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Notas de Opinión

La CGT, el brazo político de Cristina Kirchner

Con el paro que le costó al país más de 500 millones de dólares, el sindicalismo se pone al frente del reclamo opositor contra Javier Milei en las calles, y que los K llevan adelante en el Congreso.

Columna publicada originalmente por Walter Schmidt en Clarín

La segunda huelga en poco más de tres meses de gestión contra Javier Milei, convirtió a la CGT en el principal actor político del kirchnerismo, hoy más preocupado por la herencia de Cristina Kirchner con la pelea entre Axel Kicillof y La Cámpora, que en resetear su discurso setentista y su propuesta que atrasa. Algunos dirigentes lo han reconocido, vienen perdiendo la batalla cultural con los libertarios.

Fue una semana agitada para los gremialistas. Ejercieron una dura presión sobre los senadores de Unión por la Patria para que ninguno de los 33 “saque los pies del plato” y todos voten en rechazo de la Ley Bases. Aunque por las dudas, algunos dirigentes los amenazaron con escracharlos cuando tomen un avión, si acompañan al Gobierno.

Como en la gestión de Mauricio Macri en la que le organizaron cinco paros, la adhesión de los gremios de transporte resultó clave para consolidar la medida de fuerza. La fórmula es siempre la misma: a camioneros y portuarios, se les suman los gremios industriales de automotrices y producción de acero o plásticos.

Claro que la situación económica y la escasa confianza en la representación sindical llevó a muchos comercios a funcionar con normalidad y a muchas personas a usar su auto para ir a trabajar.

El resultado del paro, que costó más de 500 millones de dólares, no es un respaldo a la CGT, ni mucho menos. Tampoco un reconocimiento a su labor en favor de los trabajadores. Basta recordar que los cuatro años del gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, además de haber triplicado los planes sociales, culminaron con el 42% de los trabajadores en negro -un número idéntico al de la pobreza-, sin derechos ni beneficios. Lo que alguna vez fue el núcleo del ideario peronista.

Sin embargo, uno de los jefes cegetistas, Héctor Dáer, admitió que el paro es político y no una reacción natural al ajuste económico, al afirmar que quieren discutir con Milei, elegido por el voto popular, “el rumbo de la Argentina”.

Dáer, Pablo Moyano y Carlos Acuña, que horas antes del paro confesó que tenía temor de un posible “estallido social”, conforman el triunvirato de una de las representaciones más desprestigiadas ante la sociedad. No sólo lo dicen las encuestas “favorables” que suelen distribuir portales gremiales en los que la opinión negativa es del 60%. Ese número crece, a medida que el relevamiento es menos sesgado.

El descrédito de la CGT no significa que no haya consecuencias de un ajuste implacable que el propio Presidente había anunciado en campaña y que ratificó al asumir. O que la gestión no transite por una etapa compleja porque todavía los resultados de la lucha contra la inflación -la baja o amesetamiento en el precio de algunos alimentos- no compensaron la pérdida del poder adquisitivo en los últimos cinco meses.

Por más que Milei se esfuerce en persuadir a todos que los salarios ya empezaron a ganarle a la inflación, no se siente aún en los bolsillos. Es el propio Ministerio de Economía el que regula que las paritarias no sean mayores al índice de precios, de lo contrario no homologa los acuerdos.

Al Presidente le tocó enfrentar la delicada situación económica durante la entrevista más incómoda que tuvo desde que asumió la Presidencia, con la periodista Ione Wells de la BBC. Acostumbrado a diálogos más complacientes Milei, tenso, tuvo que admitir que “el 10% del ajuste” lo padecieron los jubilados. Cabe preguntarse si no podría haberse evitado el recorte a un sector que en mayo cobrará apenas $190 mil pesos cuando la canasta básica de alimentos en marzo fue de $385 mil, más allá que a partir de ahora, la actualización sea por inflación.

 

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