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Notas de Opinión

Escándalo por el celular del secretario asesinado de Cristina Kirchner

Un amigo de Fabián Gutiérrez tenía la clave para entrar a la información de su teléfono, pero la Policía que dependía de Alicia Kirchner escondió el dato durante cuatro años.

Artículo publicado originalmente en Clarín

Cuando Fabián Gutiérrez empezó a trabajar como secretario de Cristina Kirchner tenía un auto usado y aún vivía en la casa de sus padres. Cuando renunció a ese trabajo, tenía 36 casas, dos hoteles, 35 autos de lujo y tres barcos.

Tras dejar el cargo que lo hizo millonario, Gutiérrez declaró como arrepentido (2018) en la causa de los cuadernos de las coimas.

Al año siguiente fue procesado por lavado de dinero y ocho meses después de eso fue salvajemente asesinado en El Calafate por un grupo de jóvenes que vivían en esa ciudad y presumiblemente fueron a robarle.

La hipótesis de los jóvenes ladrones sin cómplices ni instigadores se cerró sin más preguntas durante la instrucción.

Y llegó al juicio oral que comenzó la semana pasada en aquella localidad de Santa Cruz. La fiscal de la instrucción había sido Natalia Mercado, hija de Alicia Kirchner y sobrina de Cristina.

Aunque durante la investigación hubo datos misteriosos sobre situaciones inexplicables, el caso parece avanzar hacia una condena contra los tres acusados que será anunciada el próximo viernes 5 de abril.

Sin embargo, el veredicto no responderá todas las preguntas que quedan abiertas.

Para empezar, en la escena del crimen se hallaron huellas de un cuarto personaje que nunca fue identificado. Hay un asesino anónimo del secretario de Cristina.

También hay sospechas sobre más personas trasladando el cuerpo de Gutiérrez desde su casa, donde lo atacaron, hasta otra vivienda donde apareció semienterrado.

¿Esa gente no identificada estuvo allí antes de que Gutiérrez muriera? ¿Después? ¿En paralelo? ¿Quiénes eran?

¿Qué clase de ladrones se llevan a otro lado el cuerpo de la víctima después de un asalto común? ¿Por qué lo harían?

Gutiérrez pesaba 90 kilos. Recibió golpes en brazos, manos, torso, cabeza y rostro, cortes de distintas longitudes, fractura en un pulgar y cinco puñaladas en el cuello. Sin embargo, murió estrangulado.

Ese ensañamiento desenfrenado muestra una tortura atroz.

Sus asesinos buscaban información crucial. ¿Dinero cash? ¿Escondites? ¿Claves? Si hubo venganza por su declaración de arrepentido contra Cristina, la justicia nunca buscó nada de eso.

Todo el suceso parece demasiado para ser planificado y ejecutado sólo por tres ladrones menores de 20 años.

Mientras Gutiérrez era atacado en su casa, una camioneta RAM esperaba en un baldío vecino. Se fue de allí tras el crimen. ¿Alguien monitoreaba la situación desde afuera?

Pudo haber datos claves en el teléfono de la víctima, pero fue inaccesible.

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El celular de Gutiérrez llegó a la sede de Gendarmería, en Buenos Aires, con el sobre “roto en su parte inferior”.

La conclusión es que lo rompieron, sacaron el celular, lo inutilizaron y volvieron a meterlo en él. Su contenido nunca se conoció.

Sin embargo, esta semana declaró en el juicio un testigo de la querella -la familia de Gutiérrez- que dijo que él tenía la clave del iPhone de la víctima y que por eso pudieron hallar el aparato a través de la nube.

Esa clave sirve, además del rastreo del celular, para acceder a su contenido.

¿Y por qué no lo dijo antes? En la instrucción del caso, ese testigo, llamado Diego Infante, nunca había sido citado.

Ahora dijo en el juicio oral que él le avisó a la Policía que conocía la clave del teléfono de Gutiérrez y nunca lo llamaron.

Se lo dijo a una oficial subinspectora de Río Gallegos.

La Policía de Santa Cruz, que dependía de la gobernadora Alicia Kirchner, escondió el dato durante cuatro años.

Aquella oficial debía declarar en el juicio esta semana, pero pasó una justificación de “carpeta psiquiátrica” para evitar presentarse.

La revelación fue un escándalo que llevó a los abogados defensores a denunciar ocultamiento de prueba y pedir la nulidad de todo.

La querella está representada por la madre y la hermana de Gutiérrez, aún procesadas por ayudar al secretario de Cristina a lavar dinero figurando ellas -y otros familiares- como propietarios de inmuebles y autos que en realidad eran de Gutiérrez, quien a su vez -según fallos de la justicia de Comodoro Py- habría sido testaferro de los Kirchner.

Todo es un delicado juego de muñecas rusas donde aún habría más piezas ocultas que a la vista.

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