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Notas de Opinión

Las vacas degolladas y los saqueos sospechosos

La Argentina de la vaca atada se mimetizó con los cuadrúpedos. Y aquel Matadero de los orígenes, el que describió Esteban Echeverría en 1830, no se va.

Artículo publicado originalmente en Clarín

Un camión de ganado volcó en la zona sur del Conurbano, en Wilde, y en banda partieron hordas para degollarlas y devorarlas, o quizás, ¿Por qué no? para comercializar algunas de sus partes descuartizadas. Eran treinta cuadrúpedos. Aparentemente se salvaron seis que consiguieron huir de las dagas presurosas.

Algunas vacas huyeron y caminaron por las calles, desconcertadas como otros caminantes humanos, que las observaban con tanto asombro como rutinario acostumbramiento a lo inusual.

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Porque lo insólito acontece seguido.

Habría seis vacas sobrevivientes, ayudadas por algunas almas puras. Pero seguir el rastro de las que no murieron no es sencillo.

El pasado no se va nunca y todo brotaba de las escenas de El Matadero.

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Describía Esteban Echeverría: “Por un lado dos muchachos se adiestraban en el manejo del cuchillo tirándose horrendos tajos y reveses; por otro, cuatro ya adolescentes ventilaban a cuchilladas el derecho a una tripa gorda y un mondongo que habían robado a un carnicero…” A poca distancia, unos perros flacos, cuenta Echeverría, se lanzaban tarascones para disputarse un pedazo de hígado hundido en el barro.

Corría el año federal de 1830, y ahora en el 2023, el Matadero extendió sus trifulcas y mordiscos.

“Tarascones”, emparentado con “Tarasca”, porción de dinero, tan anhelado y objeto de sanguinarias y caninas dentelladas.

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El camión caído de Wilde, circundado por esa anaconda podrida, el Riachuelo, y la Argentina que está, en cierto sentido, como entonces, la Argentina salvaje que sigue vigente entre tarascones y filos, y otras cimitarras vaporosas como el paco y el alcohol a raudales asesinos.

Circuló la versión de que los saqueos en principio irrumpieron menos en el sur pauperizado del conurbano, y sí en otros territorios no oficialistas. Aunque, cuando se encienden las llamaradas de la indignación todo corre el peligro de salirse de control y se desperdigaron luego sin mayores esquematismos.

Algunos de los mensajes de redes que los convocaban estaban bien redactados, sin tildes ausentes ni faltas ortográficas, aunque con ciertos tonos tumberos. Algunos fueron sintéticos: “No hay bolsillo que aguante (Pinta saqueo)” rezaba uno que circulaba en Tierra del Fuego. Otros eran más “sociológicos” y doctrinarios y justificaban el robo “porque nos roban y roban a nuestros ‘niñez’ ”.

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La hipótesis es que alguien pensó con “inteligencia” los ataques en las diversas provincias, y la “luz de las crueles provincias” como diría Héctor Tizón difundían escenas atónitas de irrupciones a ladrillazos limpios.

Y en el conurbano otro tanto. De pronto, algún oriental cargaba sus armas anticuadas pero disuasivas y defendía lo suyo sin pacifismo confuciano, y otros no orientales pero escopeta en mano no ocultaban sino que exhibían su voluntad de dispersar perdigonazos a granel ante invasores avarientos.

Pero nada fue sencillo. ¿Cómo distinguir lo verdadero de lo apócrifo en estos etéreos mensajes de redes?

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La violencia es latente y a la vez patente.

Mientras tanto, los candidatos con posibilidades a la presidencia protagonizan un extraño ballet en el que coinciden en las ideas generales pero con formatos muy distintos y aliados diversos.

Milei saludó a “540” en alusión a una cuestión giratoria relativa a vueltas y más vueltas, 180 grados mas 180 grados mas 180 grados; un teorema de interpretación libre.

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El candidato oficialista Massa anunció acuerdos con Paraguay que el gobierno guaraní denunció como falso y al encuentro entre el candidato oficialista argentino y el presidente Santiago Peña como una farsa urdida por los “curepíes; nosotros. Patricia Bullrich, a su vez, apareció en una foto de unidad con toda la dirigencia de Cambiemos pero a posteriori de una desunión fragorosa que los partió al medio en las PASO.

¿Será tarde para la unión que por el momento aparece fotográfica?

La Argentina de la vaca atada, de la manteca al techo proveniente de las vacas que los aristócratas de antaño llevaban en los barcos para sus temporadas de la Dolce Vita en Europa, se mimetizó con los cuadrúpedos.

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El conquistador Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, expedicionario de mil travesías por todo el continente Americano, descubridor de las Cataratas del Iguazú, y sin asco para comer gusanos cuando el hambre lo perforaba, logró convertirse en el segundo Adelantado de Buenos Aires, sucediendo a Don Pedro de Mendoza que murió de sífilis en alta mar. Alvar cubrió su cargo en estas cenagosas tierras mas bien desde Asunción.

Fue fantasmal en El Plata, pero -si se quiere- legó la metáfora de su apellido.

La Argentina posterior, “Cabeza de Vaca”, país vacuno, en un sentido profundo, devorador del campo, perdidos nosotros en las calles peligrosas, desorientados, a merced de bandas desaforadas y ante una oportunidad: elegir.

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Pero se elige más que un candidato. Elegir es elegirnos, asumir caminos ascendentes y no descendentes hacia El Matadero.

Porque hasta ahora, aquel Matadero de los orígenes, no se va.

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