buen nombre. Y tendrían elementos que podrían ahondar la crisis en un área de extrema sensibilidad.

Las revelaciones de casos de aparente corrupción durante el gobierno pasado, que habrían protagonizado funcionarios y dirigentes sociales, sostuvieron hasta ahora el crédito de una administración con notorios déficits de gestión. Pero los libertarios empiezan a tener su propio pasado. Los resultados mandan.

La designación de Guillermo Francos como jefe de Gabinete asomó como la admisión de falencias en tres dimensiones cruciales: la gestión, la relación entre los miembros del Gobierno y la construcción política para alcanzar objetivos.

Sin embargo, muchos se preguntan si más que la admisión de esas falencias, lo único que precipitó el cambio fue la ruptura del antiguo vínculo entre Milei y Nicolás Posse. Las causas solo operarían como agravante, pero no generarían una revisión de la arquitectura del poder y del sistema de toma de decisiones, que parece fallar. No sólo las mujeres, los hombres y los nombres.

Por lo pronto, la díada integrada por la hermanísima Karina y el gurú Santiago Caputo incrementó su poder. Todo un mensaje. De ellos y del ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, depende aún más que no se demoren las concreciones.

Empieza el segundo semestre y el Gobierno está obligado a demostrar que el sacrificio tiene fecha de caducidad y no ha sido en vano. Como canta Sabina, “que ser valiente no salga tan caro. Que ser cobarde no valga la pena”.

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